Política Crisis del coronavirus

Iglesias reprochó a Sánchez el lío de los niños y apunta a Calvo como responsable

En vicepresidencia segunda se sintieron "engañados" tras escuchar a María Jesús Montero en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros

Salvador Illa y Pablo Iglesias durante su rueda de prensa en Moncloa EFE

El enésimo incendio del Gobierno de coalición volvió a solventarse en una conversación entre el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y parece que a favor de éste último frente a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo. El alivio del confinamiento de los menores, permitirles salidas controladas acompañados por un adulto, no debiera haber sido motivo de controversia desde el momento en que parecía una medida que suscitaba unanimidades en el Consejo de Ministros que lo debatió muy sucintamente, el pasado martes, dentro de la propuesta global de prórroga del estado de alarma.

Ese día, el Gobierno estaba más volcado «en el decreto omnibús económico -que presentó Nadia Calviño en rueda de prensa- y, aunque la salida de los niños era un tema importante, se derivó a la orden ministerial que sacaría Sanidad antes del fin de semana y a la reunión que esa misma tarde iba a tener el departamento de Illa con la Dirección General de Infancia», narran fuentes conocedoras del debate en el Consejo.

Fue después, durante la comparecencia de la portavoz gubernamental en rueda de prensa, María Jesús Montero, cuando el tema le estalló en las manos al vicepresidente segundo. Los «paseos al aire libre» que había anunciado Sánchez tres días antes se transmutaron en acompañar a los padres o tutores al supermercado, la farmacia o el banco, lo que fue provocando en las redes sociales un incendio con varios focos que amenazaba con llegar a la Moncloa. «Todavía no salimos de nuestro asombro», admiten fuentes del entorno de Iglesias.

En la vicepresidencia segunda aseguraron sentirse «engañados»

Lo cierto es que la propia referencia del Consejo de Ministros de ese día explicitaba lo que venía explicando Montero, esto es, que «se permite que los menores de 14 años puedan acompañar a los adultos responsables de su cuidado en los desplazamientos que estos pueden realizar con arreglo a lo dispuesto por el artículo 7 del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo (…) Se ha entendido razonable establecer ese umbral de edad, en cuanto que a partir de los 14 años el grado de autonomía del menor le permite prescindir del acompañamiento de un adulto en esos desplazamientos».

Pero no es eso lo que Iglesias entendió en el Consejo de Ministros, hasta el punto de sentirse «engañado». Inmediatamente telefoneó a Sánchez para reprocharle una medida que, lejos de permitir cierto esparcimiento de los más jóvenes, les exponía a ellos y a su entorno a una situación de mayor riesgo de contagio sin solucionar ni de lejos el problema que pretendía solventar. Y más aún teniendo en cuenta que la Dirección General de la Infancia, que depende de la vicepresidencia social, tenía ya una propuesta muy concreta sobre las limitaciones y recomendaciones de la salida de los menores.

En el entorno de Iglesias apuntan a María Jesús Montero, pero, también, a Carmen Calvo, quien como responsable de la reunión de secretarios y subsecretarios y, en cierto sentido, dueña del BOE, interpretó de manera muy restrictiva una medida en la que la vicepresidencia social venía trabajando desde hacía días. Plenamente reincorporada a sus tareas, tras pasar el coronavirus, las relaciones de Calvo con el sector morado del Gobierno son francamente mejorables. Este choque recuerda al que se produjo con motivo de la Ley de las libertades sexuales, de la ministra Irene Montero. También en aquel momento Iglesias y los suyos apuntaron a Calvo como instigadora de las críticas al texto inicial.

A la división en el seno del Gobierno se unieron críticas provenientes de distintas formaciones políticas, -incluidas Unidas Podemos y destacados dirigentes socialistas-, gobiernos autonómicos, ayuntamientos, organizaciones infantiles y pediátricas, que visualizaban con cierto estupor las posibles correrías de los niños por los supermercados o farmacias. De hecho, ese mismo día, por la noche, el ministro de Sanidad, se vio forzado a comparecer ante la prensa para defender que «dar paseos es dar paseos, no necesariamente para ir a un establecimiento concreto» y dejar claro que él era el ministro «habilitado» para tomar este tipo de decisiones, idea en la que abundó varias veces, interpretado como un golpe de autoridad.

Pero poco le ha durado la autoridad a Illa. Porque ha sido la vicepresidencia segunda la que ha impuesto, finalmente, el modelo de desconfinamiento infantil que había diseñado su dirección general, esto es, tres niños como máximo por adulto, una hora de paseo, en un perímetro de un kilómetro de casa y entre las 9 de la mañana y las 21 horas. E Iglesias se apuntó el tanto en la rueda de prensa conjunta de este jueves, de la que Illa se debió ausentar para comparecer en el Congreso.

De la «prudencia» a la «mala comunicación»

Tras la rectificación, Sánchez se escudó en que con la primera propuesta el Ejecutivo pecó de prudencia, pero que, en todo caso, «este es un gobierno que escucha». Iglesias ha preferido derivarlo a la parte comunicativa. «Es evidente que comunicamos mal y eso crea malestar social», dijo este jueves en su comparecencia pública donde llevó la batuta ante el ministro de Sanidad.

Este nuevo enfrentamiento se suma al antes citado por la ley de libertades sexuales, le siguió el de la moratoria por impagos de alquiler, más tarde el del ingreso mínimo vital y ahora la salida controlada de los menores tras mes y medio de encierro infantil en las que han sido las medidas más duras de toda Europa.

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