Ni juntos, ni revueltos. La de José Luis Martínez-Almeida y Javier Ortega Smith fue desde el principio una relación de conveniencia con más altibajos que equilibrios, dos notas de un mismo compás que siempre han desafinado. En este caso, el matrimonio forzoso de PP y Vox en el Ayuntamiento de Madrid ha terminado en desastre y la ruptura ha dejado una estela de agravios vestidos de reproches políticos. El consistorio de la capital del país está en guerra. El detonante han sido las diferencias aparentemente insalvables entre el regidor y el portavoz de Vox en la negociación de los presupuestos municipales. Pero sólo es la punta del iceberg. Antes de naufragar, el barco se tambaleaba. Y la situación en el Ayuntamiento de Madrid cuenta con una importante lectura a nivel nacional, donde Pablo Casado y Santiago Abascal parecen condenados a entenderse.

Donde algunos ven algo puntual y nada extrapolable, otros observan una estrategia política nacional para hurgar en el desgaste de un PP malherido por una crisis interna que explotó hace meses y de la que aún no se ha recuperado. Los protagonistas, de nuevo, son Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, una guerra en la que Vox, según recelan algunos dirigentes populares, ha optado por el bando que creen ganador, es decir, por acercarse a Isabel Díaz Ayuso y ‘castigar’ a los dirigentes más moderados o afines a la dirección de Génova. Pasó en Andalucía con Juanma Moreno, y ahora se repite en el Ayuntamiento de Madrid. En las baronías del PP insisten: Vox no está peleando contra el ‘efecto Ayuso’, sino que reman a favor de la corriente.

Con todo, la relación entre Javier Ortega-Smith y José Luis Martínez-Almeida ha sido cuanto menos singular. Los dos dirigentes estrecharon por primera vez la mano en junio de 2019, cuando el PP llegó a un pacto de investidura con Vox en el que figuraban compromisos relacionados con la inmigración -como un apartado en que se exigía un plan para «integrar» a inmigrantes legales «mediante un mayor aprendizaje de la cultura, la historia, la lengua y las tradiciones españolas»- o con Madrid Central de Manuela Carmena que Vox exigía eliminar. Almeida también hizo de la anulación de la zona de bajas emisiones de la capital una de sus banderas electorales, pero el asunto terminó convirtiendo a dos socios en rivales irreconciliables.

Las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2019 dejaron un atomizado panorama político en el consistorio madrileño. La victoria de Manuela Carmena en las urnas -ganó las elecciones con el 30,94% de los votos- fue agridulce porque la derecha consiguió arrebatarle el bastón de mando en Madrid. La suma de los 19 diputados de Más Madrid a los ocho del PSOE resultaban insuficientes para alcanzar una mayoría absoluta fijada en 29 asientos que sí conseguían PP, Cs y Vox juntos. El doble pacto de populares y naranjas en Ayuntamiento y Comunidad de Madrid necesitó del apoyo externo de Vox que, en ningún caso, entró a formar parte de los nuevos equipos de gobierno. Martínez-Almeida y Begoña Villacís sumaban 26 escaños. Vox obtuvo cuatro, uno más de los que PP y Cs necesitaban para mantener estable una legislatura que ahora se tambalea y que ha obligado al alcalde del PP a explorar apoyos en la izquierda.

Fotografía de archivo. Javier Ortega Smith y José Luis Martínez-Almeida se saludan tras alcanzar un acuerdo de investidura | EP

Lío de pancartas

El primer gran enfrentamiento entre el Almeida y Smith -que también cuenta con asiento reservado en el Congreso de los Diputados- llegó pocos meses después. La difícil aritmética de las urnas obligaba a PP, Cs y Vox a mantener una relación fluida y constante para evitar tensar la cuerda de un ejecutivo en minoría, pero enfrentamientos como el que se vivió en Cibeles hace algo más de dos años con motivo de un acto convocado por el Ayuntamiento en memoria de la última víctima madrileña de la violencia de género puso de manifiesto que el diálogo con Vox era una asignatura pendiente en el consistorio de la capital de España.

La disputa fue tan bronca como inesperada. El 19 de septiembre de 2019 el Ayuntamiento de Madrid convocó un minuto de silencio como acto reivindicativo contra la lacra de la violencia machista con la habitual ausencia de Vox a este tipo de citas. Para sorpresa del alcalde y del resto de fuerzas políticas allí presentes, aparecieron los concejales de Vox encabezados por Javier Ortega Smith con una pancarta alternativa a la oficial para sabotear el acto y protestar «contra todo tipo de violencias» y contra «la mentira de la ideología de género». Fue casi la primera vez que el portavoz de Vox recriminó al alcalde hacer propias las medidas de la izquierda mientras que, ante decenas de periodistas y en riguroso directo, Almeida defendió la necesidad de «consenso político» para combatir la lacra de la violencia de género y estalló contra Smith por un comportamiento que los populares tacharon de «desleal». «Me gustaría que me hubieras comunicado que veníais con otra pancarta. Ayer me dijiste que no veníais», afeó el alcalde.

