Vida Sana JOSÉ AUGUSTO GARCÍA NAVARRO / Presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología

"El 4 de marzo pedimos a Sanidad un protocolo de actuación urgente en las residencias de ancianos"

José Augusto García Navarro.

José Augusto García Navarro. SEGG

José Augusto García Navarro (Ciudad Real, 1967) se enganchó a la Geriatría cuando era estudiante de tercer curso de Medicina. Formado en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, ha desarrollado casi toda su carrera profesional en Cataluña, donde ejerce hoy como director general del Consorcio de Salud y Social -una entidad pública de carácter local que agrupa a unas 130 residencias y centros de día y 40 hospitales de pacientes agudos, entre otros- tras haber trabajado en las localidades tarraconenses de Tortosa y Reus.

«Soy vocacional», destaca García Navarro, que se encuentra al frente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) desde el pasado mes de julio. En conversación telefónica con El Independiente, el especialista manchego considera «aterrador» el impacto que está teniendo el coronavirus en las residencias de mayores y asegura que urgieron al Ministerio de Sanidad el pasado 4 de marzo a poner en marcha un protocolo de actuación en dichos centros ante las alarmantes noticias que llegaban de Italia. «Hemos reaccionado tarde», lamenta.

Pregunta.-Más de 8.000 ancianos que viven en residencias han fallecido por el coronavirus en España. ¿No le parece aterrador este dato?
Pregunta.-Así es. Es aterrador el impacto de la epidemia de coronavirus en la gente mayor. El 87 % de los muertos tiene más de 70 años. Y, de estos, al menos uno de cada cuatro vivía en una residencia de ancianos.

P.-En Cataluña, donde usted ejerce, se contabilizan ya más de 1.500 muertes en residencias de ancianos desde el inicio del brote. ¿Cuál es su percepción sobre el terreno?
R.-Es la misma situación que estamos percibiendo en otras regiones de alto impacto del coronavirus como Madrid, donde hay más de 4.500 muertos. Está habiendo una elevada mortalidad en estos pacientes, que son muy delicados porque tienen muchas enfermedades y mucho grado de dependencia física y mental.

P.-Quim Torra ha responsabilizado de la situación de las residencias de mayores en Cataluña al Gobierno de Pedro Sánchez por no haber facilitado material de protección. Tampoco la Generalitat parece que haya sido capaz de anticiparse al problema, como puede deducirse de los datos.
R.-Nos ha pillado a todos un poco lentos en la reacción; en Cataluña, en Madrid y en el resto de comunidades autónomas. Hemos reaccionado tarde en todos los sitios. Torra se queja fundamentalmente porque considera que habría que confinar más a la población y el Gobierno de Pedro Sánchez va muy lento y porque necesita test rápidos y no se los han comprado. Esto forma parte también de la lucha y la tensión políticas.

Muchos geriatras, en sus comunidades autónomas, dieron la voz de alarma y dijeron que había que trabajar en residencias de ancianos»

P.-Y, como profesional sanitario, ¿cuál es su posición?
R.-Que es necesario entrar en las residencias de ancianos para poder controlar el virus. Es necesario que de forma inmediata en toda España, no solamente en Cataluña, lleguen Equipos de Protección Individual (EPI), mascarillas, batas, guantes y gafas. Y test de diagnóstico rápido para todos los residentes y los trabajadores, si no será muy complicado cortar estos brotes en las residencias de ancianos.

P.-¿Las administraciones deberían intervenir las residencias o bastaría con proporcionar los medios de protección al personal y a los residentes?
R.-Hay que intervenir médicamente en las residencias, tienen que implicarse más los servicios de salud en las residencias de ancianos. ¿Por qué? Muy sencillo. El coronavirus es un problema de salud, no de servicios sociales. Entonces es importante que el control de las residencias de mayores lo tengan los servicios de salud, como ya han hecho la Comunidad Valenciana y Madrid. Lo hizo Cataluña este miércoles y lo tienen que hacer todas las comunidades autónomas. Es la única forma de garantizar un adecuado tratamiento médico a estas personas, que son las más delicadas de todo el sistema.

