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Diez claves geoestratégicas de la pandemia

Las tendencias de polarización y transformación económica a lo digital y verde van a acelerarse por efecto del coronaviurs

Imagen: Carmen Vivas

Sabíamos que 2020 sería el año de la incertidumbre, pero ignorábamos cuán profunda sería ni cómo una pandemia provocada por un extraño tipo de coronavirus primero iba a cerrar el planeta y luego acelerar tendencias latentes, desde la polarización con dos potencias cada vez más enfrentadas, China y Estados Unidos, hasta la transformación económica (más digital, más verde) y la tensión entre autoritarismo y democracia.

En el informe de riesgos del Eurasiagroup de 2020 Ian Bremmer y Cliff Kupchan escriben, casi en tono premonitorio: «Hemos vivido con crecientes niveles de riesgo geopolítico durante casi diez años, pero sin una verdadera crisis internacional. El mundo, la geopolítica, las tendencias globales han sido muy favorables, pero ahora están cambiando», señalan en el documento, publicado originalmente el 6 de enero de 2020 y actualizado el 19 de marzo.

Ahora hacemos frente a la primera crisis global de nuestra recesión geopolítica… una pandemia or coronavirus. Y no sucede en el mejor momento», dicen Bremmer y Kupchan

En la introducción actualizada señalan: «En enero escribimos que este año era un punto de inflexión, con un histórico cambio en la globalización, un debilitado liderazgo de EEUU, el ascenso del populismo en las democracias del mundo, el auge del modelo chino, y el declive de una Rusia intervencionista que empuja al mundo a una recesión geopolítica. Ahora hacemos frente a la primera crisis global de nuestra recesión geopolítica… una pandemia por coronavirus. Y no sucede en el mejor momento».

Los cinco riesgos de conflicto más probables, según el Foro Económico de Davos de 2020, a finales de enero, donde ya hubo alguna voz que alertaba del riesgo de propagación del coronavirus, tienen que ver con factores medioambientales. Y, como subrayaba Felipe Sahagún en la presentación del Panorama 2020 del Instituto de Estudios Estratégicos (IEEE), «obedecen a las mismas causas que explican la multiplicación de epidemias y pandemias desde los primeros años del siglo XXI.

«Somos testigos de una de la mayores catástrofes de la Historia. Una catástrofe prevista en los informes de amenazas del Congreso de Estados Unidos, en las leyes de estrategia de seguridad nacional de países como España y en los briefings de la Casa Blanca», añadía Felipe Sahagún, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Lo malo, según Sahagún, es que Trump no lee estos informes.

Las tendencias geopolíticas, como decían Bremmer y Kupchan, son las mismas, pero se han reforzado o acelerado por efecto de una crisis que ha provocado un parón global, algo inconcebible hace apenas unos meses.

Ahora el mundo empieza despertar del letargo sin la seguridad de que no tenga de nuevo que hibernar. Ni los economistas más sagaces se atreven a realizar prospectivas porque hay demasiadas variables abiertas: si habrá rebrotes fuertes, si habrá tratamiento y, sobre todo, si habrá vacuna, y cuándo será. De esos factores depende que esta crisis sea como la Gran Depresión de los años 30 o un episodio con efectos limitados al corto plazo.

Destacaremos diez claves geoestratégicas en este año de la pandemia:

1. Estados Unidos versus China. La polarización entre las dos principales potencias ya tuvo momentos críticos en 2019 con las amenazas recurrentes a la guerra comercial por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Estados Unidos vive un convulso año electoral y la pandemia ha ensombrecido el luminoso horizonte que tenía Trump hasta febrero, cuando la economía rozaba el pleno empleo.

A su vez, la gestión de la pandemia, cuando se han superado los 100.000 muertos, más que en todas las guerras de EEUU desde 1953, inclinan a Trump a buscar culpables. Y China, donde se registraron los primeros contagios a finales de diciembre es el chivo expiatorio perfecto. Trump empezó aludiendo al «virus chino», mientras la diplomacia del régimen de Xi Jinping difundía teorías en las que se ponía en duda el origen de la enfermedad.

Este viernes ha dado un paso más. Trump ha anunciado la ruptura definitiva con la Organización Mundial de la Salud (OMS), institución de Naciones Unidas a la que acusa de obedecer a los intereses del régimen chino.

A su vez, la nueva Ley de Seguridad de China, concebida para contener las protestas en Hong Kong, ha llevado a Trump a anunciar que EEUU dejará de tratar comercialmente con la ex colonia británica de forma preferencial. Hong Kong, con este cambio de rumbo de China, deja de ser autónoma, según el presidente de Estados Unidos.

