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La reválida de Lydia Bosch a los 62 años en Mérida: "Fedra me ha elegido a mí"

Lydia Bosch durante la presentación de 'Fedra, en los infiernos' en Mérida.
Lydia Bosch durante la presentación de 'Fedra, en los infiernos' en Mérida. | Jero Morales / EFE

El Teatro Romano de Mérida se prepara para vivir una de las citas más intensas de esta edición de su Festival de Teatro Clásico. Del 12 al 16 de agosto, el coliseo emeritense acoge el estreno de Fedra, en los infiernos, una reescritura del mito firmada y dirigida por José María del Castillo. La propuesta llega en un marco casi místico: poco después de que un eclipse solar histórico oscurezca la península, las tablas romanas acogerán su propio fenómeno con el regreso al teatro de Lydia Bosch tras 37 años alejada de los escenarios.

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A sus 62 años, la actriz catalana, conocida por personajes icónicos de la televisión como su tía Alicia de Médico de Familia o la Natalia Nadal de esa subterránea serie de culto llamada Motivos personales, afronta una gran reválida profesional al encarnar a uno de los personajes más exigentes del repertorio grecolatino, ausente de Mérida desde hace nueve años. Lo hace al frente de una compañía de 16 intérpretes —con Julio Peña como Hipólito, Alejandro Albarracín como Teseo, además de Marta Calvó, el ex Locomía Antonio Albella, Eva Diago y Yaiza Marcos— que toma el relevo en la programación tras el rotundo éxito de las comedias estivales.

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En esta nueva versión, Fedra habita el Inframundo y logra pactar con las Moiras una segunda oportunidad para reescribir su historia, enfrentar la pasión incontrolada por su hijastro y liberarse de una culpa impuesta. Sin embargo, el montaje trasciende la tragedia clásica para señalar dinámicas de absoluta actualidad, como el linchamiento público y el juicio ajeno vertido en las redes sociales.

El teatro, "una pausa para conectar"

Durante la presentación del montaje, Bosch reflexionó sobre cómo la tiranía de la mirada ajena condiciona la vida moderna, señalando que juzgar al prójimo sigue siendo uno de los grandes errores de la sociedad, un vicio que ha encontrado en el entorno digital "un auténtico trampolín". "La cultura es una pieza esencial para el crecimiento intelectual y emocional, una introspección más que necesaria en un mundo donde las redes sociales invitan a mirar qué hacen los demás", defiende la actriz. "Ir más despacito hace que la vida sepa de otra manera. El teatro es un templo de la escucha y la reflexión, del momento de la pausa; pero no para desconectar, sino todo lo contrario: para conectar".

En ese diálogo entre el mito y el presente, la intérprete no dudó en abordar el rasero desigual con el que la sociedad juzga a las personas, recordando cómo salió en su día en defensa de Demi Moore tras las críticas a su físico en la película La sustancia: "Siempre se juzga más a las mujeres que a los hombres, a ellos se les permite transitar de otra manera. Hay que dejar que cada uno haga y viva como quiera, no sabemos por lo que esa persona está pasando en ese momento. Con la edad, una va estableciendo otras prioridades, como la tranquilidad y la seguridad en sí misma; esas cosas no están ahí fuera ni en lo que te dicen. No estás en el beneplácito que conceden los demás, sino en lo que tú te estás diciendo".

En el lugar y el momento justos

Para Bosch, subirse al coliseo de Mérida no es solo un reto profesional, sino una liquidación de cuentas con su propia trayectoria. Tras casi cuatro décadas volcada en la televisión y el cine, la actriz confiesa sentirse en el lugar y momento adecuados para encarar a la heroína trágica: "Fedra me ha elegido a mí en el momento en el que me he visto capacitada para sostenerla. Los sueños se cumplen".

Esa búsqueda de redención atraviesa a todo el elenco. Alejandro Albarracín define su vuelta al festival como "una segunda oportunidad a la que acudo con menos miedos y más ganas", mientras que Julio Peña resalta la vigencia de un texto que invita a "dejar la culpa atrás, respirar y seguir para adelante".

El autor y director, José María del Castillo, enfatiza que escribió esta versión pensando en la propia Bosch para reivindicar el derecho a la individualidad frente a las expectativas ajenas: "Fedra amó como sólo los locos saben hacer: sin miedo a caer, sin culpa por doler y escuchando muy poco a los demás. Es fundamental reivindicar el derecho a ser uno mismo sin tener que cubrir las expectativas que los demás ponen sobre nosotros".

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