Cuando todavía el shock de las elecciones del pasado domingo en Aragón no ha pasado, España mira ya a las siguientes urnas. Las de Castilla y León, que llegarán en apenas un mes, el 15 de marzo. Y aunque los discursos, los mítines y la maquinaria se han ido engrasando semanas atrás, ahora empieza la hora de la verdad para todos. Básicamente, para un PP, el del presidente de la Junta desde 2019, Alfonso Fernández Mañueco, que defiende la plaza; para un PSOE, el del nuevo secretario general y candidato socialista, Carlos Martínez, que lucha por arrebatarle el poder autonómico después de 39 años de gobiernos populares, y para un Vox que aspira a romper un nuevo techo. En la pugna no está por tanto ningún ministro de Pedro Sánchez, aunque sí un dirigente próximo a él y decidido por Ferraz. Con un discurso, en una cuestión clave como la política de investidura, muy distinto al reivindicado desde siempre por la dirección federal y también abrazado en los territorios. Martínez apuesta por que gobierne la lista más votada. Una posición que hasta ahora no ha asumido el PSOE y que sin embargo sí ha enarbolado el PP en repetidas ocasiones.
Ahora, en Castilla y León, Mañueco no está por la labor. Y esa es la razón por la que el barón socialista insiste en su propuesta, por la que lleva remando meses. Martínez parte del convencimiento de que el jefe de la Junta está más debilitado que otros presidentes autonómicos del PP. Tanto por su tormentoso matrimonio y posterior divorcio de Vox —Castilla y León fue la primera comunidad en la que la ultraderecha pasó al Gobierno, hace cuatro años, en 2022, aunque en julio de 2024 Santiago Abascal ordenó a los suyos abandonar todos los ejecutivos de coalición regionales— como por su gestión. A Mañueco, creen en el PSOE, le sigue lastrando la crisis por la ola de incendios del pasado verano. Y se suman esas casi cuatro décadas de gobiernos del PP en un territorio muy conservador.
En 2019, el PSOE, con Tudanca como candidato, ganó las autonómicas, pero Mañueco pudo gobernar por la suma con Cs. Y en 2022, ganó el PP, pero por solo tres escaños y 1,38 puntos más
Los socialistas, antes de que arrancara el carrusel electoral diseñado por la dirección de Alberto Núñez Feijóo —comicios anticipados en Extremadura el pasado 21 de diciembre y en Aragón el 8 de marzo, antes de las urnas obligadas, por finalización del mandato, en Castilla y León y Andalucía—, creían que podían ganar al PP el 15 de marzo. En 2019, el PSOE, con Luis Tudanca como candidato (él era el secretario general desde 2014), pudo vencer en las autonómicas, pero no pudo gobernar por la suma de PP y Ciudadanos. Y en las elecciones de febrero de 2022, los socialistas, de nuevo con Tudanca como cabeza de cartel, obtuvieron un buen resultado: 28 procuradores (31 el PP, solo tres más) y un 30,02% de los votos (31,40% los populares, apenas 1,38 puntos más). El cálculo de Martínez y su dirección es que esta vez, por la acción combinada del castigo a Mañueco y el ascenso de Vox, podía suceder como en 2019: que el PSOE ganara las autonómicas.
Martínez ha cumplido ahora un año como secretario general del PSOE castellanoleonés. No hubo primarias, pero sí una sucesión traumática, porque Tudanca, sanchista de primera hora, fue repudiado por Ferraz. La dirección federal, con Santos Cerdán como poderoso jefe del aparato, promovió la candidatura de Martínez, exitoso alcalde de Soria desde 2007, ciudad en la que había encadenado cuatro mayorías absolutas. Una de las apuestas del mandato del barón regional es, precisamente, que gobierne la lista más votada.