En la rueda de prensa que dio el viernes Donald Trump dejó caer que iban a estudiar la situación de las empresas chinas en EEUU. El próximo paso pueden ser sanciones, o bien romper con el último tratado comercial que tanto costó llegar a firmar.

Trump necesita distraer la atención del grave problema que supone la pandemia en Estados Unidos. Si finalmente su política de reabrir la economía le funciona, quizá no necesite seguir explotando la tensión con Pekín. Pero si la situación empeora, volverá a tirar de la cuerda.

2. La globalización ralentizada. Primero se cerró China por los efectos del coronavirus y otras naciones asiáticas cercanas (Corea del Sur, Taiwán) y poco a poco el mundo se fue parando. Los vuelos internacionales se redujeron al máximo registrado y se ralentizaron muchas transacciones comerciales. Poco a poco se va retomando el ritmo y los países donde el turismo supone más del 10% del PIB, como España, confían en que este verano haya menos afluencia de extranjeros pero que la bajada no sea drástica. Será difícil.

«Desde el punto de vista económico la globalización es imparable. La fuerza de la globalización en el ámbito económico va a continuar. La integración asiática, por ejemplo, se va a reforzar. También en Europa y en Estados Unidos se potenciará la regionalización», explicaba el coronel José Pardo de Santayana, en la presentación del Panorama 2020 del IEEE.

Desde el punto de vista económico, la globalización es imparable… la integración asiática se va a reforzar y la europea», dice el coronel Pardo de Santayana

El coronel Pardo de Santayana, sin embargo, subrayaba sus dudas sobre la vigencia de la globalización desde el punto de vista de las ideas. «Varios países asiáticos, China especialmente, deseaban liberarse de la tutela de Occidente. La globalización es un constructo de Occidente. Es posible que esta crisis lleve a una fractura en el ámbito de los valores globales. Es preocupante porque la gobernanza global requiere aceptación de estos valores por todas partes», añade el coronel.

Con Donald Trump en la Casa Blanca esta tendencia se refuerza. Va progresivamente retirando a EEUU de todas las instituciones internacionales relevantes, como ahora ha ocurrido con la OMS, y de todos los tratados cruciales para el avance conjunto como el Acuerdo sobre el Cambio Climático. Trump prefiere hacer la guerra, o la paz, por su cuenta.

La retirada de EEUU de la escena internacional (de las instituciones, su cerrazón con antiguos aliados, su falta de inversiones) deja un vacío. Es un espacio que puede ser ocupado por China, la potencia que emerge con fuerza. La Unión Europea por eso es más necesaria que nunca.

China sería más globalista desde el punto de vista económico, si bien los valores occidentales no encajan con sus concepción de la sociedad, una sociedad en la que la crítica se concibe como falta de patriotismo.

«La competencia que hay entre China y Occidente no tiene por qué degenerar en un conflicto violento. Se está produciendo un reequilibrio de poder. Ya no hay supremacía occidental. Todo el mundo pasará por un periodo de adaptación a esa nueva realidad», decía el general Enrique Silvela en la presentación del Panorama 2020 del IEEE.

3. Desgobierno en Estados Unidos. La pandemia ha puesto de manifiesto cómo el presidente Donald Trump es capaz de desautorizar a científicos reputados y recomendar pócimas para luchar contra una enfermedad desconocida hasta para los investigadores. Es una muestra más de cómo Trump solo cree en Trump y solo obedece a Trump. Tiene un imitador en Brasil con Jair Mesías Bolsonaro, quien ya ha acabado con la paciencia de dos ministros de Sanidad y ha perdido a uno de los bastiones de su gobierno, el juez Sergio Moro.

Trump es capaz de anunciar un decreto que no tendrá efecto porque será el Congreso el que tenga la última palabra. Es el caso de la orden ejecutiva que pretende equiparar a las redes sociales con los medios de comunicación. Pero logra distraer la atención unos días sobre los muertos y los desempleados.

Los demócratas han tenido que interrumpir el proceso de primarias, si bien al menos dio tiempo para que hubiera un candidato claro, el ex vicepresidente Joe Biden. Han retrasado hasta agosto su Convención cuando Biden será elegido como candidato a la Presidencia.

Saben que será clave para que tengan posibilidades que la participación sea lo más alta posible. Muchos de los que se quedan en casa son votantes potencialmente demócratas. Por ello apoyan que se permita el voto presencial, pero también por correo y que se alargue la jornada de votación del 3 de noviembre. Al contrario, Trump descalifica el voto por correo y lo considera fraudulento. Sabe que si la participación es baja tiene más posibilidades de ser reelegido.

