Opinión

Rajoy contra Francia

Francia celebrando un gol en su último partido
Francia celebrando un gol en el mundial. | Europa Press

Para las semifinales del Mundial tenemos a Pedri de vacaciones ojerosas, a Lamine corriendo todavía como por la orillita de la playa, tropezándose con castillos derrumbados y perros en llamas; a Nico cojo bajo un lento sol de sanatorio, a Ferrán ciego de flequillo, y apenas a Merino como santo de sequía. Y ahora, encima, entra Rajoy en el campo. Es algo así como si entrara nuestro Jimmy Jump, aquel espontáneo en pelota, aunque no tanto con el europeo culo al aire sino con la españolísima bragueta abierta. Más supervivientes que ilusionantes, nos vamos a enfrentar a una temible Francia en su día nacional, el de la toma de la Bastilla, el día de su Revolución, el del puñetero comienzo de la Edad Contemporánea, y si era poca guerra futbolística, física, moral, inercial, histórica y simbólica, Rajoy los lleva a otra guerra por cerrarle la boca o la bragueta. Rajoy ha saltado desde su columna, que es como una mecedora de rejilla, para decir que Francia tiene una selección con “jugadores de altísimo nivel” pero “eso sí, sin franceses”. Sin duda los franceses no conocen a Rajoy y se han creído que dice lo que quiere decir o quiere decir lo que dice. Pero los franceses no tienen que conocer a Rajoy, así que, ahora, su 14 de julio, los franceses, más los que no lo son, tienen una guerra patriótica, pundonorosa y vengadora, y nosotros seguimos teniendo sólo modorra y fe. 

PUBLICIDAD

Rajoy seguramente es, a la vez, el más obvio, el más ambiguo y el más irónico de los hombres, con lo que se convierte, simplemente, en inescrutable. A lo mejor tuvo éxito político por eso mismo, porque, de entre todo lo que él decía, que era como una gran sopa de letras de periódico de barbería, o una conversación alrededor de ese periódico de barbería, cada cual elegía por su cuenta qué era obvio, ambiguo o irónico, así que Rajoy parecía acertar siempre, igual que en sus análisis futbolísticos. Si hubiera tenido que explicarlo todo, si hubiéramos tenido que entenderle todo, Rajoy no hubiera llegado a nada, salvo a registrador de la propiedad sin ironía y sin ambigüedad posibles, salvo las de la conversación en la barbería, donde parecería vengarse de su destino vital y profesional. Hay dos posibilidades: que Rajoy haya querido unir la nacionalidad al origen, a la sangre, como si fuera un merovingio gallego o un francés de cabeza rastrillada (o un español de cabeza rastrillada también), o que haya sido una guasa. Lamentablemente, es imposible saber cuál de estas dos posibilidades es la cierta. Ni aunque él nos lo diga, que enseguida volveríamos a dudar si es guasa o convicción. 

PUBLICIDAD

Rajoy quizá es un señor español que espera que los franceses vayan con canotier como algunos señores franceses esperan que los españoles vayan con montera (a algunos señores catalanes, que se creen franceses, también les puede pasar esto). Rajoy quizá es también un señor español que cree que todos los españoles deben ser señores del Greco, aunque el Greco no fuera español, o señores de Murcia de Miguel Mihura, aunque ningún señor de aquella Murcia pudiera ligarse a Ninette. Rajoy a lo mejor sí es del Greco, de Mihura y hasta de Murcia si me apuran (de una Murcia idealizada, simbólica, de hombres lechosos con fantasías o lechosas, igual que el París de Mihura). Rajoy a lo mejor es un señor mucho español que no piensa lo que dice, o que dice lo que piensa y luego se desdice o no se desdice, que para el caso da igual. Rajoy a lo mejor es un señor que nunca imaginó parecer racista señalando a negros y a inmigrantes, que no sería el primero. Rajoy a lo mejor es un señor al que no deberíamos tomar en serio pero que se ha metido en un debate muy serio, como un señor que se mete en camisa de once varas, que nada puede ser más español que eso (nos imaginamos al señor de Murcia de Mihura en la camisería, ridículo de camisón como de ligue con Ninette).

Rajoy a lo mejor ha salido de su cuadro del Greco, o de su mecedora de rejilla, o del siglo XIX (o de ese siglo XX, europeo y español, que a veces parecía siglo XIX), pero no nos deja muchas opciones para interpretar sus palabras. Si Rajoy dice que en la selección francesa no hay franceses, hay dos posibilidades. Una posibilidad es que sepa que sólo 3 de los 26 jugadores de la selección francesa no han nacido en Francia (sus territorios de ultramar son Francia como las Canarias o Melilla son España). En este caso, Rajoy piensa que nacer en Francia no hace a alguien francés, sino que es otra cosa, otra cosa que, claro, no es ir con canotier o baguette. La otra posibilidad es que no sepa quién ha nacido o no en Francia, que tampoco resulta creíble imaginarnos a Rajoy investigando el lugar de nacimiento de cada jugador, ahí desde su mecedora o su trono de barbería. En ese caso, lo que parece es que el cribado lo ha hecho él de oído y a primera vista, por el método eufónico y cromático: ver si el jugador es negro o su apellido no suena a cruasán ni a perfume con perilla. Ninguna de las dos opciones deja a Rajoy en esta España ni en este tiempo. Rajoy tendría que echar a Lamine y a Nico Williams y, no sé, quizá volver a la pureza de aquellos futbolistas calvos y fondones con cura protector y árbitro.

Seguramente Rajoy, desde la mecedora o la barbería del siglo XIX, o de antes, no se ha parado a pensar que todas las naciones son antiguallas y restos, frutos de mil guerras, mil negocios, mil encamamientos, mil leches. Lo que nos salva de la tribu o del vasallaje es la condición de ciudadano, que no tiene que ver con el origen de nadie sino con un pacto: se cumple la ley y la ley garantiza unos derechos, incluido, si procede, uno de los más tontos, el de jugar al fútbol con una camiseta con estrella o con barro. La pureza nunca existió y ahora no sólo no tiene sentido, sino que es un gran peligro. Claro que esto no lo entiende ni Rajoy ni casi nadie, por eso sigue habiendo tanta guerra de tribus (ni siquiera la República francesa se libra). Los franceses declararon los Derechos del Hombre y el Ciudadano (para olvidarlos luego, es verdad) pero también inventaron el chovisimo. Justo un 14 de julio, un señor de otro tiempo, o con las ideas, la guasa o el periódico de otro tiempo, y como desde el trono luisino de su mecedora, ha retado a los franceses nada menos que a ser ciudadanos y a ser franceses, las dos cosas. Hay que ser torpe teniendo nosotros, todavía, a media selección en la capilla o en la piscina. Lo de Rajoy contra Francia, o España contra Francia, puede ser una escabechina.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto