José Manuel Villarejo vuelve a situarse en el centro de una de las investigaciones que más incógnitas ha abierto en los últimos meses. La aparición de las llamadas cloacas del PSOE, las libretas de la exmilitante socialista Leire Díez y las pesquisas sobre los contactos mantenidos con distintos mandos de la Guardia Civil para intentar desacreditar informes jurídicos y policiales, han devuelto a la actualidad al excomisario, que sostiene que él mismo fue uno de los primeros destinatarios de aquella operación.
Según su versión, el origen se remonta al verano de 2024. Entonces, asegura, una mujer que se presentó como emisaria de un grupo de personas "decepcionadas" con el PSOE le planteó un intercambio: validar con su firma un antiguo informe de inteligencia elaborado por él en 2014 a cambio de que la Fiscalía General del Estado facilitara su salida de prisión. Villarejo afirma que rechazó la propuesta, que puso el asunto en manos de su abogado, Antonio García Cabrera, y que aquello no era más que un intento de utilizarle para reforzar un determinado relato político. Ahora, en conversaciones con El Independiente, el excomisario reconstruye por primera vez con detalle aquellos contactos y ofrece su versión sobre el papel que, a su juicio, desempeñaban quienes estaban detrás de aquella iniciativa.
Las cloacas del PSOE
Pregunta: Señor Villarejo, en los últimos días su nombre ha vuelto a aparecer vinculado a las llamadas cloacas del PSOE. Usted sostiene que en el verano de 2024 recibió una propuesta. ¿Cómo llega ese contacto hasta usted?
Villarejo: A través de terceros. Todo empieza por una historia bastante rocambolesca con Sandro Rosell. A él le habían hecho creer que yo era el responsable de que hubiera terminado en prisión y llegó incluso a presentar una querella contra mí. Al final declaró, el juez vio que yo no tenía nada que ver y aquella historia quedó aclarada. Tiempo después, a través de unos periodistas catalanes que nos habían puesto en contacto, Rosell me trasladó que había unas personas que querían hablar conmigo.
Me dijeron que eran personas decepcionadas con el PSOE, que sentían que las habían utilizado durante años y que ahora querían contar la verdad. Me hablaron de Leire, de Pérez Dolset y de Patricia López. Yo, sinceramente, no quería saber nada porque ya había tenido una mala experiencia anterior con dos de los nombres que aparecían en ese entorno. Pero con la otra persona, no tenía ningún problema y acepté reunirme.
Eso fue en agosto de 2024, en Boadilla del Monte. Hay quien ha dicho que fue en un restaurante, pero no. Fue en un banco, junto al Palacio del Infante. Nos sentamos allí y empezamos a hablar.
P. ¿Era Leire Díez?
V. Todavía hoy no tengo la convicción absoluta de que fuera ella físicamente. Cuando luego la he visto en televisión me han surgido dudas. Yo recuerdo a una mujer más delgada, algo mayor, con moño y gafas. Puede que fuera ella, puede que no, pero en cualquier caso era evidente que actuaba como una emisaria. Yo no la vi como la persona que tomaba las decisiones. La vi como alguien que trasladaba un mensaje.
P. ¿Y cuál era ese mensaje?
V. Fue una propuesta mercantil, un trueque puro. Me dijeron que tenían información para demostrar que toda mi causa había sido un montaje y que podían acreditar que detrás había actuaciones irregulares de determinadas personas. Según me explicaron, podían hacer llegar esa información a la Fiscalía General del Estado y facilitaría mi salida y mi libertad.
A cambio, me pedían una cosa muy concreta: que validara un informe de inteligencia que elaboré en 2014, el conocido como Riesgo PSOE. Querían que yo reconociera formalmente ese documento y que avalara otros materiales que decían tener. Entre ellos, grabaciones, decían tener cientos de grabaciones que yo nunca escuché.
El informe de 2014
P. ¿Por qué era tan importante ese informe?
V. Porque para ellos era la pieza clave. Lo que buscaban era que yo certificara que ese informe demostraba que el Partido Popular perseguía al PSOE ya en 2014. Querían utilizar mi firma para validar esa tesis y, de esa forma, sostener que todo lo que había venido después respondía a aquella persecución. Yo no tenía ningún problema en reconocer que el informe era mío, porque era mío. Pero era un análisis de inteligencia, no una investigación judicial.
Ese informe lo tenía muchísima gente. Lo tenía el CNI y lo tenían muchas personas más porque era un documento de inteligencia. Yo no investigaba a nadie. Lo que hacía era elaborar análisis con la información que recibía de distintas fuentes. Eso no convierte el documento en una prueba judicial ni significa que yo estuviera siguiendo a ninguna persona.
Además, no solo me pedían reconocer el informe. También querían que diera por buenos unos audios y otra documentación de la que yo no conocía el origen. Yo les dije que antes tendría que saber quién había obtenido ese material, cómo lo habían conseguido y escuchar todo su contenido. No iba a avalar nada sin saber exactamente de qué estábamos hablando.
P. ¿En ese momento creyó que la oferta podía ser real?
V. Al principio me llamó la atención porque hablaban con mucha seguridad. Decían que aquello acabaría en la Fiscalía General del Estado y que habría una reunión para trasladar toda esa información. Pero precisamente por eso les dije que yo no iba a reunirme con ningún fiscal a solas. Para eso estaba mi abogado. Si realmente existía una propuesta seria, tendría que canalizarse a través de él.
Según sostiene Villarejo, fue entonces cuando decidió apartarse de cualquier negociación directa y dejar el asunto en manos de su abogado, Antonio García Cabrera. A su juicio, era la única forma de comprobar si detrás de aquella propuesta existía realmente un ofrecimiento con respaldo institucional o si, por el contrario, todo formaba parte de una maniobra para conseguir su firma.
El abogado de Villarejo
P. ¿Qué papel desempeñó entonces su abogado?
V. Fundamental. Antonio no se fía ni de su sombra y, menos todavía, de este tipo de operaciones. Cuando esta señora me plantea que me reúna con un fiscal a solas para cerrar el acuerdo, le dije que de ninguna manera. Yo no iba a mantener una reunión de ese tipo sin mi defensa. Si aquello era serio, tenía que canalizarse por la vía legal.
Ellos querían que me sentara en un despacho con un fiscal para que nadie pudiera dejar constancia de lo que se hablara. Yo quería exactamente lo contrario: comprobar que existía un acuerdo real y que todo se hacía de manera transparente.
P. ¿Y qué hizo Antonio García Cabrera?
V. Él aceptó mantener el contacto para comprobar si aquello tenía algún recorrido. En uno de los juicios coincidió con un fiscal y aprovechó para tantearle sobre esa posibilidad. En cuanto mencionó el asunto, el fiscal sufrió, literalmente, un ataque de pánico y salió huyendo. Ahí Antonio me miró y me dijo: "¿Te das cuenta de que esto es una charada?". En ese momento tuvimos claro que no existía ningún acuerdo real.
P. ¿Qué conclusión sacó usted de aquello?
V. Que lo único que querían era mi firma. No buscaban ayudarme ni reparar ninguna injusticia. Lo que necesitaban era que yo avalara una determinada versión de los hechos. Querían utilizar mi nombre para sostener que el Partido Popular llevaba persiguiendo al PSOE desde 2014 y construir ese relato con alguien como yo firmándolo.
No entendieron una cosa: yo llevo demasiados años viendo cómo funciona este sistema. Conozco perfectamente ese manual y olí la trampa desde el primer momento.
P. Usted sostiene que nunca llegó a creer que aquella oferta fuera sincera.
V. Claro que no. Si de verdad hubieran querido revisar mi situación judicial, todo habría seguido los cauces legales. Pero no era eso. Me pedían que ratificara unas tesis muy concretas y que diera por buenos unos materiales cuyo origen yo desconocía.
Además, me hablaban de personas como el señor Dolset, que ha reconocido obtener información de la red oculta. ¿Cómo voy a pactar con gente que actúa exactamente igual que aquello que dicen denunciar? Era una contradicción absoluta.
El relato de Villarejo vuelve ahora a la actualidad porque Antonio García Cabrera, el abogado al que atribuye haber desbaratado aquella supuesta negociación, ha declarado como testigo dentro de las diligencias abiertas para esclarecer los contactos mantenidos con distintos investigados. El excomisario sostiene que esa comparecencia ayuda a reconstruir lo ocurrido durante aquellos meses.
P. Esta semana declaró su abogado como testigo. ¿Qué espera por parte del juez Pedraz en esta investigación?
V. Ojalá me llamen también a mí. Ojalá pueda declarar como testigo. Ahí demostraré que yo no ataco a la Guardia Civil. Yo ataco conductas concretas de personas concretas que, a mi juicio, negociaron con secretos de Estado para arreglar asuntos de blanqueo a cambio de favores.
Si la UCO y el juez quieren tirar del hilo de verdad, se van a encontrar con que la instrucción ha sido paralela y, en gran parte, oficial. Yo llevo denunciando esa organización parapolicial, la de las cloacas del PSOE, desde 2025 y lo he vuelto a hacer en 2026. Si el juez analiza las anotaciones que han aparecido, verá que no solo yo sabía lo que estaba ocurriendo; ellos también lo sabían y, además, intentaron comprar mi silencio ofreciéndome mi libertad. Es irónico: quienes me acusan de corrupto son los mismos que intentaron comprar mi firma.
El archivo Jano
P. Usted ha hablado en varias ocasiones del denominado "archivo Jano". ¿Qué significa exactamente?
V. Es una forma de controlar las altas instancias judiciales y el Ministerio Fiscal. Es el manual de las causas generales y prospectivas, lo peor que se puede hacer en España. Aquí no se persiguen delitos; se persiguen personas. Cuando el juez quiso cerrar mi causa porque no veía nada, lo amenazaron de muerte. Los fiscales presumían de haber apartado al juez natural para poner a otro más dócil. Eso es el "archivo Jano": decidir quién cae y quién se salva. Utilizar jueces, fiscales y emisarios para construir un relato oficial.
P. ¿Cree que ese mismo mecanismo sigue funcionando?
V. Yo creo que sí. Lo que cambia son los protagonistas. El sistema se protege a sí mismo. Siempre ha sido así. Cuando alguien deja de ser útil o se convierte en un problema, se activa ese mecanismo. Por eso digo que esto no va de personas concretas, sino de una forma de actuar que lleva muchos años funcionando.
Sobre la directora y el DAO de la Guardia Civil
El excomisario sostiene que las diligencias abiertas en torno a los contactos con Leire Díez pueden acabar arrojando luz sobre aquel episodio que, según su versión, vivió en el verano de 2024. A su juicio, el objetivo de la investigación debería ser determinar quién impulsó realmente aquellos acercamientos y con qué finalidad.
La próxima semana será decisiva para la investigación. Entre las diligencias previstas figuran las declaraciones de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y del director adjunto operativo (DAO), Manuel Llamas, por su posible implicación en la trama. Villarejo sigue con atención la evolución del procedimiento y sostiene que la institución no debería verse perjudicada por la actuación de personas concretas.
P. La directora de la Guardia Civil y el director adjunto operativo están llamados a declarar. ¿Cómo valora la situación que atraviesa el Instituto Armado?
V. Yo lo lamento mucho, porque la Guardia Civil es una institución muy seria y muy importante. Es un cuerpo de naturaleza militar, pero con una enorme vocación de servicio público, y no es justo que todo esto termine proyectando una imagen negativa sobre ella. Lo que ocurre es que quien detenta el poder, detenta también el control de la situación. Al final siempre hay alguien que acaba pagando los platos rotos y ahora parece que quieren que sea la UCO.
P. Después de todo lo que ha vivido durante estos años, ¿se arrepiente de algo? Si pudiera volver atrás, ¿haría las cosas de otra manera?
V. Mira, cuando alguien tiene que eliminar a un elemento que está en prisión, solo tiene dos opciones: destruirlo física o psicológicamente, porque desde dentro no puede defenderse. Intentaron destruirme. Me metieron en una celda con un asesino esquizofrénico en plena pandemia. Querían que me hundiera.
Pero salí. Y si no hubiera salido, hoy no podría defenderme ni contar todo esto. He vuelto a denunciar lo de las cloacas en 2025 y en 2026 porque creo que era mi obligación hacerlo. Mientras ellos intentaban que validara sus pruebas, yo estaba observando sus movimientos. Querían mi firma. Yo quería saber hasta dónde eran capaces de llegar. Y, como ves, han llegado muy lejos.
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