Política

El diccionario 'cheli' del comisario Villarejo: 'Rabo', 'canuto', 'tronco', 'pavo'...

Las conversaciones con otros investigados en la macrocausa que instruye la Audiencia Nacional que grabó de forma subrepticia revelan el peculiar modo de hablar del policía jubilado hoy en prisión: medio castizo y medio en clave

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El diccionario 'cheli' del comisario Villarejo: 'Rabo', 'canuto', 'tronco', 'pavo'...
José Manuel Villarejo, comisario ya retirado y en prisión desde principios de noviembre en el marco de la 'Operación Tándem'.

José Manuel Villarejo, comisario ya retirado y en prisión desde noviembre de 2017 en el marco de la 'Operación Tándem'. GMP

Resumen:

En la jerga particular del comisario retirado José Manuel Villarejo, «poner un rabo» no es un gesto obsceno sino hacerle un seguimiento a una persona y un «canuto» no es un porro sino la forma con que llama al teléfono. Un tipo es un «pollo» o un «pavo» y el amigo cercano es un «tronco».

El levantamiento del secreto de sumario en la pieza en la que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón investiga los encargos millonarios del BBVA a la empresa del antiguo agente encubierto (Cenyt) mientras se encontraba en activo en la Policía Nacional ha permitido conocer algunas de las conversaciones que el hoy preso preventivo mantuvo con los principales implicados en la operación de espionaje con la que trató de desbaratar el asalto de Sacyr al banco entre finales de 2004 y principios de 2005. Fue el primer trabajo que le encargó la entidades presidida entonces por Francisco González (FG), investigado en la causa por cohecho activo y descubrimiento y revelación de secretos.

En las actuaciones que dirige el titular del Juzgado Central de Instrucción 6 de la Audiencia Nacional consta un oficio, fechado el 7 de febrero de 2019, en el que la Unidad de Asuntos Internos de la Policía transcribe parcialmente 26 conversaciones que el comisario grabó en el marco de la Operación Trampa y que los agentes consideran de interés para el esclarecimiento de los hechos investigados.

Son audios que Villarejo grabó de forma subrepticia cuando habló con otros tres investigados en la causa -Julio Corrochano, director de seguridad corporativa del grupo BBVA; el comisario Enrique García Castaño, El Gordo, ex jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), y Rafael Redondo, socio del líder de la trama- y que agentes de la Policía Nacional intervinieron cuando registró su domicilio en la localidad madrileña de Boadilla del Monte a principios de noviembre de 2017.

En una de las conversaciones, José Manuel Villarejo explica a Corrochano que «han estado un tiempo con el culo apretado porque han detectado rabos». En su argot, un «rabo» tiene una acepción muy particular: hacerle un seguimiento a alguien.

Villarejo.-Le estamos metiendo ‘rabo’ y le estamos…
Corrochano.-El que más apremia.

El banco quería conocer los movimientos de los integrantes del ‘grupo hostil’, la facción liderada por el constructor Luis del Rivero que pretendía dar un golpe y controlar el banco, desplazando a FG. Éste había alcanzado la presidencia del BBVA en enero de 2000 tras la fusión del Banco Bilbao Vizcaya y Argentaria, la entidad que presidía el banquero lucense.

En la jerga de Villarejo, «poner un rabo» es hacerle un seguimiento a una persona y un «canuto» no es un porro sino la forma con que llama al teléfono

En las conversaciones, Villarejo utiliza también la derivación «rabete» para referirse al mismo hecho. «(…) y luego el resto de los rabetes y la hostia. Eso va, va como un reloj y además tengo, tengo gente dentro que, que me están contando todas las relaciones, concretamente tienen una junta el mart(es), el miércoles, ¿sabes?», informa al antiguo jefe de seguridad del BBVA durante el desarrollo de la que llamó Operación Trampa.

Todos los trabajos los bautizaba como un nombre en clave. ‘Trampa’, en concreto, procedía de trampantojo, una pintura que tenía uno de los componentes de ese llamado ‘grupo hostil’ que el banco quería tener atado en corto: el empresario Juan Abelló.

«¿Qué ‘canutos’ tiene? ¿Qué ‘canutos’ tiene el tío por si acaso interesa rastrear a ver qué hace?», pregunta a Corrochano en otro pasaje. Para Villarejo, el ‘canuto’ no es ni un tubo no demasiado grande, ni un pastel de hojaldre en forma de rollo relleno, ni un porro, tres de las acepciones que el Diccionario de la Academia (RAE) acepta para este vocablo que proviene de la voz mozárabe qannût.

«Para esta gentuza que se consideran que son… (ininteligible) y digan, oye, me están pinchando el teléfono (ininteligible) el hombre de confianza del presidente del Gobierno que se sienta que le han pinchado el ‘canuto’ como un hijo de puta (ininteligible) pues eso ya crea un miedo y una sensación de acojono (sic) que potencia ya la energía de este pavo… ¿A ver dónde va? ¿Por qué? Porque ya la gente se hace sus pajas mentales y se piensa que en vez de tener tres metidos tenemos trescientos (ininteligible)», expone.

Método «underground»

Si alguien «contactó vía canuteril» es que llamó telefónicamente. Villarejo utiliza una segunda variante: los «canutillos morenos». Así se dirige a García Castaño para urgirle que le consiga unos teléfonos que necesita porque estaba «asfixiado».

Frente a la ortodoxia en los métodos de la firma de dectectives Kroll International, el comisario retirado reconoce en una reunión mantenida el 24 de noviembre de 2009 en la sede de su oficina -en la madrileña Torre Picasso- con su socio y un representante del BBVA y otro del despacho Simmons & Simmons que en su empresa «les gusta más trabajar underground«, como está revelando la instrucción del caso que le mantiene en prisión preventiva desde noviembre de 2017.

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