Los socialistas han defendido en los últimos meses que podían ganar en Castilla y León, pero tendrían difícil gobernar por no poder sumar aliados que les hagan alcanzar la mayoría de 42 procuradores
Pero, ¿por qué? No solo se explica por la convicción de la cúpula regional —antes, algo más clara, hoy, no tanto— de que puede vencer el 15-M, sino por la dificultad, en ese caso, de alcanzar la mayoría absoluta con alianzas. Dicho de otro modo, que los socialistas castellanoleoneses asumían que podían ganar en votos, pero en ningún caso podrían gobernar, porque no la lograrían con los potenciales socios de Unión del Pueblo Leonés (UPL), Soria ¡Ya! o Por Ávila. Podemos e IU-Movimiento Sumar, que concurren por separado, tienen muy difícil conseguir escaño. La mayoría absoluta está fijada en estos comicios en 42 procuradores, porque las Cortes las compondrán 82 representantes, uno más que hace cuatro años, porque gana un parlamentario la provincia de Segovia. Vox obtuvo en 2022 13 actas y un 17,64% de los votos, un umbral ya muy alto y muy próximo al que cosechó el pasado domingo en Aragón (17,88%), aunque los socialistas creen posible que pueda tocar el 20%, y si eso ocurriera "rompería el tablero". Hace cuatro años, las fuerzas minoritarias fueron Podemos (1), Por Ávila (1), Ciudadanos (1), Soria ¡Ya! (3) y UPL (3).
"Por algo Mañueco no quiere"
Martínez, desde hace meses, lleva ofreciendo al PP un acuerdo bajo notario, según el cual cada una de las dos formaciones se compromete antes de las elecciones a facilitar la investidura de quien resulte ganadora. Es decir, que antes de "salir a jugar el terreno de juego", se tengan unas reglas. "Y alguien [Mañueco] que presume de tener una confianza mayoritaria, que va de ganador, dame la mano y la jugamos. Y así cortocircuitamos a la extrema derecha. Cuando no lo quiere dar, o es miedo o que no es de fiar", explicaba el propio secretario regional en una entrevista publicada en elDiario.es el pasado 31 de octubre.
Los matices, defienden fuentes muy próximas a Martínez, importan mucho. Porque el PSOE no plantea sin más un apoyo al PP si vence el 15-M. "Debe ser acordado por los dos partidos con carácter previo a la celebración de las elecciones", señalan. "Pero por algo Mañueco no quiere. Y esto no es Aragón, ni Extremadura, y en el PP lo saben. Aquí el plano es distinto después de 40 años de gobiernos del PP y con la gestión de Mañueco sobre la mesa. Si ellos van de ganadores, que firmen. Nosotros vamos por delante en nuestras encuestas desde el principio", añaden estas mismas fuentes.
Esta es una propuesta netamente autonómica. E implica poner al PP en la tesitura de asumir un escenario que está claro que no quieren, por algo será. Sabemos que no es extrapolable a ninguna parte", apuntan en la cúpula regional
En 2022, pasados los anteriores comicios, Sánchez ofreció la abstención de su partido al PP en Castilla y León siempre que rompiese todos sus acuerdos con Vox en toda España. Una condición imposible. Ahora, por tanto, la propuesta de Martínez no es igual a la del presidente del Gobierno de hace cuatro años. "Esta es una propuesta netamente autonómica. E implica poner al PP en la tesitura de asumir un escenario que está claro que no quieren, por algo será. Sabemos que no es extrapolable a ninguna parte. Siendo polémico, ahora está más de actualidad que nunca con el auge de Vox. No lo firma ni queriendo Mañueco. Todo lo que está dando son evasivas", indica un miembro de la cúpula autonómica. El presidente de la Junta volvió a responder a la pregunta este martes y dio la misma respuesta que todas las veces anteriores: que le pregunten a Sánchez, que es jefe del Ejecutivo pese a que quedó segundo en las generales de 2023. Pero es una respuesta "hipócrita", recordaba el pasado 29 de enero el número dos de Martínez, Dani de la Rosa, porque Mañueco pidió que gobernara la lista más votada en 2019 y acabó convirtiéndose jefe de la Junta habiendo perdido él los comicios.
En Ferraz y en las federaciones siempre se ha defendido que en España la Constitución consagra un régimen parlamentario, de tal manera que lo que cuenta es reunir los votos necesarios para la investidura, no el quedar primero. Y ha reprochado de hecho al PP por reivindicar un sistema —gobierna quien gana— que no está en el espíritu ni en la letra de la Carta Magna. Pero la cúpula de Sánchez no ha desautorizado a Martínez. Ni se ha elevado la tensión en estos meses. Tampoco ahora, cuando las elecciones de Castilla y León están a la vuelta de la esquina y los focos, ya sí, están ahí.
