La cumbre en Évian de los líderes de las democracias más industrializadas del mundo afronta su recta final sumergida en una intensa actividad diplomática, marcada por los debates sobre los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, y con la imprevisibilidad del presidente estadounidense, Donald Trump, copando buena parte de la atención. El presidente ha llegado a la ciudad balnearia francesa recién cumplidos y celebrados los 80, todavía con resaca, al menos emocional, de los fastos sin precedentes, combate de la UFC incluido, celebrados en la Casa Blanca. Y una vez más sin la compañía de su esposa Melania.
Tras el principio de acuerdo de paz entre EEUU e Irán, las sesiones de trabajo dedicadas a la seguridad internacional han estado centradas en el conflicto ucraniano. El mandatario francés y anfitrión de la cita, Emmanuel Macron, se ha fijado como objetivo recomponer el consenso en torno al respaldo a Kiev tras los desencuentros protagonizados por Trump con sus socios europeos. Aunque los miembros del G7 han manifestado un apoyo unitario a la soberanía de Ucrania en una sesión en la que ha participado el presidente Volodímir Zelenski, la incertidumbre sobre la posición real de Washington sigue planeando sobre la mesa. Especialmente después de que en los últimos días se hayan conocido las intenciones de Trump de retirar recursos defensivos de Europa. Pese a estas fricciones, el presidente estadounidense ha abierto la puerta a restablecer sanciones al petróleo ruso levantadas por la crisis de Ormuz.
El regalo de Merz y el elogio de Versalles
Las sesiones también han dado lugar a momentos distendidos, como la entrega por parte del canciller alemán, Friedrich Merz, de una camiseta de la selección de Alemania con el número cuarenta y siete (número de la presidencia de Trump) como regalo de cumpleaños. El líder republicano también ha dejado su sello durante su encuentro bilateral con el presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, al bromear con los periodistas sobre el hilo de voz de su homólogo: "Cuando eres tan rico, puedes hablar así de bajo".
Trump ha confirmado que este miércoles asistirá a una cena en el Palacio de Versalles ofrecida por Macron con motivo del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Apasionado confeso de la decoración opulenta, Trump elogió el histórico edificio y marcó distancias con sus propias propiedades: "Versalles no es una imitación dorada; es el auténtico", dijo, haciendo mofa de sí mismo, en un gesto impropio del arrogante mandatario.
En el programa oficial reservado a los acompañantes, la primera dama francesa, Brigitte Macron, ha ejercido de anfitriona en un recorrido por la localidad medieval de Yvoire junto a las parejas de los mandatarios de Alemania, el Reino Unido y Canadá, además del esposo de la presidenta de la Comisión Europea. Melania Trump fue la gran ausente.
Brigitte y Emmanuel Macron durante la bienvenida al canciller alemán, Friedrich Merz, y su esposa Charlotte.
El imponente avión del presidente surcoreano Lee Jae-myung en el aeropuerto de Ginebra.
Brigitte Macron, siempre marcando estilo, en el Hotel Royal de Évian-les-Bains, este martes durante la cumbre.
Macron con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, tocado con un bonito sombrero Panamá para afrontar el sol del Mediodía francés.
Starmer, Trump, la primera ministra japonesa. Sanae Takaichi, el primer ministro canadiense, Mark Carney, y Merz toman posiciones.
Característica mirada de Trump a Giorgia Meloni. La amiga y aliada de Trump se ha expuesto a la ira del mandatario norteamericano por su postura respecto a las acciones norteamericanas en Oriente Próximo.
Meloni saluda al primer ministro indio, Narendra Modi, que recientemente visitó Italia.
Trump sonríe al sol flanqueado por Starmer y el presidente de Kenia, William Ruto.
El Gobierno francés ha aprovechado la cita para desplegar su proverbial 'savoir-faire'.
El Gobierno francés ha aprovechado la cita para desplegar su proverbial 'savoir-faire'.
Carney, Starmer, Trump, el secretario de Estado norteamericano Marco Rubio (de espaldas), Von der Leyen y Zelenski.
Trump llegó a Évian pocas horas después de su faraónico cumpleaños en Washington.
Merz le hace entrega a Trump de la camiseta de la selección alemana de fútbol.
Un obsequio muy oportuno en plena celebración de la Copa del Mundo, con EEUU como una de las sedes.
Trump y Carney, coanfitriones del Mundial, superando las tensiones provocadas por los aranceles y los comentarios 'imperialistas' respecto a Canadá.
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