En este contexto electoral, resurge de nuevo la tensión debido a la brutalidad policial que sufren los afroamericanos. La muerte de un ex guardia de seguridad George Floyd está provocando protestas por todo el país, mientras Trump elude condenar la violencia de un agente que hincó su rodilla en el cuello de un detenido hasta asfixiarlo.

4. Transformación tecnológica, digital y verde. Muchos de los empleos en los que trabajarán quienes hoy se están formando ni existen ni los imaginamos. Los sistemas productivos están en plena transformación, un cambio que muchos comparan con la Revolución Industrial. Será clave la colaboración entre el sector privado y el público para que esta transformación se produzca sin generar más desigualdad.

El Plan de Recuperación que ha propuesto la Comisión Europea, que en la versión actual alcanza hasta 750.000 millones de euros, va a potenciar los proyectos que se orienten a fomentar la digitalización y la economía verde.

En el sector de la Defensa, el general Silvela destacaba cómo la automatización va a imponerse, por ejemplo en los vehículos. Así se reducirán riesgos.

5. Europa: un salto hacia delante. Después de más de tres años inmersa en la negociación sobre la salida de uno de sus miembros, el Reino Unido, una crisis global ha mostrado una vez más lo mejor y lo peor de la Unión Europea. Fallos de logística al principio han demostrado que hay carencias productivas, ligadas a la globalización. Queda claro que la UE ha de pensar como mercado interior, en términos federales.

Según Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, «la UE sí ha funcionado bien en la investigación de tratamientos del coronavirus. A finales de este año se verán las respuestas en el ámbito europeo». A su juicio, ha fallado en logística (falta de recursos propios básicos como mascarillas), y en lo referente a la previsión. «Hay que elaborar una estrategia de sanidad europea, capaz de prever respuestas europeas, no nacionales».

La UE sí ha funcionado bien en la investigación de tratamientos del coronavirus… Pero hay que elaborar una estrategia de sanidad europea», afirma Rafael Calduch

Donde se ha dado un salto hacia delante ha sido en el ámbito financiero. A menos que se tuerza mucho la propuesta de la Comisión Europea de Plan de Recuperación, basada en el proyecto de Merkel y Macron, supone un antes y un después. Por primera vez se plantea una ayuda de medio billón de euros en transferencias, es decir, a fondo perdido a países afectados por la pandemia.

Según escribe Anatole Kaletsky en Project Syndicate, puede tratarse de un «momento hamiltoniano». Es decir, compararía el Plan de Recuperación, si finalmente se aprueba en el Consejo Europeo de junio, con el acuerdo alcanzado por Alexander Hamilton y Thomas Jefferson sobre la deuda pública, que ayudó a que Estados Unidos se convirtiera en una federación política. Quizá sea exagerado el símil pero ayuda a comprender que se trata de un hito histórico.

Si el Consejo Europeo aprueba esta versión del plan, o una similar, los Estados miembros habrán demostrado que aprendieron de los errores del pasado, cuando el austericidio se impuso a fuerza de condenar a un país como Grecia a sufrir unas condiciones draconianas. Será un paso hacia una Europa que entiende cómo no puede avanzar por separado.

6. Autoritarismo o democracia. La gestión del coronavirus ha sido más compleja en los Estados democráticos que en los autoritarios. En China no se precisa declarar el estado de alarma para restringir por completo los movimientos de una provincia entera, donde viven 50 millones de habitantes (Hubei, donde se ubica Wuhan, foco del coronavirus). Los comités locales se encargan de controlar que nadie salga de los edificios cuando se impone el confinamiento estricto en Wuhan.

Los Estados democráticos han de acordar las medidas excepcionales en el Parlamento. Y los gobiernos han de rendir cuentas ante los ciudadanos y ofrecer los datos sobre muertos, casos, recuperados de forma clara y constante. Las críticas son mayores, lo que podría llevar a pensar que gestionan peor. No es así. En un Estado autoritario es imposible saber, y ni siquiera cuestionar, si los muertos son los que dicen que son.

Los autoritarismos cuentan con una amplia capacidad de reacción, articulación en cadena de mando y limitación de libertades públicas. Las democracias aplican mejores políticas públicas pero son más lentas», señala Pol Morillas

«Los autoritarismos cuentan con una amplia capacidad de reacción, articulación de la cadena de mando y limitación de libertades públicas. También censuran voces críticas… Las democracias, en cambio, se basan en la deliberación y en la capacidad de crítica a las autoridades públicas, lo que redunda en una mejor selección de políticas públicas, pero también en mayor lentitud», afirma Pol Morillas, director del CIDOB, en Lecciones de una crisis global: coronavirus, orden internacional y futuro de la UE.

