Política

El testimonio de una policía, aislada y sin hacerle el test: "Te sientes ninguneada"

Una subinspectora de Barcelona critica que lleve dos semanas confinada en su casa tras presentar síntomas y que el Cuerpo ni le haya ofrecido “asesoramiento médico” ni le haya facilitado la prueba para saber si está o no contagiada por coronavirus

Un policía nacional de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), protegido con mascarillas y guantes durante un servicio.

Un policía nacional de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), protegido con mascarillas y guantes durante un servicio. EP

Isabel tomó la decisión de aislarse el lunes 16 de marzo ante la sospecha de que estaba contagiada de coronavirus. Había trabajado el fin de semana anterior en las dependencias en las que presta servicio como policía nacional en Barcelona y esa mañana se había levantado ya con fatiga, mareos, dolor de cabeza y tos. La fiebre no había aparecido todavía, pero decidió guardar la cuarentena como medida de prevención a la espera de que «en dos o tres días» le comunicaran el diagnóstico.

Han pasado dos semanas desde que esta agente comunicó que se quedaba en casa por los síntomas que presentaba y no sólo siguen sin hacerle el test que determine si está infectada sino que la Dirección General de la Policía no le ha brindado la menor ayuda. «Te sientes totalmente aislada y ninguneada», se queja en conversación telefónica con este diario.

Isabel es uno de los 3.590 funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía que se encuentran actualmente aislados en sus domicilios ante la sospecha de que se hayan podido infectar por el covid-19. No haber sido catalogados como colectivo de alto riesgo por las autoridades sanitarias les impide hasta ahora acceder a la prueba para conocer si están o no contagiados, pese a estar en primera línea -como los guardias civiles- para hacer cumplir las medidas restrictivas de movimientos acordadas con la declaración del estado de alarma.

Lejos de remitir, los síntomas asociados al coronavirus iban en aumento. Según cuenta esta subinspectora, empezó a perder el olfato y el gusto y comenzó a tener diarrea y fiebre. «Viendo que eran tan evidentes intenté contactar con el 061, pero no me cogían el teléfono porque esos días estarían a tope. No quise llamar al 112 por responsabilidad al no considerar mi caso tan urgente, llamé a los servicios médicos de la Dirección General de la Policía y tampoco me cogieron el teléfono. Y, como soy mutualista, cuando llamaba a Adeslas me derivaban al 061 y comenzaba a empezar otra vez, como la pescadilla que se muerde la cola», narra.

A la vista de dicha situación, la agente decidió enviar un escrito a su jefe directo para que quedara constancia de que llevaba cuatro días en aislamiento y «no había recibido asesoramiento médico». No fue hasta el domingo 22 de marzo cuando al fin pudo comunicar con el 061. «Me cogieron los datos y me dijeron que en un par de días me llamarían. Hasta hoy», detalla.

Una subinspectora critica que la Policía no le haya brindado «asesoramiento médico» ni le facilitado la prueba para saber si está o no contagiada por covid-19

Isabel optó entonces por recurrir a la médico que presta servicio en las dependencias policiales en las que trabaja para comentarle su caso y que ésta pudiera darle pautas ante la persistencia de la fiebre. Más como favor personal que como actuación reglada, ante la imposibilidad de que la evaluaran y diagnosticaran.

«Después de hacer presión con la minuta y en los chats del trabajo, un día me llamaron desde los servicios médicos de la Dirección General de la Policía y la doctora me dijo que ella no tenía capacidad para hacer nada, que llamara a mi médico de cabecera y que otra cosa no podía hacer. Ellos fiscalizan el tema de las bajas y de que todo se está haciendo bien; parece más una inquisición que un servicio médico porque no me han ayudado ni asesorado en nada», reprocha.

Este lunes, después de dos semanas, ha recibido una llamada para pedirle sus datos a fin de elaborar un listado y poder realizarle el test, sin fecha aún para su realización. Su sentimiento y el de otros funcionarios policiales que se encuentran en la misma situación que ella y con los que mantiene contacto a través de grupos de Whatsaap es de «dejadez».

«Pecado mortal»

«Cuando hablan de numerología me pregunto que con quién cuentan porque hay un montón de gente como yo que seguramente lo tengamos, hayamos pasado los síntomas en casa y no constamos en ningún sitio… Nos sentimos desamparados. Los primeros días fueron desesperantes porque me sentía bastante mal y era un insulto», expone.

La subinspectora califica de «pecado mortal» la falta de medios de protección con la que están trabajando sus compañeros e invita al ministro del Interior a hacer «acto de presencia» en alguno de los puestos policiales para conocer en qué condiciones se está prestando servicio, al tiempo que considera «inaceptable» que los integrantes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no estén incluidos entre los colectivos de riesgo pese a la exposición a la que están sometidos y al riesgo de contagio que sufren. Los agentes siguen sin tener preferencia a la hora de hacerse los test, una reivindicación que llevan semanas sin éxito realizando los sindicatos policiales y que el Ministerio del Interior sigue sin escuchar.

En su caso, la fiebre desapareció el pasado jueves (26 de marzo), momento a partir del cual tendrá que permanecer aislada otros 14 días para prevenir contagios. Sólo piensa en poder reincorporarse para seguir colaborando en la lucha contra este enemigo invisible: «Si he pasado el coronavirus, estoy inmunizada y puedo ayudar, me encantaría estar en la calle. ¡Como si son servicios de 20 horas! Cuando estás tantos días te sientes un poco inútil», explica.

Pese a su decepción con la dirección del Cuerpo y con algunos jefes, Isabel reitera su voluntad por seguir ejerciendo como policía -donde lleva 22 años- y se apresura a hacer un llamamiento a los agentes más jóvenes para que no vean en sus palabras un factor de desmotivación. «Aunque los jefes tienen una visión política, que no decaigan en su ilusión porque esto es vocacional», subraya.

Mientras llega el día de la reincorporación, la agente ha decidido relatar en un diario cómo transcurre su aislamiento. También dedica parte del tiempo a realizar sesiones de yoga y meditación para mantener el equilibrio emocional y a ver documentales de Historia. «Creo que ya tengo casi ganada la guerra», celebra.

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