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Cinco grietas en la política vasca, el legado de 2019

El final del 'oasis vasco', la fractura de Podemos y la izquierda abertzale y la debilidad del PP marcan el inicio del 2020, año electoral en Euskadi.

Dos jóvenes izan la ikurriña.

Dos jóvenes izan la ikurriña. Mikel Segovia

No se va como llegó. En su transitar dejó heridas abiertas, grietas que fueron profundizando la fractura. El 2019 en Euskadi ha herido más de lo que se esperaba. El inicio del nuevo año, electoral en su último tramo, el País Vasco lo estrenará con la constatación de que también en la corrupción es similar al resto del país, con la distancia hacia el PP convertida en abismo, la izquierda ‘progresista’ vasca fracturada como nunca y el entorno radical con una amenaza de división que ha dejado de ser una anécdota.

Las cinco fracturas del 2019 se dejarán sentir en el nuevo curso. Lo sentirá el PNV, lo padecerá el PP y lo percibirá la izquierda abertzale. A todos ellos se les ha roto algo en el año que ahora despedimos. A los nacionalistas de Andoni Ortuzar, la capacidad para enarbolar la honradez y el ‘oasis vasco’ ante la corrupción. A los de Otegi el control hegemónico del independentismo que empieza a no ser tal. Los sectores más ortodoxos, críticos con la línea oficial de Bildu se dejan oír ya más que un lejano susurro. Y en el PP, la soledad en Euskadi y la distancia con Génova, amenazan con hacer muy complicada su recuperación.

PNV. El fin del ‘oasis vasco’

A la formación de Andoni Ortuzar los números le sonríen. Las encuestas dibujan un horizonte halagüeño de cara a las próximas elecciones autonómicas que en 2020 tendrá que convocar Urkullu. Sin embargo, los sondeos no han medido aún el impacto de la sentencia del llamado ‘caso De Miguel’, 15 condenados -muchos de ellos altos cargos o afines al PNV- a prisión por participar en una trama de cobro de comisiones ilegales. No parece que le acarree desgaste electoral, pero sí daño a la imagen y reputación de la formación.

Hasta ahora el partido de Urkullu y Ortuzar había esgrimido como una suerte de singularidad vasca el escaso impacto de la corrupción en el día a día de la política en Euskadi. Tras la sentencia que obligó al PNV a pedir perdón públicamente en boca de sus máximos representantes, la imagen de los jeltzales ha quedado resentida para siempre en la sociedad vasca.

Bildu. La fractura de ‘los duros’

La izquierda abertzale ha visto cómo en 2019 el otrora controlado mundo abertzale se fracturaba más que nunca. Los críticos a Arnaldo Otegi, contrarios al modo en el que el sector ‘oficial’ ha gestionado el final de la violencia y su progresiva ‘institucionalización’, han comenzado a ganar peso. El control que el entorno del colectivo ATA ha logrado en ámbitos como el cultural, el deportivo o el estudiantil de los ambientes más abertzales es notable.

A esa pérdida de presencia en los entornos más independentista se suma la fractura que en la izquierda ha supuesto el paso dado por Elkarrekin Podemos para convertirse en socio presupuestario del Gobierno vasco. Hasta ahora ambas formaciones habían actuado de manera casi coordinada como oposición hacia el Ejecutivo PNV-PSE. El acuerdo de Podemos, que la formación morada ha justificado como un paso hacia la “utilidad” de su acción política, deja a EH Bildu como única marca de la izquierda vasca sin influencia efectiva en la acción de Gobierno.

PP. Débiles y divididos

Ha sido un mal año para los populares vascos. Los malos resultados electorales, los peores de su historia, dejan a la formación de Alfonso Alonso en una posición delicada. A ello suman un mayor distanciamiento con la dirección nacional del partido, polémicas y encuentros y desencuentros con su portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, y una pérdida de influencia en la política vasca.

Alonso apuesta por una ‘refundación’ del PP vasco basada en explotar su singularidad dentro del organigrama nacional del partido, con la foralidad como bandera para atraer nuevos apoyos en el País Vasco.

Podemos. Criticos internos

Es probablemente la grieta menos preocupante. También la que más fácil podrá compensarse. Elkarrekin Podemos ha visto cómo uno de sus socios, Ezker Anitza, se desmarcaba de la que ha sido probablemente la decisión de mayor calado en la política vasca desde la fundación de Podemos. En la votación que aprobó los presupuestos del Gobierno para 2020 Ezker Anitza se desmarcó de la abstención que permitió sacar adelante las cuentas. Lo hizo incluso cuestionando que sus socios de coalición hubieran facilitado a Urkullu sacar adelanta el presupuesto.

El riesgo de inutilidad en el que podía caer la formación, con una pérdida de votos evidente en Euskadi, forzó, junto a las nuevas alianzas que se están negociando en Madrid, el paso delante de Elkarrekin Podemos.

Nuevo estatus. Una grieta inmensa.

Será el caballo de batalla de la próxima legislatura en Euskadi. Un foco de tensión y conflicto que en el año que ahora termina ya ha dejado una alianza rota, la alcanzada por el PNV y Bildu. Ambos partidos cerraron unas bases para la redacción de un texto articulado que fijara la nueva relación de Euskadi con España y que sin embargo, unos y otros, finalmente no han respetado. El resultado de la labor de los juristas expertos que debían proponer un documento para superar el Estatuto de Gernika, basándose en los mínimos pactados entrte PNV y Bildu, no ha satisfecho a nadie.

Bildu considera que no se ha cumplido lo pactado y el PNV ha preferido pactar con el PSE y Podemos. Los tres documentos de articulado que se presentaron a la Ponencia de Autogobierno revelan que tampoco este año Euskadi ha podido avanzar en consensos suficientes para una actualización viable y a medio plazo del Estatuto de Gernika de 1979.

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