Salud

Variantes y anticuerpos, de qué depende que haya que vacunarse del Covid cada año

Una sanitaria vacuna a una mujer hoy en el estadio de la Cartuja de Sevilla que ha comenzado este jueves a funcionar como centro de vacunación masiva frente al Covid.

Una sanitaria vacuna a una mujer hoy en el estadio de la Cartuja de Sevilla que ha comenzado este jueves a funcionar como centro de vacunación masiva frente al Covid. EFE/Jose Manuel Vidal

Uno de los responsables de la vacuna de Pfizer-BioNTech anunciaba esta semana que su fármaco necesitará una tercera dosis de refuerzo a los nueve meses y, probablemente, recuerdos cada 12 o 18 meses. Este jueves, el Departamento de Salud de Reino Unido informaba de que el país tiene en marcha un plan para volver a vacunar a la población en otoño, para proteger a la población más vulnerable de cara al próximo invierno, según recogió la revista British Medical Journal.

Con la pandemia en cifras récord de casos diarios a nivel mundial y la campaña de vacunación casi en sus inicios, estas noticias evidencian la posibilidad de que la inmunización frente al Covid se convierta en una necesidad anual, como ocurre con otros virus como el de la gripe.

«Aún no contamos con evidencias que nos permitan asegurar si tendremos que ponernos vacunas de refuerzo contra el coronavirus, pero es una opción que no podemos ningunear, porque es muy posible», explica el presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amós José García Rojas, » en primer lugar porque ha pasado poco tiempo para saber qué duración tiene la protección que confieren las vacunas y en segundo lugar por la posible aparición de variantes».

Estas variantes ya han ido surgiendo. Algunas como la británica se han impuesto sobre la anterior y el mundo vigila la evolución de decenas de ellas ante la posibilidad, como se está planteando en los últimos días acerca de la india, que puedan escapar a la acción de las vacunas.

«Es cierto que las vacunas que hay hasta ahora no previenen el contagio y por tanto dan lugar a que puedan surgir nuevas variantes», asegura Sonia Zúñiga, viróloga e investigadora del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC en una de las vacunas del CSIC. «Esto es lo que ya están estudiando desde hace meses Pfizer y Moderna, con ensayos clínicos frente a las nuevas variantes. Y eso lo plantean no como una vacunación de cero sino dosis de recuerdo que se plantean en un tiempo X tras la dosis anterior», explica.

Zúñiga afirma que es en esa línea en la que parece que va el anuncio del directivo de BioNTech sobre la tercera dosis de la vacuna de Pfizer. «Aún no hemos visto datos, tenemos solo sus declaraciones pero parece que va en esa línea». A falta de más datos, la investigadora del CSIC hace referencia a últimos artículos, por ejemplo de Moderna, que a principios de este mes publicaba en New England Journal of Medicine la persistencia de los anticuerpos seis meses después de la segunda dosis.

«Por ello que ahora mismo hay que estar abiertos a todas las posibilidades, pero lo cierto es que si se convierte en un virus con el que acabamos conviviendo como el de la gripe, la situación más probable es que cada X tiempo haya que volver a vacunarse», incide Zúñiga.

Similitudes con el virus de la gripe

«El SARS-CoV2 es un virus respiratorio que requiere inmunidad en las mucosas y eso es más difícil de conseguir», explica Zúñiga. Aunque recuerda que «el virus de la gripe es el campeón de las mutaciones, de esta enfermedad no sólo hay que vacunarse cada año porque el virus mute. Habría que hacerlo aunque no mutara, puesto que las vacunas actuales no confieren más de un año de inmunidad».

Por ello son dos los factores de los que depende que la vacunación se convierta en anual. Por un lado, la aparición de nuevas variantes que escapen a la respuesta inmunitaria como ya ha sucedido, por ejemplo, con AstraZeneca y la cepa sudafricana. En febrero el país canceló la vacunación con este fármaco tras los malos resultados de protección.

Por el otro lado, la duración de la inmunidad, para lo que se requiere tiempo real, ya que apenas ha pasado un año de la vacunación de los primeros participantes en ensayos clínicos.

Las diferencias con otros virus como el sarampión

Esa necesidad de inmunidad en las mucosas que comparten el virus de la gripe y el SARS-CoV2 dificultan «que se consiga inmunidad potente y duradera». Como explica Zúñiga, «esto diferencia al coronavirus de otros virus como el sarampión, que también se contagia por vía aérea pero para el que basta la inmunidad sistémica y con pocos títulos de anticuerpos en el organismo, se consigue mantener la inmunidad toda la vida».

Igual ocurre con la vacuna de la polio. «Es un virus fundamentalmente entérico, que se encuentra más en el tracto gastrointestinal y para el que funciona muy bien la administración oral de la vacuna», indica la investigadora del CSIC.

En ofrecer esa inmunidad en las mucosas trabaja esta investigadora en el proyecto vacunal frente al Covid que dirigen Luis Enjuanes e Isabel Solá. «Tanto nuestro proyecto como cualquiera que consiga promover una inmunidad potente y duradera en las mucosas sería idealmente una vacuna que no necesitaría refuerzos», afirma la investigadora, que afirma que es con lo que «su grupo trabaja en base a la experiencia con otros coronavirus».

No obstante, su equipo trabaja con varias rutas de inoculación, «porque no es lo mismo la experiencia en animales, donde sí se han mostrado inmunidad neutralizante, con el desarrollo de un producto que ha de ser aprobado para seres humanos». Este proyecto, una vacuna que aspira a ser 100% eficaz, se encuentra aún comenzando ensayos en animales y prevé estar listo para el primer trimestre de 2022.

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