Hay gobiernos en Estados democráticos que pueden sentirse tentados de aprovechar y hacer perdurar poderes excepcionales más allá de lo requerido por la crisis. Es el peligro del deterioro de las democracias, que señalan Levitsky y Ziblatt en Cómo mueren las democracias. Esa manera lenta pero progresiva en que se va acaparando el poder y ejerciendo el control.

Dependerá de todas maneras el éxito o el fracaso en la gestión a las políticas aplicadas por los gobiernos más que si son autoritarios o demócratas, sobre todo porque hay países democráticos donde se aceptan y se aplican medidas de control (seguimiento por medios digitales de movimientos e interacciones) impensables en otros. La cuestión cultural también influye mucho: un sueco no acepta la intervención del Estado en su vida privada igual que un español o un chino.

7. Nacionalismo en la India y sus efectos. Narendra Modi admira a Donald Trump y viceversa. Es el líder de un país con una densidad de población tres veces superior a la de China. India es uno de los teatros nucleares en Asia y su rivalidad con Pakistán convierte a la región en un potencial polvorín. Los avances de China estimulan las ansias de la India. Está claro que Asia es la zona del planeta que marcará el futuro.

Según las perspectivas de riesgos del informe del Eurasiagroup, India es muy vulnerable al coronavirus por su debilitado sistema sanitario y su gobierno autocrático, que impuso medidas de restricción a la entrada de turistas y confinamiento, extremadamente difícil de cumplir. «Hay riesgo de desinformación y de violencia por la marginación de comunidades minoritarias. A su vez, como otras economías emergentes va a resultar afectada por la caída de los precios del petróleo», señala el texto.

Esta forma de populismo identitario pervive y aprovecha la pandemia para imponer medidas que aumentan su control. Sin embargo, el choque con los datos va a poner en cuestión a otros populistas, más sometidos al escrutinio público y de los medios.

8. Descontento en América Latina. Las protestas que se extendieron por varios países de América Latina quedaron interrumpidas en la fase más álgida de los contactos, pero van a retomarse y con fuerza. Esta pandemia va a dejar aún más clara la desigualdad y la falta de recursos públicos de primera necesidad. En muchos países, como en Chile, ya era el motivo de la ira popular. No hará sino crecer.

Los recursos de los Estados irán a la baja en América Latina. Los precios de las materias primas están decreciendo a gran velocidad y eso va a traducirse en una pérdida de ingresos. Será urgente un cambio de modelo.

Según Marta Lagos, directora del Latinobarómetro, «esta lucha por esta nueva época donde a la larga ganarán los que tienen menos no será gratis. Habrá protestas, habrá caídas de gobiernos, elecciones, cambios de élites, intentos de autoritarismo… son los monstruos de lo inmediato». 

9. Los Estados nación frente a las grandes corporaciones. Ya en 2019 los Estados nacionales buscaban cómo hacer que contribuyeran más las grandes corporaciones tecnológicas. Como indican Bremmer y Kupchan, en un momento en que todos los Estados nación buscan cómo estimular la economía habrá reformas fiscales y uno de los primeros objetivos son estos gigantes tecnológicos, por ejemplo, que se han beneficiado de la globalización sin aportar lo que les correspondía.

La Unión Europea lleva tiempo librando esta batalla. Una de sus grandes adalides ha sido la comisaria de Competencia, Margarethe Vestager, quien ha plantado cara al omnímodo poder de las grandes corporaciones tecnológicas. Es la vía que debería seguir Europa, más aún en este momento de crisis global.

10. Los machos alfa hiperlíderes frente a los empáticos. Desde Vladimir Putin, líder ruso, hasta el presidente turco, Erdogan, todos intentarán seguir gobernando con puño de hierro. Sin embargo, estos machos alfa pueden verse debilitados por la crisis económica. Tanto Putin como Erdogan mantienen su vista puesta en Siria y Libia, donde esperan lograr buenos réditos. Irán (Jamenei), Venezuela (Maduro), Siria (Assad) y Corea del Norte (Kim) perderán peso geopolítico debido a la magnitud de la crisis.

«El coronavirus se mueve en un caldo de cultivo caracterizado por el descrédito de la política tradicional y de las instituciones, percibidas desde hace tiempo en fallo sistémico por amplias capas de la población. Es poco probable que el populismo desaparezca pasada la crisis, como tampoco lo harán los hiperlíderes que lo abanderan. Y, cuánto más alto sea el coste de la crisis, más puede arraigar la desconfianza institucional», destaca Pol Morillas. 

Hay otros líderes posibles. Son los que abogan por el consenso y la tolerancia. Y no se quedan en las palabras, en la comunicación política, van más allá, actúan. Una crisis como la que estamos sufriendo demuestra cómo son imprescindibles.

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