Opinión

La discreta política de la UE frente al ruido de Trump

Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en Bruselas
Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, en Bruselas | Efe

Esta semana se ha celebrado una cumbre bilateral entre la Unión Europea y Turkmenistán. Noventa empresas europeas y turcomanas han participado en el foro organizado en Asjabad, capital de Turkmenistán, para buscar acuerdos comerciales entre ambos países. La voluntad de la Unión Europea, desde la invasión rusa a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022, es que no se puede depender más de Rusia, ni tampoco de ningún otro país. Y también otra cuestión: Estados Unidos y la Unión Europea no siempre tienen por qué compartir estrategia diplomática. Y más cuando los principales aliados políticos de Donald Trump en Europa son los mismos que tiene el Kremlin.

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Kaja Kallas, la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha sido clara al respecto: la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán no es la guerra de Europa. Esto no significa que no nos afecte, sino que se tiene que abordar desde la diplomacia. El objetivo es asegurar el paso a través del estrecho de Ormuz, y así garantizar el paso del corredor energético que comunica las diferentes monarquías del Golfo Pérsico con el mundo.

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El conflicto se complica debido al apoyo incondicional de Irán a Rusia, y de Rusia a Irán: los dos países se intercambian armamento e información de inteligencia. Irán entrega drones que son lanzados contra Ucrania; Rusia aporta información estratégica a Irán para que sus misiles impacten sobre posiciones estratégicas de las monarquías árabes, y también contra los diferentes enclaves estadounidenses en la región. A pesar de ello, Trump sigue tonteando con Putin y mantiene que comparten objetivos.

Entre tanto, Estados Unidos amenazó en destruir incluso los yacimientos de gas del Pars Sur, que pertenecen a Qatar e Irán, y Teherán hizo lo mismo al anunciar que tendría como objetivos las desalinizadoras y los campos petrolíferos árabes.

Frente a esta tensión, la Unión Europea consolida su papel en Asia Central, como también se refuerza la alianza estratégica de Bruselas con Nigeria, para el aprovisionamiento de petróleo desde el sur. De esta manera, se garantizan que no falte energía si la guerra se prolonga. También los acuerdos energéticos con la nueva administración venezolana confirman que la diversificación energética existe. Los vínculos comerciales fortalecen, a través de la diversificación estratégica, el papel de la Unión Europea en el mundo.

Los acuerdos con el Mercosur, con Australia, con la India, con la ASEAN, con China, con las repúblicas de Asia Central, el vínculo estratégico con Turquía y Azerbaiyán, las inversiones con Egipto y el fortalecimiento estratégico con las monarquías del Golfo Pérsico ejemplifican hasta qué punto la discreta política de la Unión Europea ha dado sus frutos, aunque se puso en marcha tarde, después de febrero de 2022. Algunos países europeos, como Polonia, Estonia, Letonia y Lituania empezaron a hacerlo bilateralmente en 2014, como son los acuerdos energéticos entre Polonia y Qatar, para no depender del gas ruso, o la implementación de la Iniciativa Tres Mares, para vertebrar económicamente toda Europa central y del Este.

La estrategia de la UE es clara: diplomacia para que se pueda pasar por Ormuz, y diversificación en previsión de un conflicto prolongado"

La situación es interesante a nivel estratégico. Ucrania, a pesar de la invasión rusa en curso, exporta sus sistemas de defensa a los países del Golfo Pérsico para protegerse de los mismos drones que utilizan los rusos contra ellos. Y frente a cierto resquemor contra Estados Unidos, debido a que no está defendiéndolos de una guerra donde ellos se han encontrado en medio, la Unión Europea y Ucrania aparecen como socios estables.

El encuentro entre Arabia Saudí y Ucrania para cerrar un nuevo ciclo de inversiones e intercambios económicos demuestra que la guerra de Irán ha puesto a todos en el mismo lado, y con intereses conjuntos. Pakistán también ha entrado en escena, como un interlocutor entre Estados Unidos e Irán. Curiosamente, Pakistán depende económicamente de China, y a nivel de inteligencia sigue siendo un aliado de Estados Unidos por la alianza entre la India y Rusia.

En conclusión, frente al anuncio de Qatar de que no sabría cuando podría volver a la exportación de crudo con los mismos volúmenes anteriores a la guerra, y con la infraestructura energética de las monarquías del Golfo Pérsico en la diana iraní, el posicionamiento europeo es claro. Combina diplomacia en Omurz y diversificación energética. Por un lado, trata de conseguir que los buques pasen seguros por Ormuz, de allí que se plantee una solución como la Convención de Montreaux, que regula el tránsito por Bósforo. Por otro, sigue diversificando todos los sectores posibles para minimizar el riesgo. La estrategia del Caspio vuelve a tomar relevancia, como también la conexión entre los campos petrolíferos del Kurdistán iraquí y la Unión Europea a través de Turquía. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.

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