La imagen se repitió hasta en dos ocasiones más, con Ortega Smith apareciendo en sendos minutos de silencio convocados meses después y negándose a posar detrás de las pancartas que clamaban contra la violencia machista al entender que «excluyen a otras víctimas». Para entonces ya había comenzado la lucha en solitario de Vox para hacer cumplir los llamados Acuerdos de la Villa, en los que se especificaba que existiesen reconocimientos expresos a «hombres, mujeres, niños o ancianos».

Ortega Smith se niega a posar junto a una pancarta contra la violencia machista en un acto de junio de 2020 | EP

«Carmeida» y el «grupo comunixto»

Otro episodio inesperado que tensó especialmente la relación entre PP y Vox en el Ayuntamiento de Madrid fue, contra todo pronóstico, la ruptura de Más Madrid. Cuatro concejales díscolos -Marta Higueras, José Manuel Calvo, Luis Cueto y Felipe Llamas- de la formación de izquierdas que en su día impulsó Íñigo Errejón rompieron con el partido por fuertes desavenencias con la portavoz del grupo, Rita Maestre, y pasaron al Grupo Mixto no sin antes pasar por los tribunales ante la oposición de Vox y Más Madrid.

Los de Ortega Smith siempre han recriminado a Martínez-Almeida la «connivencia» con los ‘carmenistas’ y los pactos ocultos con la «la izquierda más sectaria de Madrid» al permitir en el Pleno la configuración de un grupo «ilegal» que suman precisamente los mismos diputados que Vox en el consistorio madrileño. «Es una barbaridad. Es prevaricación administrativa», se jactó en denunciar el portavoz de Vox en diversas tertulias mediáticas. La formación del Grupo Mixto -o «comunixto», como se refiere a ellos Ortega Smith- previa autorización judicial fue vital para la aprobación de la ordenanza municipal de Movilidad Sostenible que debía suplir el vacío legal que dejó la sentencia del Tribunal Supremo que tumbó el Madrid Central de Carmena. El caso de los cuatro ‘carmenistas’ sigue en los tribunales, pero a Almeida le bastó para sacar adelante su propuesta de bajas emisiones, continuista con la iniciativa que impulsó la ex alcaldesa de la capital.

La aprobación del proyecto Madrid 360 con el apoyo del Grupo Mixto el pasado mes de septiembre fue un punto de no retorno entre Almeida y Smith. Entre ellos se abrió una brecha que, lejos de cerrarse, aumenta cada día. Vox intensificó sus reproches a «Carmeida», como se refiere desde hace meses al regidor por «echarse a los brazos de los comunistas». El alcalde, por su parte, trató de estrechar nuevos lazos con sus socios externos e insistió durante semanas en negociar exclusivamente con ellos los presupuestos municipales. Pero el ‘no’ de Vox en la capital, y ya con la crisis interna del PP como telón de fondo, no se hizo esperar. La ruptura expresa en Madrid distó mucho de la sintonía que se respiraba entre Isabel Díaz Ayuso y Rocío Monasterio en la Comunidad, donde ambas dirigentes sí lograron llegar a un pacto presupuestario. «Que le vaya bonito. Con nosotros que no cuente», zanjó Smith a finales de noviembre.

El cerrojazo de Vox y los recelos en el PP municipal sobre la existencia de una estrategia nacional orquestada por la dirección nacional del partido para encumbrar a Ayuso y castigar a los acérrimos a Pablo Casado colmó la paciencia del alcalde que durante la pandemia se ganó el apodo de «pacificador» por un talante sosegado que ha desaparecido en los últimos días. La furia de Almeida ha pasado por diferentes fases. En primer lugar tiró de sarcasmo para referirse a sus socios externos y forzar un acuerdo presupuestario que debía producirse «por el bien de todos los madrileños». «Madrid no es la cuna del soviet» ni «Almeida es comunista», ironizó en una entrevista hace unos días, cuando la pelea presupuestaria aún seguía viva.

Pero la reiterada negativa de Smith a sentarse siquiera a negociar enfureció al regidor del PP. De hecho, a la misma hora en que en Sol se firmaba un acuerdo político entre PP y Vox, Almeida perdía los nervios contra Smith en un tenso pleno del Ayuntamiento. «Usted hace matonismo político. Está secuestrando a todos los ciudadanos de Madrid en aras de su interés personal y particular», estalló. La última oportunidad de entendimiento llegó este jueves, cuando Almeida y Smith mantuvieron una reunión de una hora en Cibeles para tratar de encauzar una relación que ya hace tiempo que se rompió. «Esto no ha sido una reunión, ha sido un frontón», declaró el alcalde tras constatar que Vox tumbaría sus cuentas municipales.

La ruptura es total. Tanto que el PP ya ha iniciado contactos con los ex ‘errejonistas’ para evitar que las nuevas cuentas caigan en saco roto, lo que alimenta de nuevo las críticas de la formación situada a su derecha. La condición de Vox es clara: además de romper sus vínculos con la izquierda Almeida debe tumbar Madrid Central, un extremo en el que no encontrará a Martínez-Almeida. El alcalde criticó duramente que Vox no quisiese «trabajar» por su negativa a presentar únicamente una enmienda a la totalidad. «Ni siquiera se han mirado los presupuestos (…). Todo se resume en que Javier Ortega Smith pueda circular con su coche por Gran Vía. Ese viaje costará 60 millones a los madrileños», zanjaba.