Política

Vox se prepara para abordar los parlamentos gallego, vasco y catalán

Quiere aprovecharse de la extrema debilidad del PP vasco y cree posible captar voto de Ciudadanos en Cataluña

Santiago Abascal en el Congreso EFE

El año que viene habrá, al menos, dos citas electorales previstas, esto es, las elecciones gallegas y vascas y otra, imprevista pero no por ello menos verosímil, las catalanas. Y Vox tiene como objetivo entrar en tres territorios que, al menos en generales, se les ha resistido, pues a pesar de sus 52 escaños en el Congreso de los Diputados, no tiene ni un parlamentario procedente de los mismos. En cambio, consideran que en las autonómicas tienen muchas más probabilidades de conseguir representación. Aducen que no es lo mismo «competir por un diputado nacional de Pontevedra, que reparte sólo siete escaños, que en las autonómicas que son 22» y, por lo tanto, permiten un reparto más proporcional acorde con el voto popular.

Con este planteamiento, en la sede nacional de Vox creen que es posible conseguir representación autonómica como ya tienen en Andalucía -donde dieron el primer aldabonazo- Madrid o Murcia, todas ellas regiones donde han sido determinantes para la gobernabilidad del centro-derecha en apoyo de ejecutivos de coalición entre el PP y Ciudadanos.

En cambio, tal y como adelantó El Independiente, sus planes para Galicia son, precisamente, los contrarios, esto es, desalojar de la Xunta a Alberto Núñez Feijóo, al que califican de «convergente gallego» y «progre». De conseguir sentar a algún parlamentario en la Cámara gallega y, con ello, arrebatar la mayoría absoluta al todopoderoso barón popular, abrirían la puerta a un nuevo bipartito PSdG-BNG, pero no parece que la formación política de Santiago Abascal haga muchos distingos entre ambos. Eso o cobrar a precio de oro su apoyo al PP de Galicia exigiendo incluso la cabeza del actual presidente de la Xunta, que aún no ha anunciado si optará a su cuarta releección.

Vox quiere aprovecharse de la extrema debilidad del PP vasco

Las elecciones gallegas coincidieron con las vascas el 25 de septiembre de 2016, pero sus respectivos presidentes pueden optar por adelantarlas juntos o por separado. Precisamente, Vox cree que en el País Vasco puede conseguir representación por Álava, aunque a diferencia de Galicia, su presencia sea más testimonial que otra cosa, sin posibilidad de influir en la acción de Gobierno aunque sí dejándose oír.

Tienen a su favor que su líder, Santiago Abascal, tiene acreditada una larga trayectoria política en el País Vasco, donde él y sus padres fueron objetivos de ETA. Sólo con 23 años fue concejal de Llodio (Álava);  juntero de las Juntas Generales de Álava los años 2003 y 2004 y diputado autonómico en 2004. Además de presidente de Nuevas Generaciones del País Vasco en el lustro comprendido entre los años 2000 y 2005 y miembro de la ejecutiva popular. No cabe duda que Abascal se volcaría en esta campaña.

Se aprovecharía además Vox de la extrema debilidad del PP vasco, donde el 28-A no consiguió ningún diputado, ni siquiera el de su actual portavoz en el Senado, Javier Maroto, por Álava. Sólo tras la repetición electoral y en recuento de infarto sentaron los populares en el Congreso a Beatriz Fanjul, que encabezaba la lista por Vizcaya, y complicaba todavía más la mayoría necesaria para la investidura de Pedro Sánchez.

Abascal cree posible captar voto de Cs en Cataluña

También trabajan en el cuartel general de Vox en la eventualidad de unas nuevas, otras, elecciones catalanas. Sobre todo habida cuenta de que todo apunta a que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, será inhabilitado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña tras negarse a retirar los lazos amarillos en plena campaña electoral. Eso, unido a que Carles Puigdemont podría ser el beneficiario indirecto del recurso presentado por Oriol Junqueras ante el Tribunal de Justicia europeo sobre su inmunidad parlamentaria, apunta a otra cita ante las urnas en 2020.

Creen en Vox que «podemos coger voto de Ciudadanos» en Cataluña, ya que si bien ganó las autonómicas de 2017, convocadas bajo la aplicación del 155, es previsible que sufra un considerable descenso siguiendo la senda del batacazo de las generales del 10-N. No es una pretensión descabellada habida cuenta de que Rivera cedió un 10 por ciento de su voto del 28-A a Santiago Abascal, aunque el mayor beneficiario fue el PP con casi un 20 por ciento de voto cedido en las generales de noviembre.

Confían los de Vox en la circunscripción de Barcelona y su «cinturón rojo», con 85 diputados autonómicos, y Tarragona, con 18 y la menos nacionalista de las provincias catalanas, para convertirse en un nuevo grupo político en el Parlament.

En todo caso estos cálculos de Vox pueden sufrir modificaciones tanto en Galicia, País Vasco y Cataluña si finalmente PP y Ciudadanos van a fórmulas de colaboración preelectoral como la que tan buenos resultados dio en la Comunidad Foral con Navarra Suma. Casado no abandona este ambicionado proyecto e Inés Arrimadas, a diferencia de su antecesor, Albert Rivera, no se cierra tanto en banda. De hecho, su insistencia en que PP y Cs deben ir de la mano para impedir que Sánchez dependa de ERC, más que alejarles viene a confirmar la existencia de una especie de frente común aunque eso no se traduzca, al menos en este asunto, en una estrategia compartida.

Lo cierto es que 2020 podría ser también el escenario de unas nuevas elecciones generales, pero eso, mejor, ni mentarlo.

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