El Mobile World Congress de Barcelona es, le pese a quien le pese, la mayor cita de la industria tecnológica del mundo. Ha sido un año récord con más de 108.000 visitantes, 2.300 marcas y más de 6.000 directivos pasaron por la Fira de la Ciudad Condal para ponerse al tanto de las novedades de un sector en constante evolución.

Este año, en cualquier caso, se habrán encontrado con algunas diferencias respecto a ediciones anteriores. No será la cantidad de gente, pues las riadas de personas inundaban cualquier pasillo, sino la calidad de los productos y avances que se desvelaban en un marco tan importante.

Un evento de tal magnitud siempre va a dejar sus luces y sus sombras, cosas que la organización ha cuidado más y otras que no han terminado de satisfacer a visitantes, medios y ejecutivos.

Luces

Avances en el 5G

No hubo una conferencia en Barcelona en la que no se mencionara el 5G. Es la gran ambición de los grandes operadores de telefonía, además de la esperanza de los desarrolladores de redes y de los impulsores del famoso Internet de las Cosas (IoT, por las siglas de Internet of Things).

En esencia, el 5G es una tecnología que llevará la conexión a internet a todos los rincones del mundo. Permitirá, según la teoría, que las máquinas se comuniquen entre ellas para facilitarle la vida al usuario. Sin la correcta evolución, avances como el coche autónomo, el siguiente paso de la domótica, la robótica o las ciudades conectadas no podrá materializarse.

Por supuesto, también será una revolución para el usuario de a pie, ya que la velocidad de descarga y conexión del 5G multiplicará hasta 10 veces la del actual servicio 4G que cualquiera pueda tener en su dispositivo móvil.

«El 5G no es sólo velocidad, también es el inicio de la economía digital», explicó el CEO de Orange, Stephane Richard, en una intervención dentro del Mobile World Congress. Evidentemente, algo así necesita de una fuerte inversión en infraestructura y en redes. «Costará alrededor de 200.000 millones de euros hasta 2020 conseguir unas redes que soporten el 5G en Europa», alegó. Según los datos del responsable de la teleoperadora, la implantación de esa economía del 5G aumentará el PIB de la eurozona hasta en tres puntos porcentuales.

La llegada del 5G está profetizada para 2020, o al menos ese es el horizonte que se han puesto tanto la Comisión Europea como el regulador de las comunicaciones de Estados Unidos. El vicepresidente del mercado digital único de la CE, Andrew Ansip, ya ha pedido «sumar a todos los sectores» a esta tecnología y pide la implicación de los reguladores. Por su parte, el director de la FCC estadounidense ha recordado que los operadores «tendrán que construir las redes», pero que ahí estarán las autoridades «para hacer mucho y dejarles el camino libre».

LG G6 

LG y Huawei han sido los dos fabricantes que han presentado un smartphone franquicia en el Mobile World Congress de este año. La firma de Corea del Sur ha presentado su nuevo buque insignia, el LG G6. La principal novedad es su pantalla de 5,7 pulgadas que ocupa toda la parte frontal del dispositivo. En las tripas lleva un procesador Snapdragon 821, que no es el más rápido del fabricante estadounidense, pero que está muy bien apoyado por los 4GB de RAM y los 64GB de almacenamiento básico que tiene.

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La batería tiene 3.300 mAh e incluye la posibilidad de cargarlo de manera rápida. Como sistema operativo lleva el Android Nougant 7.0, que incluye de serie el asistente virtual Google Assistant. En cuanto al precio, es el propio de un dispositivo de alta gama y de nueva generación. Es algo más caro que su antecesor, que costaba 700 euros, por lo que habrá que desembolsar 750 euros para hacerse con él. Los fans de la marca a nivel mundial aún no saben cuándo podrán tenerlo en sus manos, aunque ya se puede reservar a través de internet.

Huawei P10

Por su parte, Huawei ha desvelado dos nuevos terminales: el P10 y el P10 Plus. El fabricante de Shenzhen se ha entregado a la cámara y al estilo con un móvil que puede pelar con los modelos de la saga Galaxy o con los iPhone de Apple.

El P10 tiene una batería de 3.200 mAh que, en teoría, dura hasta un día entero con un nivel de uso intenso y puede alcanzar los dos días con una utilización normal. Lleva incorporado un chip Kirin 960 y su nivel de respuesta es de 85 milisegundos, exactamente el mismo que el del iPhone 7 Plus. Tiene integrado, además, cuatro antenas que permiten alcanzar una conexión 4,5G LTE, lo que hace la descarga de datos hasta un 28% más rápida.

La cámara es otra de las grandes bazas de Huawei, gracias a su asociación con la mítica firma alemana Leica. El P9, anterior modelo estrella de la marca, ya vestía una de estas lentes. En esta edición hay dos cámaras posteriores, de 20 megapíxeles en mono y hasta 12 en dual, y otras dos en la parte frontal para hacer selfies de alta calidad.

