Dos Vistalegres llenos hasta la bandera y dos elecciones generales después, Vox ha ido trepando hasta convertirse en uno de los protagonistas indiscutibles de la política española. Su posición como tercera fuerza a nivel nacional y su más de medio centenar de escaños les ha llevado a superar las expectativas que durante meses les granjearon las encuestas electorales y a demostrar que el resto de fuerzas políticas, incluidas las de la oposición, subestimaron cómo se reflejaría en las urnas la estrategia que han venido manteniendo en los últimos meses .

Defienden un discurso firme y sin virajes; explotan su mayor atributo, el del poder de convocatoria, hasta sus últimas consecuencias; erigen como principal estrategia la de la diferenciación con el resto de fuerzas discurriendo en solitario por el camino de la oposición en temas que han marcado la agenda en los últimos meses, como el desafío independentista, la violencia de género o la inmigración; y realizan un trabajo activo en redes sociales con pocas referencias en política española.

Más allá de las caras visibles, como todo partido político que se precie, el camino de Vox a nivel nacional se ha fraguado cuidadosamente en la sombra. Los de Abascal cuentan con un ejército de asesores y ‘gurús’ que han ido allanando el camino hacia el éxito.

Un ‘Darth Vader’ al que no le incomoda que le llamen «populista»

Cuando se apagan las luces, al lado de Santiago Abascal aparece el nombre de Rafael Bardají (Badajoz, 1959), un sociólogo conocido por sus buenos contactos con la administración Trump y por su trabajo como asesor de Defensa dentro de la cúpula gubernamental en la era de José María Aznar.

Como hicieron millones de españoles en las últimas citas a las urnas, Bardají decidió virar -aún más- a la derecha y abandonar las filas populares para fichar por Vox, uno de los motivos por los que se le ha apodado, según ha reconocido en alguna entrevista, como el Darth Vader de la política española, por aquello de pasarse al ‘lado oscuro de la fuerza’. Lo hizo en marzo de 2018, cuando la formación ya preparaba su irrupción en el Congreso de los Diputados. Desde entonces no sólo forma parte del núcleo duro del partido, sino que es una de las figuras que susurra en el oído de Santiago Abascal.

En su periplo como mentor del ministro de Defensa entre 1996 y 2002, destacó por su papel de asesoramiento para la intervención de España en la guerra de Irak, acompañando a Aznar en algunos de sus viajes a Washington. Fue también director de política internacional de la Fundación FAES entre 2004 y 2016 y en septiembre de 2019 fichó por la empresa Expal Systems, cuya actividad principal es la fabricación de armas y municiones.

Pese a contarse con los dedos sus intervenciones públicas, Bardají está familiarizado con la polémica. Como ha reconocido en varias entrevistas, no le incomoda el término «populista» y defiende a ultranza que «firme» -y controvertida- postura de Vox respecto a la inmigración, la violencia de género o el nacionalismo les ha llevado a donde están ahora. Por ejemplo, en una entrevista para El Español del pasado mes de septiembre, antes de las generales y en plena crisis humanitaria, aseguraba que «cuando miraba el Aquarius no veía a gente en peligro de nada». Poco después, en El Confidencial, defendía también que «la ley de Violencia de Género quiere convertir al hombre en un cero absoluto» o que «el Estado y el Gobierno español debe defender los intereses de los españoles antes que los de ningún otro».

El hombre condenado por agredir a Pablo Iglesias

En una entrevista en El Confidencial, el escritor de Santiago Abascal. La España vertebrada, Fernando Sánchez Dragó reconocía al periodista Kiko Méndez Monasterio (Madrid, 1972) como uno de los grandes ‘gurús’ en la sombra de Vox en general y de Santiago Abascal en particular. «Es el hombre que lo apuntala. El Malraux de De Gaulle», apuntaba.

Este periodista prefiere mantenerse alejado de las listas electorales y su relación con Vox se desarrolla desde el ámbito externo. Con todo, es uno de los hombres de confianza de ‘Santi’ Abascal. Fue director de La Gaceta -que dirigió desde febrero de 2015 hasta julio de 2017- y asiduo de programas del Grupo Intereconomía como El gato al agua, contexto en que conoció al actual presidente de Vox.

El escritor, ganador de multitud de premios literarios, publicó un libro con el propio Abascal en 2015 –Hay un camino a la derecha-, en el marco de una conversación entre ambos en la que comparten, como publicó La Gaceta en aquel entonces, ideas «como la defensa de la familia y de la vida o una lucha decidida contra la islamización».

