Volvió Sánchez de la Mareta, con las piernas puestas de nuevo, que le quedaban como plataformas de drag queen, y toda la urgencia del ocioso que ha olvidado sus deberes demasiado tiempo. La reunión del Consejo de Seguridad Nacional, 26 días después del “ataque a la integridad territorial”, parecía la autopsia de una momia, científica, teatral y concurrida pero, desde luego, no urgente. Nada urgente debería esperar al calendario de vacaciones, al calendario de mareas o al calendario litúrgico del presidente, aunque me refiero, claro, a algo urgente para el país, que no es lo mismo que algo urgente para Sánchez. Por estas cosas yo me sigo preguntando si verdaderamente hacen falta Marruecos y Pegasus para explicar el comportamiento de Sánchez en la crisis de Ceuta, o el comportamiento de Sánchez en general. Quizá basta con que Sánchez sea Sánchez, ahora o antes, en la Mareta o en la Moncloa (son como dos atolones fuera de la realidad). Uno puede estar pillado por Pegasus y rendir el Sáhara, nuestra política exterior y hasta Ceuta y Melilla. Pero ni Mohamed VI con pistola o con tanga te puede obligar a estar recomendando playlists, practicando submarinismo de charca y haciendo veraneo de Los Morancos durante la crisis migratoria más grave de nuestra historia reciente. Eso no es sumisión ni rendición, eso es, simplemente, ser Sánchez.
Sánchez ha vuelto de vacaciones, con sus piernas colocadas como patines, con su moreno y sus canciones de pescador de perlas, con sus recuerdos / olvidos de DJ del verano, y se ha encontrado de repente con las urgencias del país y con sus propias urgencias, quizá igual de olvidadas en este pastoso agosto de desmemoria, pasotismo y caos. Lo de Ceuta no ha desaparecido por hundir la cabeza entre corales o aceites, y encima, vuelve a sonar Pegasus, que ya había desaparecido en la pila de escándalos sanchistas igual que en la pila de calzoncillos. Un grupo de hackers activistas marroquíes, Jabaroot, que se puede traducir por “tiranía”, ha dejado el cebo o la amenaza de desvelar los datos de Pegasus relativos a Sánchez. Parece una amenaza seria porque ya ha publicado una lista de agentes encubiertos de Marruecos y también ha llegado, si no a demostrar, al menos a señalar que todo lo de Ceuta fue planeado por el régimen alauí. De todas formas, aunque Pegasus explique todo lo que pasa con Marruecos, no explica a Sánchez, ni falta que hace.
Sánchez, el Sánchez hackeable, hinchable y deshinchable, sumergible e insumergible, chantajeable y manejable es anterior a Pegasus como es anterior a la amnistía de los indepes, a los pactos con Podemos o Bildu, a la chistorrería y a la fontanería del partido y de la Moncloa. Sánchez es tan anterior a Pegasus, temporal y lógicamente, que lo más impresionante es que uno está seguro de que la filtración no nos revelaría nada nuevo, sólo nos confirmaría lo que ya sabíamos o temíamos. Sánchez es anterior y preexistente al olvido, a la negación de las ideologías y de la moral, a la corrupción con puta cerillera o con paraninfo comprado, al uso del Estado y de sus poderes e instituciones como maquinaria de guerra partidista o particular. Sánchez es anterior y preexistente a Pegasus porque sin el Sánchez sensible, propenso y acostumbrado al chantaje ningún chantaje habría funcionado. Haber cedido al chantaje de Pegasus significaría haber rendido los intereses y la seguridad de España por propio interés y supervivencia, pero, si nos damos cuenta, ceder ante el chantaje de sus socios no ha dejado de ser exactamente eso mismo. Toda su carrera no ha dejado de ser eso mismo.
Sánchez es anterior y preexistente a Pegasus porque sin el Sánchez sensible, propenso y acostumbrado al chantaje ningún chantaje habría funcionado
Pegasus puede explicar lo que pasa con Marruecos y mucho de lo que pasa en Ceuta, pero no puede explicar a Sánchez. No puede explicar al Sánchez de la amnistía, ni al de García Ortiz, ni al de Leire Díez, ni al de Mercedes González, ni al de Ábalos y Cerdán, ese Sánchez anterior a Pegasus y sin el que Pegasus habría fracasado. Habría fracasado con cualquier político decente, la verdad, que habría dimitido inmediatamente antes que comprometer al país entero. Incluso sin chantaje por parte de Marruecos o de cualquier otro país, sólo por la mera posibilidad o sospecha, tras el hackeo de los móviles, de que su voluntad pudiera estar viciada o sometida, en ese momento o en un futuro. Pegasus explica muchas cosas pero no es necesario para explicarlas todas, por ejemplo el Sánchez de este agosto. El Sánchez al que le ha venido la urgencia sólo después de guardar las aletas y la caña de pescar, el que se ha puesto a tocar a zafarrancho con el tambor, recién desembarcado, todavía con mal de tierra o con borrachera de buzo o chiringuito. El que ha nombrado un mando único 26 días después, a pesar de la emergencia, del caos y de que las competencias en inmigración, política exterior, seguridad y sanidad pública fueran ya del Gobierno, o sea, cuando el mando único tendría que haber sido él mismo, desde el principio. Este Sánchez parece, simplemente, el Sánchez de siempre.
Pegasus no puede explicar a Sánchez, no hace falta para explicar a Sánchez, y apenas añade nada a Sánchez. El Sánchez de Spotify, el Sánchez de fueraborda, dentro de la burbuja, fuera de la realidad, encima de una roca como un sirenito, mirándose el atolón del ombligo y el milagro de sus pies (como cuando se mira, en el Congreso, en el brillo de su zapato, gesto que ya he comentado alguna vez); el Sánchez que manda ministros a aparecer por su ordenador o por Ceuta como si fueran emojis con la sonrisa, la lágrima o el sonrojo, el que espera que las crisis se disuelvan y que la incompetencia y la corrupción se olviden... Este Sánchez, el de siempre, indolente, ajeno, vanidoso, amoral y aceitado, ya lo conocíamos y ya lo sufríamos. No hace falta que nos lo mande un Mohamed VI con pistola ni con tanga. No hace falta ni que nos lo hackeen por allí, que ya hace mucho que está hackeado por aquí.
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