España

El posible regreso de Juan Carlos a España genera un dilema sobre su residencia

Lo más probable es que se alojara en la casa de algún familiar o amigos que se han ofrecido a acogerle

Felipe VI y Juan Carlos I en una imagen de archivo EFE

Al Gobierno todo se le antojan problemas respecto al posible regreso de Juan Carlos I a España desde su «exilio» en Emiratos Árabes. Además de considerar que no se dan las condiciones para su vuelta dado que todavía tiene diligencias abiertas en la Fiscalía del Supremo, aunque haya regularizado su situación tributaria, otra de las dificultades añadidas es donde residiría, tanto por cuestiones de seguridad como por dar descartada que pudiera hacerlo en Zarzuela.

De hecho, y aunque admiten que ésta sería una decisión de debería tomar la Casa Real, creen imposible en Moncloa que ocupe cualquier espacio de Patrimonio y, por tanto, pagado con fondos públicos. En marzo de este año su hijo decidió retirarle su asignación anual de 161.00 euros y ya entonces surgieron voces respecto a la inconveniencia de que siguiera viviendo en el mismo recinto que el actual jefe del Estado, aunque fuera en edificios diferentes.

Casa de algún familiar o amigo

Descartan también la opción del palacio de El Pardo, al que habían apuntado algunas informaciones. «Es lo que le faltaba al Rey emérito», dicen con cierto sarcasmo en el Gobierno habida cuenta de que esa fue la residencia oficial del dictador Franco. Ahora sirve para alojar a los jefes de Estado y de Gobierno extranjeros en las visitas oficiales a España, aunque insisten en que la última palabra, en caso de regresar desde Emiratos Árabes, es de la Casa Real.

Lo más probable es que Juan Carlos I se alojara en la casa de algún familiar o amigos que se han ofrecido a acogerle, no necesariamente en Madrid, lo que le permitiría marcar ciertas distancias. Podría ser en el domicilio de su hija mayor, la Infanta Elena, también en el de su hermana Pilar, que falleció el pasado mes de enero. Sin embargo, estas opciones crean, por un lado, un problema de seguridad y, por otro, la posibilidad, no descartable, de que se produjeran protestas a la puerta de la vivienda.

Siempre se dijo que su marcha era temporal y que en ningún momento, se sustraía a la acción de la Justicia. Cree el ex jefe de Estado que después de cuatro meses en Emiratos Árabes, con 82 años y una vez regularizada su situación con las «autoridades tributarias» -tal y como rezaba el comunicado de su portavoz y abogado, Javier Sánchez-Junco- es hora de regresar y de pasar las navidades en familia, pero si bien su marcha provocó una debate político respecto al acierto de la decisión, su vuelta va a ser lo mismo de convulsa.

En definitiva, dificultades tanto de oportunidad política como de intendencia para una persona que, aunque no está imputada en ninguna causa, según destacó este viernes desde Bruselas el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene ahora mismo problemas de encaje. Aunque públicamente el Gobierno no pone objeciones a ese regreso, lo consideran de lo más inconveniente, entre otras cosas, porque afecta a la propia Casa Real.

El mensaje de Nochebuena

Y todo ello, además, cuando el monarca debe abordar el que es su discurso más particular, el de Nochebuena. Porque a diferencia de los que pronuncia el resto del año, el del 24 de diciembre se hace en Zarzuela, aunque luego se pase a consulta del Gobierno.

La expectación generada en torno al mismo crece por momentos. Si bien su discurso más trascendente fue el del 3 de octubre de 2017 cuando defendió el orden constitucional frente a la consulta ilegal de 1-O convocada por la Generalitat y allanó el camino a Mariano Rajoy para la aplicación del artículo 155 de la Carta Magna, en este se juega parte del prestigio de la institución.

Muchos esperan que, al igual que hizo su propio padre en diciembre de 2011 al afirmar que «la justicia es igual para todos» en alusión a su yerno, Iñaki Urdangarín -cuando ya se había desencadenado el caso que acabó con él en prisión- el actual monarca haga alguna alusión a Juan Carlos I. Bastaría que usase las palabras de entonces de su progenitor, esto es, toda «actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley» pero, también, «no generalizar los comportamientos individuales»

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