Pero una de las polémicas por las que sigue siendo nombrado Monasterio fue por una condena por agresión, hace hoy más de dos décadas. En los noventa, la mano derecha de Abascal pertenecía a un grupo de ultraderecha, Alianza por la Unidad Nacional (AUN), dirigido por Ricardo Sáenz de Ynestrillas que años después, en 2017, reconocía en una entrevista para El Plural ser militante activo de Podemos.

El periodista, junto a un compañero de la formación radical, agredieron el 17 de marzo de 1998 a un grupo de jóvenes de la Unión de Estudiantes Progresistas y de Izquierdas de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense, donde Monasterio estudiaba. Entre ellos se encontraba el actual vicepresidente del Gobierno de España y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias.

Los agresores fueron condenados en abril de 1999 por el juzgado de instrucción número 8 de Plaza de Castilla de Madrid por un delito de lesiones y amenazas, por las que tuvieron que indemnizar a los agredidos.

Enrique Cabanas, «vaya tropa»

«Detrás de las organizaciones se encuentran las personas más comprometidas, altruistas y determinantes. (…) No buscan beneficios personales, no quieren protagonismo, pero creen en un ideal (…) Él siempre está, nunca falla y jamás decepciona». Estas palabras, escritas por el propio Santiago Abascal en una entrada de su blog titulada Enrique Cabanas, vaya tropa, dejaban ya entonces entrever la buena relación que une al líder de Vox con Enrique Cabanas Burkhalter, actual vicesecretario de Presidencia de la formación y, según reza en su página web, gerente y «responsable de la logística, medios y recursos del Presidente». Es otro de los grandes asesores del líder de Vox que mueve, entre bambalinas, los hilos en el partido.

Ambos coincidieron en la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), -que fundó el propio Abascal-, organización vinculada al partido que está detrás de muchas de las múltiples manifestaciones convocadas por, entre otros móviles, por la defensa de la unidad de España.

Cabanas labró -junto a Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona- la estructura territorial del partido. De ellos dependieron los logros de Vox tras las elecciones autonómicas y municipales del pasado 26 de mayo: fue uno de los encargados de negociar la tarta del pastel correspondiente a los de Abascal junto a los representantes de PP y de Ciudadanos.

Enrique Cabanas comparece junto a Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona. | EUROPA PRESS

En paralelo a Cabanas, Vox fichó dentro de su equipo de asesores parlamentarios al presidente de la Real Federación Española de Caza, Ángel López Maraver, que concurrió como número seis en las elecciones al Parlamento Europeo, por lo que no consiguió asiento.

El ‘gurú’ comunicativo forjado tras Esperanza Aguirre

Uno de los pilares en el crecimiento gradual de Vox ha sido la explotación del potencial de las redes sociales como vía de conexión con potenciales votantes de los estratos más jóvenes de la sociedad española. De hecho, un estudio elaborado por Hadoq el pasado mes de noviembre concluyó que, para bien o para mal, Vox consiguió generar el doble de interacciones que el resto de formaciones en redes sociales y que su líder, Santiago Abascal, era el candidato que más impacto tenía en este tipo de plataformas.

Y de este éxito tiene mucho que decir un joven talaverano de 28 años. Manuel Mariscal (Talavera de la Reina, 1992), considerado el ‘gurú’ comunicativo de formación, actual miembro del Comité Ejecutivo y, a grandes rasgos, artífice del éxito del partido en redes sociales, barco al que se subió en febrero de 2016 como responsable de prensa y gestor de sus redes sociales.

Mariscal se graduó en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid en 2014, realizó prácticas en la Secretaría de Estado de Comunicación y en ABC. Posteriormente, forjó su carrera como experto en comunicación en el PP, donde gestionó, entre otras, las redes sociales de Esperanza Aguirre.

Mujeres entre bambalinas

Tras el discurso público de Vox también destaca el trabajo de varios rostros femeninos. Entre ellas se encuentra Nerea Alzola, cabeza de lista de Vox por Vizcaya el 28-A y número diez al Parlamento Europeo el 26-M. Ingeniera de minas de profesión, su trayectoria ha sido similar a la del presidente de Vox, con el que coincidió por primera vez en los 90, en las Nuevas Generaciones del PP: abandonó las filas del partido en País Vasco, sufrió el acoso de ETA y fue recuperada por Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid y cesada durante la era de Cristina Cifuentes. Ahora se encarga de las labores de conexión entre el grupo de la Asamblea de Madrid y el Comité Ejecutivo.

Vox confía también en la periodista coruñesa Rosa Cuervas, de la máxima confianza de Abascal y actual jefa de prensa del partido en el Congreso. Fue editora jefa de La Gaceta y, como varios cargos en la sombra del partido e incluso el propio líder del partido, ha participado en algunas tertulias de los programas del Grupo Intereconomía.