P.-Da la sensación de que este problema ha sido en España mucho grave que en Italia, ¿no?
R.-Ha pasado exactamente igual. Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología hemos estado en contacto desde el primer momento con nuestros colegas italianos y ha pasado exactamente lo mismo. Ellos nos iban dando pistas y nos decían que vigiláramos bien a los ancianos de las residencias porque al final acaban teniendo la infección y expandiendo a los trabajadores y estos a la comunidad. Y no es fácil de controlar. Ha pasado en España. También en Francia, que ha alcanzado el récord de muertos cuando han empezado a contar las muertes producidas en residencias de ancianos. Hace ocho días los americanos publicaron el primer artículo referente a un brote de coronavirus en una residencia del estado de Washington en The New England Journal of Medicine, la revista de medicina más prestigiosa de todo el mundo. Esto ha pasado en todo el mundo occidental.

Con las residencias de mayores hemos reaccionado tarde en Cataluña, en Madrid y en el resto de sitios»

P.-Con más motivos para que se hubiera reaccionado antes teniendo el ejemplo de Italia, ¿no le parece?
R.-Efectivamente. Podríamos haber reaccionado no mucho más a tiempo, pero siete o diez días es lo que llevamos de retraso respecto a Italia. No hubiéramos podido reaccionar tres meses antes. ¿Cuál es el problema con los países asiáticos? Allí, estos pacientes tan mayores y con tanta enfermedad crónica están en sus domicilios. Hacen confinamiento domiciliario y confinan a estos ancianos. Nosotros tendríamos que haber hecho confinamiento domiciliario y confinamiento residencial desde el primer momento. Y el confinamiento residencial ha llegado más tarde, sobre todo en cuanto a equipos de protección para los trabajadores. Ha sido una respuesta más tardía.

P.-Con la información que les llegaba desde Italia, ¿su sociedad científica dio la voz de alarma sobre el problema que se avecinaba con las residencias de ancianos?
R.-Sí. Nosotros nos pusimos en contacto con el Ministerio de Sanidad por primera vez el 4 de marzo.

P.-¿Y qué les contestaron?
R.-Fueron haciendo primero un protocolo, después iban incorporando los siguientes protocolos… Nosotros hemos tenido la sensación de que han estado sobrepasados. Estaban trabajando en los protocolos de cómo retirar los cadáveres, cómo actuar en atención primaria y en los hospitales, cómo hacer los test diagnósticos, las residencias de ancianos… Es como un gran tsunami que ha pasado por encima de los servicios de sanidad y de salud de todas las comunidades autónomas y del Ministerio. Ésa es la realidad.

P.-¿Qué transmitieron exactamente el 4 de marzo al Ministerio de Sanidad?
R.-Nosotros les dijimos que había que empezar a hacer un protocolo de actuación urgente en residencias de ancianos. Y me consta que muchos geriatras, en sus respectivas comunidades autónomas, dieron la voz de alarma y dijeron que había que trabajar en residencias de ancianos. ¿Por qué? Porque es gente muy delicada. Los números están a la vista. Por eso se está produciendo tanta mortalidad. No hay más.

P.-¿Tienen la sensación de que han clamado en el desierto?
R.-Se ha despertado tarde, pero no creo que haya sido intencionado. Ha sido fruto del desborde de la situación del día a día. Tenían que atender muchas urgencias diarias y a algunas cosas iban respondiendo mucho más lentamente. Y una de ellas ha sido la de las residencias de ancianos. A la vista está.

Es necesario entrar en las residencias para poder controlar el virus y que de forma urgente les lleguen equipos de protección y test»

P.-¿Controlar la epidemia en las residencias de ancianos debe ser una de las grandes prioridades en este momento para frenar la expansión?
R.-Es un problema que puede alargar la situación de epidemia. ¿Por qué? Porque si dejamos el coronavirus multiplicándose en las residencias de ancianos tendrá un efecto de mortalidad importante y, a la vez, de potencial contagio a los trabajadores. Y estos, cuando salen, se van a sus domicilios. Y en sus casas siguen siendo una fuente de contagio comunitario para sus familias. O cuando van a comprar, o cuando van a hacer otras actividades permitidas. En estos momentos, desde el punto de vista epidemiológico, hay que considerar a las residencias de ancianos en el primer punto de prioridad, idéntico a una unidad de cuidados intensivos. En la UCI se trata de poner respiradores para que la gente no se muera; en las residencias de ancianos, que mueran los menos posibles, que estén bien atendidos y no sigan siendo una fuente de infección para la comunidad.