La parte posterior del dispositivo es anti huellas dactilares y anti arañazos, y está disponible en hasta seis colores diferentes, incluyendo dos ediciones en verde y en azul que serán exclusivas del P10 Plus. La versión más barata del P10 normal estará disponible por 649 euros, y llegará a las tiendas el 16 de marzo.

Sombras

Sin Galaxy S8

Durante algunas semanas previas al evento se rumoreó que Samsung podría volver a utilizar el Mobile World Congress para presentar su terminal franquicia, sobre todo después de hacer lo propio con el Galaxy S7 hace ahora un año. Tras el batacazo del Note 7, que ya ha pasado a la historia como el teléfono de las baterías incendiarias, Samsung necesitaba dar un golpe sobre la mesa que no ha llegado.

En un acto algo frío el gigante surcoreano desveló su nueva tablet, la Galaxy Tab S3, y un nuevo miembro de la familia Galaxy: el Galaxy Book. Este último, que es la principal novedad, es un convertible que está a medio camino entre la tablet y el ordenador portátil y llega para competir de forma directa con el iPad Pro y con la gama Surface de Microsoft.

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Durante el acto que celebró Samsung en el Palacio de Congresos de Cataluña apenas salieron a escena estos dos dispositivos, dejando de lado el nuevo sistema de realidad virtual Samsung Gear VR y, directamente, obviando las novedades a nivel de audio tras la compra del gigante del audio Harman, más allá de la aparición de cuatro de los altavoces de esta compañía en la Galaxy Tab S3.

Lo más destacado de la conferencia de la firma asiática fue el temple demostrado por su jefe de márketing en Europa, David Lowes, cuando un manifestante de Greenpeace subió al escenario y desplegó una pancarta protestando por las políticas medioambientales de la firma. Con educación y calma, Lowes detuvo su discurso, que estaba apoyado por hasta tres telepronter, e indicó al manifestante que ya había mostrado su opinión y que, por favor, abandonara la tarima.

Falta de disrupción

El Mobile World Congress es, en teoría, un congreso en el que los actores principales de la industria acuden a presumir, ante rivales y prensa, de sus últimas novedades. Pero no este año. La disrupción, palabra que tanto gusta en la industria, ha brillado por su ausencia. En el sector de los smartphones se han presentado nuevos dispositivos, pero tampoco han aportado nada excesivamente nuevo, se han limitado a dar un pequeño paso más sobre modelos anteriores.

En cuanto a los grandes operadores de las telecomunicaciones, poca cosa. Telefónica ha presentado su propuesta para que los usuarios sean dueños de los datos que tantos beneficios dan a gigantes como Facebook o Google, pero aún está por ver cómo y cuándo estará Aura funcionando a toda velocidad.

El tan esperado coche conectado o, si me apuran, el coche autónomo, tampoco está más cerca que hace tres semanas. La obsesión de ese sector está ahora puesta en la seguridad, sobre todo en el lado del software. Kaspersky, uno de los dominadores de la ciberseguridad, está metido de lleno en ello, pero aún sin resultados destacados.

Como muestra sólo hay ver que la organización ha elegido como mejor móvil de la edición al Samsung Galaxy S7, un teléfono presentado en el congreso del año pasado.

Ausencia de figuras

Nada de rockstars. El World Mobile Congress siempre se había caracterizado por atraer al menos a un gran nombre de la industria tecnológica, a uno de los señores de Silicon Valley que durante un rato se dejaba ver con los mortales enfundado en el uniforme habitual compuesto por zapatillas, vaqueros, camiseta y sudadera con capucha.

Los dos últimos años Mark Zuckerberg, creador de Facebook, se había dejado caer por Barcelona concentrando todos los focos a su alrededor. Este año su presencia estaba prevista, pero hace algunas semanas se acabó cayendo del cartel y los ejecutivos de márketing de GSMA, la organizadora del congreso, se tuvieron que poner manos a la obra para pescar otro nombre rutilante.

Se decidieron por la dupla formada por Reed Hastings, fundador y CEO de Netflix, y John Hanke, creador de Niantic y responsable del desarrollo de Pokemon Go. Entre ambos, como ya se veía venir, no hicieron un Zuckerberg. Hastings respondió, durante una escasa media hora, sin gracia ninguna a las preguntas de una periodista de la BBC sin desvelar ninguna novedad de la compañía, más allá de la creciente importancia del móvil para la plataforma. Por su parte, Hanke se limitó a contar que el juego de realidad aumentada tendrá tres actualizaciones en este año. Y ya.

Ambas intervenciones llenaron el aforo del auditorio principal del espacio destinado a las conferencias, pero ni mucho menos lograron concentrar tanta expectación y atención como las esporádicas visitas del extraterrestre de Menlo Park.

El Mobile World Congress es, todavía, una referencia a nivel mundial dentro del sector, pero sí que se nota que ha perdido algo de músculo a la hora de conseguir que los gigantes de la industria muestren sus creaciones en Barcelona. El tiempo dirá si ha sido una cosa puntual o si es sólo el principio del declive.