Estados Unidos mantiene su apuesta de lograr progresos en el contencioso del Sáhara Occidental, la ex colonia española ocupada por Marruecos desde hace medio siglo. Dos semanas después del encuentro celebrado en Madrid los pasados 8 y 9 de febrero, que se saldó sin avances sustanciales ni siquiera un comunicado conjunto, Washington acoge esta semana una nueva ronda de conversaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, con Argelia y Mauritania como partes observadoras.
La cita en la capital estadounidense, que se desarrolla entre este lunes y este martes, será la tercera en apenas un mes. La primera se celebró en Washington a finales de enero; la segunda tuvo lugar en Madrid; y ahora el proceso regresa a suelo estadounidense bajo el mismo formato ministerial y en un clima de máxima confidencialidad, con contados detalles, según apuntan a El Independiente fuentes diplomáticas conocedoras de las negociaciones.
Calendario acelerado y presión de Washington
El proceso está pilotado por el emisario estadounidense para África, Massad Boulos, con el respaldo del embajador de EEUU ante la ONU, Michael Waltz. En la mesa se sientan el ministro marroquí de Exteriores, Naser Bourita; su homólogo de la República Árabe Saharaui Democrática Mohamed Yeslem Beisa, en calidad de representante del Polisario; y los jefes de las diplomacias argelina y mauritana, Ahmed Attaf y Mohamed Salem Ould Merzoug. Participa asimismo el enviado personal del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura.
La Administración de Donald Trump busca acelerar un acuerdo marco antes del verano. La hoja de ruta parte de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, impulsada en octubre por Washington, que prioriza la propuesta marroquí de autonomía como la base más viable para una solución política, justa y duradera aunque sin descartar el derecho a la autodeterminación del Sáhara, un territorio no autónomo, según la ONU. El texto, impulsado por Washington y París, no ha cambiado la naturaleza del conflicto de la última colonia de África.
Madrid: sin foto, sin comunicado y sin avances
La reunión de Madrid, celebrada en la residencia del embajador estadounidense y mantenida en el más absoluto secreto, concluyó sin fotografía oficial ni declaración conjunta. Un escueto comunicado de la misión estadounidense ante la ONU se limitó a señalar que se habían facilitado conversaciones entre las partes en el marco de la citada resolución. “Delegaciones de alto nivel de los Estados Unidos y las Naciones Unidas facilitaron discusiones en Madrid con Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania sobre la implementación de la Resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental”, indicó en su cuenta de X la misión de EEUU ante la ONU.
“Bajo el liderazgo del presidente Trump, Estados Unidos sigue comprometido con una solución justa, duradera y mutuamente aceptable que promueva una paz duradera y un futuro mejor para todos en la región”, agregó Boulos sin proporcionar más detalles. En declaraciones al canal de televisión alemán Deutsche Welle, en el marco de su participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Boulos admitió que el conflicto del Sáhara “precisa de tiempo, pero se halla en el camino de la resolución y el proceso puede ser más o menos largo". "Nuestro desero es que resulte corto", agregó tras reconocerse “optimista”.
España no participó en la mesa principal, aunque el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, mantuvo encuentros bilaterales con varias delegaciones en la jornada previa, sin proporcionar tampoco información sobre el contenido de los mismos. Según fuentes conocedoras del desarrollo de aquellas conversaciones, el principal escollo sigue siendo el alcance del derecho de autodeterminación.
El núcleo del desacuerdo
Rabat defiende que cualquier consulta futura gire exclusivamente en torno a su plan de autonomía, ampliado ahora en un documento de unas 40 páginas que sustituye al texto de tres folios presentado en 2007, y que la eventual votación de ratificación no incluya la independencia como opción.
El Polisario, respaldado por Argelia en este punto, insiste en que un proceso de autodeterminación debe contemplar todas las alternativas reconocidas por el derecho internacional, incluida la independencia. Considera inaceptable una fórmula cerrada de antemano que limite el abanico de opciones.
Más allá del principio político, también existen divergencias sobre las garantías del eventual acuerdo y sobre aspectos técnicos: el cuerpo electoral que participaría en una votación, el estatuto institucional del territorio, la designación de las autoridades autonómicas y el alcance real de las competencias transferidas.
La propuesta marroquí plantea una amplia descentralización administrativa bajo soberanía de Rabat, reservando al Estado competencias estratégicas como defensa, política exterior o emisión de moneda. Entre los puntos más controvertidos figura el sistema de investidura del presidente regional por parte del monarca y el papel de las autoridades centrales. Sigue siendo un incógnita cómo una monarquía absoluta y centralizada, con una vasta persecución de las libertades públicas y las minorías, podría a nivel práctico conceder una autonomía plena y satisfactoria.
De hecho, la propuesta presentada por Rabat incide en un sistema como el actual que garantiza que el majzén será el encargado de designar a gobernantes leales. Así, el hipotético Parlamento regional estaría integrado no solo por diputados elegidos por sufragio universal sino también por delegados de las tribus saharauis. Tampoco se permite el empleo por parte de las autoridades saharauis de banderas o escudos propios.
Para el Polisario sigue siendo un escollo que se intente alterar el referéndum de aprobación de la autonomía con la participación amplia de los colonos marroquíes, incluidos los militares, y su participación en los comicios regionales antes de que se cumplan diez años del inicio de la autonomía.
Un margen estrecho
Fuentes diplomáticas admiten que, sin una presión significativa de Washington, el margen para un acuerdo es limitado. Estados Unidos aprecia la oferta marroquí y la considera una base de trabajo, pero aspira a que el texto pueda ensancharse para hacerlo aceptable a todas las partes.
El calendario juega a favor de la Casa Blanca, que imprime un ritmo acelerado a las rondas. Sin embargo, el desacuerdo de fondo, autonomía bajo soberanía marroquí frente a autodeterminación con opción de independencia real -una propuesta que encaja con la que presentó en su momento el plan Baker II, torpedeado por Rabat-, continúa intacto medio siglo después del inicio del conflicto.
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