P.-¿Hay mucho empresario sin escrúpulo en este sector?
R.-No sabría decirle. Los servicios de inspección de las comunidades autónomas actúan de forma regular intentando detectar si hay desviaciones y me consta que algunas han intervenido y han quitado la gestión. En Cataluña, Madrid, Valencia… Siempre hay gente malintencionada, pero no sabría decirle si es el 1 o el 25 %. Hay gente muy seria trabajando. Afortunadamente, la mayoría.

P.-¿Cabría depurar responsabilidades penales por lo que se ha conocido en algunas residencias?
R.-
Es probable que en alguna sí. Cuando el fiscal o el servicio de Inspección de una comunidad autónoma actúan, por supuesto máximo respeto. Pero déjeme que le ponga en contexto. En alguna residencia ha entrado el coronavirus, tenían un 50 % de los residentes infectados y de pronto se producían cinco fallecimientos. Cuando avisaban a los servicios funerarios, estos estaban colapsados y no los podían evacuar hasta un día o un día y medio después. Eso ha podido generar la sensación de que no se ha dado el tratamiento adecuado y que se ha actuado tarde. Pero no era una cosa de la residencia, sino que estaban colapsados los servicios funerarios. Algunas de las noticias que han salido en la prensa pueden tener razón en cuanto a que ha habido actuaciones no adecuadas. Pero en otros casos la realidad es que han estado absolutamente desbordadas y sin capacidad de dar respuesta. Y, además, los servicios funerarios no eran capaces de evacuar la cantidad de fallecidos que se habían producido, lo cual es una tragedia para la familia, los trabajadores y las personas que dirigen esas residencias.

Esta epidemia es como un gran tsunami que ha pasado por encima del Ministerio y de los servicios de salud de todas las comunidades»

P.-Ha habido polémica estos días respecto a la posibilidad de que en determinados centros sanitarios se estuviera discriminando a pacientes de elevada edad con necesidades de ventilación asistida por falta de respiradores. ¿Cuál es la posición ética de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología?
R.-Nosotros decimos que no se puede negar un tratamiento intensivo –ni el respirador ni una cirugía de alta complejidad como puede ser cardiaca– en función de la edad. Hay que valorar la capacidad que tiene esa persona de poder sobrevivir a ese tratamiento agresivo y la esperanza de vida y, en base a eso, tomar la decisión. Me consta que, en la mayoría de los casos en los que debe decidirse si se pone el respirador a un paciente con coronavirus, o se activa el comité bioético del centro o la decisión la toman al menos dos médicos para que no haya una sola opinión. Es cierto que en las personas de mucha edad no hay diferencia de pronóstico. Por lo tanto, la edad no marca si un enfermo va a salir viva o no de un respirador. Pero sí que marca la presencia de otras enfermedades que le pueden acompañar. La mayoría de veces ocurre que son las personas de más edad las que tienen enfermedades concomitantes.

P.-Ello quiere decir que, en caso de insuficiencia de plazas en UCI, se primaría a un paciente de 80 años sin patologías previas sobre una persona de 40 con enfermedades crónicas…
R.-Así es. Y así se trabaja habitualmente en todas las comunidades autónomas. Lo que ocurre es que, estadísticamente y por frecuencia, ese caso se da una vez entre mil. Y las otras 999 veces es la persona mayor la que tiene más problemas.

