Sociedad

La huida de película del Rambo de Requena: por qué Teruel no es lugar para fugitivos

EFE

Abatido y evacuado en helicóptero tras una huida cinematográfica. Después de una persecución de semanas esta semana fue detenido Pedro Lozano Jiménez, de 40 años, conocido como el ‘Rambo de Requena’, un delincuente buscado por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado por robos violentos y asaltos en el interior de la provincia de Valencia. En el área de Requena, de ahí el mote.

Fue localizado a primero en un control en Minuesa, donde abrió fuego de escopeta contra uno de los agentes que trataron de detenerle, hiriéndole en el abdomen, mientras su compañero de patrulla logró repeler la agresión. A pesar de ello, consiguió huir y desplazarse hasta Andorra (Teruel), a casi 40 kilómetros de allí. Tras cercar la provincia, finalmente la Guardia Civil consiguió abatir al fugitivo, quedando tanto el agente como el ‘Rambo de Requena’ ingresados en el hospital por sendos impactos de bala.

En Andorra este suceso ha hecho recordar el protagonizado por Norbert Feher, conocido como ‘Igor el Ruso’, quien en diciembre de 2017 asesinó a dos guardias civiles y a un ganadero de la localidad, pocos días después de intentar matar también a otras dos personas en un caserío de Albalate del Arzobispo (Teruel). Fue condenado a 21 años de prisión.

¿Por qué escogieron estos dos fugitivos Teruel? Ana Isabel Gutiérrez Salegui, psicóloga forense, explica a El Independiente que «normalmente, cuando alguien hace una huida, se dirige a lugares que conoce, ya que considera que se va a sentir más seguro en un entorno que domina. La otra opción es refugiarse en una zona desconocida». La especialista considera que esta segunda vía «es muy de película» y que «tiene un componente de error». Si bien es cierto que en una zona rural es más difícil ser visto, en cuanto un vecino se cruce con el delincuente «le resultará sospechoso». «Las películas plantean ese estereotipo de ir a esconderse a lugares poco habitados, pero en caso de iniciarse un interrogatorio, es más fácil detectar al fugitivo, porque a la gente le llama la atención», puntualiza la psicóloga, socia y miembro del Consejo Académico del Instituto de Probática e Investigación Criminal IPIC.

Para averiguar cuál es el motivo que llevó tanto al ‘Rambo de Requena’ como a ‘Igor el Ruso’ a refugiarse en Teruel, es necesario descubrir cuál es el perfil de estos dos personajes.

«Tengo la sensación de que el ‘Rambo de Requena’ es un chaval introvertido, una persona que durante mucho tiempo ha estado obsesionado con películas o libros sobre violencia, supervivencia y escapadas», describe la psicóloga forense. Puede tratarse igualmente de una persona que idolatraba a Rambo y fantaseaba con la idea del «apocalipsis», puesto que llevaba consigo una mochila con una especie de «kit de supervivencia que incluía alimentos, fármacos y más cosas».

Todo el mundo recordará que, cuando empezó el confinamiento, los vecinos comenzaron a comprar compulsivamente objetos que «no tenían sentido, como el papel de váter». «No estábamos preparados». Por su parte, el ‘Rambo de Requena’ había «desarrollado una serie de habilidades a partir de su obsesión. Sabe disparar y lleva una vestimenta del estilo paramilitar», cuenta Gutiérrez Salegui.

Aunque la psicóloga forense disemine el perfil del fugitivo, a la hora de buscar su huella, «no encuentras nada». «Es un hombre de 30 años que no ha dejado rastro en redes sociales», dice. Lo que más sorprende a la hora de investigar a este sospechoso es que no aparece en Facebook o Twitter. «Cualquier tipo de deporte acaba dejando huella en las redes. Te sorprendería la de veces que encuentras hallazgos de una persona porque se ha apuntado a una carrera. Pero con los apellidos Lozano Jiménez no aparece nada. Esta tendencia a esconderse de las redes sociales y la imposibilidad de rastrearle suena a paranoide».

Algo que sí se sabe del ‘Rambo de Requena’ es que, en septiembre de 2019, cometió su primer delito. «Lo más probable es que hubiera delinquido anteriormente, pero este es el primero que consta». Desde septiembre, inicia una escalada en la que pasa de robos con violencia y asaltos a casas, y que culmina el 25 de mayo de este año, cuando dispara en la cara a un enólogo de una bodega para quitarle el coche. «Que una persona sin antecedentes previos dispare a la cara de alguien sin pensar, es muy extraño. Hay personas con muchos crímenes a la espalda que nunca dispararían a la cabeza de alguien», confiesa Ana Isabel.