Carlos está muy convencido de que puede repetir el éxito que tuvimos en Castilla y León en 2019", indican en Ferraz. "Él tiene su autonomía y hace uso de ella. Que juegue esa baza", dice un ministro
"Carlos está muy convencido de que puede repetir el éxito que tuvimos en Castilla y León en 2019", "es para poner frente al espejo al PP, quien volvió con la matraca fue Feijóo, así que se aplique lo que exige para los demás", apuntan dos integrantes de la cúpula federal. En el Gobierno, mismo criterio: el barón autonómico y candidato a la Junta tiene manos libres: "Cada uno se adapta a su realidad", "Carlos tiene su autonomía y hace uso de ella. Él quiere marcar su impronta y está bien que juegue esa baza", sentencian a su vez dos ministros de peso.
En la dirección castellanoleonesa indican que la posición de Martínez "está pactada" con Ferraz, de ahí que no se hayan producido encontronazos. "Todo viene en parte del trauma que supuso aquí no poder gobernar cuando ganamos en 2019 —relata un alto cargo de la ejecutiva regional—. Y para demostrar que el PP no tiene la certeza de quedar primero y que por eso no firma. Es más cuestión de relato que de fondo. Nadie en Ferraz ha dado la voz de alarma en ningún caso. Las federaciones tenemos que tener capacidad para establecer una estrategia propia".
Rifirrafe en Extremadura
Los dirigentes críticos en Castilla y León no ven tan acertada la apuesta del barón autonómico: "La llega a aceptar Mañueco —plantea una de ellos— y en menudo lío nos mete. Gana y nos pide que le apoyemos para que no pacte con Vox. ¿Y qué hacemos? ¿Cómo dejamos a extremeños, a aragoneses y al propio Pedro, que gobierna siendo segundo? Este es un sistema de mayorías parlamentarias y lo hemos defendido a muerte".
Los críticos con el líder regional no lo tienen tan claro: "Si lo acepta Mañueco, tenemos un lío. ¿Cómo dejamos a Extremadura, a Aragón y al propio Pedro, que gobierna siendo segundo?"
En otras federaciones, la abstención del PSOE para facilitar la investidura de un candidato del PP no está sobre la mesa. Este mismo martes, la presidenta en funciones de Extremadura, María Guardiola, se enzarzó con el jefe de la gestora regional socialista, José Luis Quintana. Este tachó en X de "falso" que la dirigente popular le hubiera pedido la abstención, pero en todo caso no se la dará: "El PSOE es la alternativa y no muleta del PP. El bloqueo lo tiene que resolver quien lo ha creado: ella". "La única verdad es que no negocio con este PSOE ni con el sanchismo —le replicó Guardiola en la misma red social—. Pero sí te llamé y te pedí, por responsabilidad, que el PSOE debía abstenerse, a la vista de los peores resultados de la historia de Extremadura".
En Andalucía o en Aragón no se manifiestan irritados por la propuesta de su compañero de Castilla y León. "Carlos está claramente en lo que tiene que estar, que es en ser el partido más votado en su región. Cada comunidad es un mundo propio, y él está mandando el mensaje de que va a ganar las elecciones, otra cosa es que pueda gobernar", apunta un máximo responsable del PSOE andaluz, que lidera la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero. "Es verdad que lo de la lista más votada no es lo que dicen nuestras leyes. Gobierna el que tiene el apoyo del Parlamento. No entiendo mucho el empeño de Carlos, pero cada maestrillo tiene su librillo", señala por su parte un miembro de la cúpula de Pilar Alegría, secretaria general de Aragón. El PP defendió abiertamente este martes sus acuerdos con Vox, digiere ya que es su socio: ambas fuerzas, considera esta última fuente, "ya han oficializado su matrimonio".
En Andalucía y Aragón respetan la decisión de Martínez y defienden su estrategia: "Cada comunidad es un mundo propio", "no entiendo mucho su empeño, pero cada maestrillo..."
Con firma o sin ella ante notario, la campaña se irá encendiendo según se avance hacia el 15-M. El PP concurre con la mochila a la espalda de la sorpresa de la bajada en Aragón y el PSOE, con la carga de dos descalabros consecutivos y el riesgo de otro nuevo mal resultado. En la puente de mando de la federación, eso sí, admiten que tienen oportunidades, por el desgaste de Mañueco, los 40 años del PP y el potencial de Martínez. Su conocimiento público, señalan, es bajo, pero tampoco "genera rechazo".
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