P.-¿El confinamiento puede alterar aún más los trastornos de conducta en las personas mayores?
R.-Sí. El confinamiento puede producir claramente ansiedad y depresión. Y puede producir pérdida de la masa muscular por no poder hacer ejercicio físico y malos hábitos alimentarios, si no se es tremendamente escrupuloso en el mantenimiento de hábitos. Hay que intentar mantenerlo todo en forma. Desde la SEGG hemos lanzado recomendaciones de ejercicio físicos y una iniciativa con el Consejo General de Colegios de Psicólogos para que voluntarios presten ayuda a personas mayores que puedan tener problemas de depresión y ansiedad.

P.-Hay otras situaciones difíciles que provoca el confinamiento, como los casos de personas que cuidan en casa a sus parejas con demencia y que ahora no pueden tomarse un respiro.
R.-Ése es el caso más extremo que está pasando en estos momentos.Hasta ahora podía relajarse ciertas horas porque la llevaba a un centro de día y la persona con demencia podía interactuar con otras o podía recibir la ayuda de un cuidador externo. Todo eso se ha ido al garete y tiene que estar al 100 % cuidando a su pareja y dentro de su domicilio, claro. Eso supone un estrés enorme para la persona con demencia y para el cuidador. Para estas personas hay que articular sistemas de descanso. Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología hemos pedido al Ministerio si puede relajar el confinamiento y permitir que estas personas al menos unos minutos al día puedan salir -con control y sin posibilidad de contagio, por supuesto- para liberar estos trastornos de conducta de pacientes con demencia y de sus cuidadores.

Hay que hacer una reflexión muy profunda acerca de lo que ha pasado en las residencias de mayores. No nos puede volver a pasar»

P.-¿Qué respuesta han obtenido?
R.-Fue una petición que hicimos la pasada semana y estamos pendientes de respuesta.

P.-¿A la geriatría se le da su sitio en la atención hospitalaria?
R.-En dos comunidades autonómas, de forma contundente tengo que decir que no: Andalucía y País Vasco.

P.-¿Qué sucede en esas comunidades?
R.-Los hospitales de agudos del sistema nacional de salud de Andalucía y el País Vasco no tienen servicios de geriatría. Hay evidencia científica de sobra que dice que los geriatras son especialistas que mejoran mucho la atención a las personas mayores en los hospitales de agudos. Ésta es la realidad. Es un gran agujero que hay que cubrir de forma inmediata y que hubiera ayudado mucho al control de la epidemia para personas mayores. En Madrid o Cataluña, los servicios de geriatría hospitalarios están ayudando de forma activa al tratamiento de todos los ancianos que necesitan ingreso hospitalario y a las personas que están sufriendo infecciones en residencias.

P.-¿Servirá al menos esta crisis del coronavirus para que la atención que se le presta a los mayores sea mucho mejor cuando mejore la situación?
R.-Espero que esto induzca a una reflexión importante sobre cómo hacer la atención geriátrica en los hospitales de agudos -sobre todo en Andalucía y País Vasco- y reforzarla en el resto. Y, por supuesto, hacer una reflexión muy profunda acerca de lo que ha pasado en las residencias de ancianos. No se puede volver a tolerar, no nos puede volver a pasar. Y eso hay que asegurárselo a la gente mayor y a nosotros mismos.

P.-¿Confía en que se aprenda esa lección?
R.-Desde luego, nosotros no dejaremos de hacer todo lo posible para que ese movimiento se produzca. También  hay que huir de las posturas oportunistas. Hay gente que dice que hay que transformar todas las residencias al sistema nacional de salud y que tienen que ser hospitales. Pues a lo mejor no, tan solo unas cuantas. Y otros que defienden que tiene que ser intervenido por la atención primaria. Hay que tener un debate serio y, desde luego, no nos puede volver a ocurrir. Se nos mueren las personas con mayor debilidad de nuestra sociedad que son las que están en la fase final de vida, con muchas enfermedades y que están en residencias de mayores. No pueden morirse. Y además solas. La gran tragedia es que no han podido estar en contacto con sus familiares, sino que se han tenido que morir solas. Hay que ponerse en la piel de esos ancianos y de esos familiares. La situación es durísima. Hay que intentar que eso no vuelva a ocurrir nunca más.

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