De 57 diputados a 10. Dos millones y medio de votantes al limbo. La debacle de Ciudadanos el pasado domingo, que se cobró la cabeza de Albert Rivera, es uno de los descalabros políticos más rápidos y sonoros de la historia de la democracia española. ¿Cómo pudo suceder?

El análisis impulsado desde los círculos políticos y mediáticos más cercanos al PSOE subraya el mensaje de que el partido de Albert Rivera se derechizó, quiso competir con Vox en el extremo ideológico y el electorado acabó prefiriendo al original sobre la copia sobrevenida. La versión se ha comprado como verdad tallada en piedra, pero los datos dicen que no es cierta.

El diario El Mundo publica este jueves las primeras cifras de transferencia de voto entre el 28-A y el 10-N, proporcionados por la empresa demoscópica Sigma Dos, que sólo erró en un 1,2% de media por partido en su pronóstico para las elecciones generales. Y las conclusiones no pueden estar más alejadas del análisis que hasta hoy se había tomado como consenso.

De los 4.1 millones de votantes que confiaron en Albert Rivera en las generales del 28 de abril, 1.041.259 decidieron quedarse en casa el pasado domingo. Ciudadanos fue el principal surtidor de abstencionistas, una cifra espectacular: el 25% de sus votantes de hace medio año prefirió no acudir al colegio electoral.

Otros 987.530 votantes de Ciudadanos decidieron cambiar el sentido de su voto el 10-N, pero no hacia Vox sino hacia el Partido Popular, que fue el gran beneficiado de la debacle de los de Albert Rivera. Pablo Casado retuvo 3.5 millones de votos de abril, sumó a un millón procedente de Ciudadanos, recuperó a 135.000 votantes de Vox y le robó unos 65.000 al PSOE. También sacó del hogar a 351.000 personas que se habían abstenido en abril.

Sólo 387.000 votantes cambiaron a Ciudadanos por Vox el 10-N, una quinta parte de los que optaron por el PP o por la abstención

No es cierto, por tanto, que los votantes de Ciudadanos viajaran en masa hacia Vox. Sólo lo hicieron 387.000, según el análisis de Sigma Dos. Es decir, una quinta parte de los que decidieron apostar por el PP o no votar por ningún partido. Sólo 200.000 transitaron desde Ciudadanos hacia el PSOE, y unos 150.000 apostaron por ‘otras opciones’, entre las que se incluye la candidatura de Más País y las opciones regionalistas. En otras palabras: Ciudadanos perdió más votos el 10-N hacia la izquierda que hacia Vox.

El partido de Santiago Abascal, de hecho, recibe más votantes procedentes del Partido Popular -415.631- que de Ciudadanos -387.293-. También unos 36.000 desde el PSOE. Eso sí, Vox es el partido que más ilusionó a los abstencionistas: le votaron 453.000 personas que no habían votado en abril. Le siguen el PP -351.000-, Ciudadanos -226.000-, Podemos -171.000- y el PSOE -123.000-.

En el ranking de los desencantados, a los votantes de Ciudadanos les siguen muy de cerca los del PSOE: 946.500 votantes socialistas se abstuvieron el 10-N. Podemos también se dejó en casa a 383.000 personas y el PP a 344.000. Vox vuelve a destacar como el partido más fiel y movilizado: sólo se abstuvieron 220.000 de sus votantes del 28-A.