España

Albares recurre al Rey para justificar el giro del Gobierno respecto al Sáhara

Elude aclarar, ante la comisión de Exteriores del Congreso, si hay cesiones de Marruecos y si Argelia estaba informada

El ministro José Manuel Albares comparece en la Comisión de Asuntos Exteriores.

El ministro José Manuel Albares comparece en la Comisión de Asuntos Exteriores. EFE

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha comparecido esta tarde en comisión en el Congreso para defender el giro estratégico en torno al Sáhara Occidental que pasa por reconocer el proyecto autonomista de Marruecos sobre este territorio, antigua colonia española. «Veníamos de una de las peores crisis con un país al que nos unen, ha dicho, lazos históricos, geográficos y humanos en alusión a Marruecos. Por ello «no podemos permitirnos el lujo de que las relaciones se apoyen en terreno inestable, necesitamos que sean cimientos sólidos».

Ha llegado a aludir el discurso del Rey Felipe del pasado 17 de enero, durante la recepción del cuerpo diplomático y en ausencia, entonces, de la embajadora marroquí, para argumentar el giro de timón en la que ha sido la tradicional política de España con respecto al Sáhara Occidental. «Con Marruecos -dijo el Rey en enero y así ha leído el ministro- nuestros respectivos gobiernos han acordado redefinir conjuntamente una relación para el siglo XXI sobre pilares más fuertes y sólidos».

Albares, que se desplazará a Rabat el próximo día 1 de abril, ha defendido que «era necesario dar una respuesta a los marroquíes y españoles y poner fin a esta falta de comunicación que solo podía redundar en un perjuicio para ambos países». Y había que hacerlo, «no de forma coyuntural, sino con ambición, de forma estructurada y para ello es indispensable que no se produzcan nuevos desencuentros».

Pero a pesar de todas las evidencias, el titular de Exteriores ha insistido en que no se ha producido un giro en la tradicional posición de nuestro país pues España llevaba años reconociendo «los esfuerzos serios y creíbles de Marruecos en el marco de las Naciones Unidas para encontrar una solución» tanto bajo gobiernos del PSOE como del PP. Al hilo de esta reflexión ha abogado por la necesidad de buscar una solución al pueblo saharaui tras más de 40 años y que «España no va a abandonar».

«Si no nos involucramos, la situación seguirá enquistada cincuenta años más. España lleva muchos años siendo un espectador y hay una oportunidad para tener un papel activo en su solución», ha proseguido. «¿Alguien quiere que esta situación dure 46 años más. Yo no. Eso no puede seguir asía, pero hay que pasar a la acción».

El ministro no a aclarado si se informó a Argelia ni aludido a la marcha de embajador

El ministro no ha hecho ninguna alusión a las contrapartidas, de existir, de Marruecos con España, de qué modo se compromete a abandonar sus reivindicaciones sobre Ceuta, Melilla y las aguas territoriales de Canarias o a dejar de presionar en la frontera con la inmigración.

Tampoco del enfado de Argelia, que ha llamado a consultas a su embajador, aspectos éstos que le ha afeado la oposición. No ha sido hasta su segunda intervención que ha aludido a este país al que se ha referido como un socio «estable, fiable y sólido también como administrador de gas y como país que siempre cumple y respeta los contratos». Pero nada ha dicho de la marcha de su embajador ni de si su diplomacia estaba informada previamente del cambio de criterio del Sáhara, respecto a la que el Gobierno ha dado dos versiones contrapuestas.

Tras dar lectura de la carta de Pedro Sánchez a Mohamed VI, ha insistido el ministro en la apertura de una nueva etapa «esencial» que «redunda en beneficio de nuestra soberanía territorial y prosperidad». Marruecos, ha recordado, es clave en cuestiones que amenazan a la estabilidad de España y Europa como la lucha contra las mafias y la inmigración irregular, «un verdadero drama humano que no debemos permitir y que también ejerce presión» sobre el país aluí.

Albares ha puesto también el acento en otras cuestiones como la cooperación judicial, la balanza comercial, el hecho de que España sea el tercer inversor en Marruecos y los flujos turísticos, para lo que ha anunciado la «interconexión completa» del tránsito entre ambos países, incluidas las marítimas, y la puesta en funcionamiento de la preparación del Paso del Estrecho. También está en el orden del día el refuerzo del control del tránsito de personas y de bienes.

Críticas generalizadas de la oposición

No ha encontrado precisamente apoyos en la oposición. No solo a su derecha, sino tampoco a su izquierda. El resto de los Grupos reprochan tanto el fondo como las formas de un proceso que se ha llevado con secretismo, falta de transparencia y serias contradicciones, como lo es la cuestión aún no resuelta de si Argelia conocía este movimiento y si Marruecos cede algo a cambio.

Las críticas han sido continuas. No tiene el respaldo del Congreso ni del propio Gobierno, donde las discrepancias no vienen solo de la mano de Unidas Podemos, sino incluso por parte de ministros socialistas.

«Aquí se viene antes, no después. Quien debería estar aquí es el presidente», le ha reprochado el portavoz vasco, Aitor Esteban, «Si es tan bueno el acuerdo, ¿por qué se esconden?», ha espetado al ministro para pasar a lamentar que a España le va a salir «a millón el gas» y ha llegado a discutir con el presidente de la comisión, Pau Marí Klose por limitarle el tiempo.

Tampoco han faltado las arremetidas de los socios de Gobierno del PSOE. Gerardo Pisarello, de Unidas Podemos, le ha reprochado fiarse del régimen marroquí y ha calificado de «inaceptable» aceptar la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.

Para Iván Espinosa de lo Monteros, de Vox, todo se reduce a que «Pedro Sánchez entrega el Sáhara occidental a Marruecos» y ha vaticinado que las relaciones con Marruecos se llevarán por delante al propio ministro Albares, como lo hizo con su antecesora, Arantxa González Laya.

La portavoz del PP, Valentina Martínez, le ha acusado de «empeorar lo que era difícil de empeorar, de una crisis ha hecho tres» y destacado algo inédito en nuestra política, esto es, la unanimidad en el rechazo de todos los Grupos Parlamentarios, salvo el socialista. Albares le ha replicado que José María Aznar no compareció ante la Cámara ante la crisis de Perejil ni se informó al PSOE, entonces en la oposición con José Luis Rodríguez Zapatero, de la operación militar para desalojarla.

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