Podría decirse que es una persona con ciertos «rasgos antisociales» y con ausencia «de percepción del valor de una vida humana». Es un fugitivo cuyos delitos van creciendo a la par que se aleja de los sitios poblados puesto que «desconfía». «Esto está alimentado de una obsesión que le lleva a usar escopetas. Entra en una película sobre una huida a lo Thelma y Louise», explica la psicóloga. Destaca igualmente que, aunque no haya constancia de actividad delictiva hasta el pasado mes de septiembre, llevaba un tiempo planeando esta especie de viaje.

Además de carecer de perfiles en redes sociales, los periodistas han sido incapaces de localizar la composición familiar. Esto es compatible con una persona que ha estado «muy encerrada y muy aislada socialmente. Tengo el nombre completo y el número del DNI y no he encontrado perfiles en redes sociales o suscripciones a carreras, que son, al fin y al cabo, cosas normales que haría un chaval de su edad». Ante esta ausencia de datos, «que es lo que más información me da», a Ana Isabel Guitérrez Salegui le gustaría ver la habitación del fugitivo, ya que, cuando vieron el cuarto del «asesino del estilete», contemplaron su colección de armas.

En cuanto al posible vínculo entre el ‘Rambo de Requena’ e ‘Igor el Ruso’, la psicóloga no descarta que el primero tenga como ídolo al segundo, que quiera imitarle o que, ante una toma de decisiones, haga lo mismo que este personaje de referencia. «No me resultaría extraño que estuviese siguiendo sus pasos. Además, esta no es la única similitud. El rollo ese paramilitar, su lucha por la supervivencia y el amor por las armas», apunta.

Si contemplamos el perfil de «Igor el Ruso», encontramos diferencias con respecto al «Rambo de Requena». El primero ya contaba con antecedentes de asesinato y homicidio. «Igor vivía en un entorno completamente distinto. Era ex militar serbio, un país que salió de la guerra de los Balcanes hace 20 años, por lo que ha crecido en un entorno más duro», describe la experta.

Ya en 2006 se vio implicado en un robo con agresión sexual, crímenes para los que no tuvo que aprender a utilizar las armas, puesto que era un experto en estas herramientas y en las artes marciales. Sin embargo, hay otra similitud que comparten ambos y es el uso de «furgonetas y coches robados», algo muy «peliculero». Los dos protagonizan una especie de película americana en la que interpretan el papel de un héroe perseguido. Un largometraje que no termina con la detención.

«Cuando ‘Igor el Ruso’ llega a la sala de vista, va desafiante y sonriente, como si no tuviera ningún tipo de empatía ni remordimiento por las muertes cometidas». La psicóloga considera que estaba «muy contento con la expectación que había de su juicio». Cree que eso alimentó «su ego y su imagen de forma muy importante». Declara igualmente que si dos hombres de la sala fueran a tocarle por error, «no les habría dejado vivos». Esto refleja que no se arrepiente de las muertes, sino que se vanagloria de que podrían haber sido más. «Se creen protagonistas de su propia película, una película terrible, sobre todo para los muertos».

Gutiérrez Salegui cree que ambos delincuentes «no buscan nada en concreto», sino que sobreviven cogiendo lo que necesitan sin importar lo que pase. «Si necesitan coger un coche, lo cogen. Cuando el ‘Rambo de Requena’ disparó al enólogo, lo hizo simplemente porque estaba agazapado esperando a que abriese el vehículo y pudiera robarlo». Funcionan así. No hay un objetivo, es una huida hacia adelante. Es de nuevo el caso de Thelma y Louise: sin programación, solo sobrevivir y probarse a sí mismos en un contexto de supervivencia. «Es una película que no va abocada a nada bueno, es un duelo entre los buenos y los malos».

La psicóloga vuelve a inisitir de nuevo en la importancia de poder consultar las redes sociales del ‘Rambo’, unas redes, que, recordemos, son inexistentes. «No puedo sacar sus rasgos, por lo que no tengo ni idea de qué pasa por su cabeza. Puede haber o no contenido delirante». Si en caso de que, después de las declaraciones, confesara que todo es fruto de un delirio en el que piensa que todos quieren matarle, «me lo creería». Sostiene que si dijera que tiene una obsesión paramilitar, también le daría crédito. «Por eso es tan importante para esclarecer qué tipo de personalidad, qué motivación hay detrás, tener los datos de investigación, quién era, qué hacía, que le llevó a este impulso», recalca.

Por su parte, ‘Igor el Ruso’ es una persona con unos rasgos psicopáticos. No mata porque le vayan a impedir algo, sino que se «carga» a cualquiera. «No es lo mismo crecer en la Serbia de la posguerra que en España. A saber qué tipo de historias ha escuchado desde pequeño sobre el valor de la vida», relata la psicóloga. Igor no quería acabar en prisión, se habría ido a otro país para seguir haciendo lo mismo. «Se creía más listo que las fuerzas de seguridad españolas, porque ya consiguió burlar a las italianas, que es donde había cometido los crímenes anteriores», sentencia.

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