Anda 'caliente' Miguel Sebastián, cuya amistad con José Luis Rodríguez Zapatero le llevó a ser jefe de su oficina económica de La Moncloa, alcaldable socialista en Madrid y ministro de Industria. Sebastián, empeñado en convencer al pueblo de la honradez de ZP apareció en La Sexta Xplica el pasado sábado, se marcó una tribuna en ElDiario.es y, finalmente, apareció este lunes en Al Rojo Vivo, con una subida de decibelios que no es habitual en ese programa, para denunciar que somos un país de hipócritas porque toda la clase política española ha recibido regalillos, en especial los del Consejo de Ministros, y que se va a por Zapatero porque le tienen manía.
Miguel Sebastián arremetió contra los periodistas todólogos, personalizando su inquina contra Fernando Garea, porque, según él, ahora se las daban de expertos en oro sin tener los conocimientos que tenía él sobre la materia, asegurando que el oro subía de precio con el paso de los años y que eso es lo que hacía que los regalitos que, según el expresidente, no valían más de 50.000 euros, ahora superaran el millón en tasación. Si alguien está legitimado para hablar de todología es Miguel Sebastián, que lleva gozando desde hace años de una ventana en Atresmedia para aleccionar al pueblo de todo, según el día. Le hemos visto ejercer de experto en economía, demografía, de experto en geopolítica y de experto en política sanitaria en pandemias. Y ahora, por lo visto, también es experto en tasación de oro; que aprenda Garea de él.
La mayor característica de Sebastián es su deseo de ejercer de ministro más fiel a su presidente, aunque para ello tenga que zurrar a sus propios compañeros del Consejo de Ministros.
Cuando el exministro Pedro Solbes hizo sus memorias, que incluían alguna crítica al gabinete zapaterino, ahí estuvo Miguel Sebastián en Atresmedia para atacarle con más ferocidad que ningún otro, reprochándole deslealtad, diciendo que Solbes no tenía credibilidad, que él estropeó el plan de ayudas de Zapatero por fraccionarlo y afeándole su ‘puerta giratoria’ por meterse de consejero de Enel y Barclays. Y cuando desde la izquierda del PSOE en 2012 se vituperaba a Zapatero por considerarle un vendido a los bancos (el mismo espacio político que ahora parece aclamarle como “el mejor presidente” de la historia), Jordi Évole se marcó un Salvados con Miguel Sebastián, también en Atresmedia, en el que este parecía tratar de hacer creer a los espectadores que había un PSOE bueno, que representarían Zapatero y él, que sí quiso enfrentarse a los bancos, frente a un PSOE malo que sí estaba vendido a estas perversas entidades. Évole le tiró de la lengua para que soltara nombres, y soltó el de José Blanco. Escuchando a Sebastián parecería que la culpa de la mala gestión de la crisis económica era de Solbes, Blanco y Fernández Ordóñez, y despertaba la duda de si actuaba por iniciativa propia o de camorrero de Zapatero. Si opinaba así de sus colegas Blanco y Solbes, imagínense qué dirá el día que le pregunten por César Antonio Molina.
Cohecho impropio
Pero Miguel Sebastián también tenía su lado graciosillo y ocurrente. Cuando al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, se le abrió una investigación para saber si Álvaro Pérez, ‘El Bigotes’, le había regalado unos trajes de Milano, tuvo ocasión de demostrarlo. Como no se encontraron indicios de que esos trajes fueran un soborno a cambio de que Camps les adjudicase nada, la investigación optó por ir por la vía más segura para tumbar a Camps: la de aplicar una lectura estricta del artículo 426 del Código Penal, que establece que cualquier político que recibiera un regalo “en función de su cargo” incurría en ese delito. En ese momento también se oyó por los pasillos de los políticos que, si se aplicaba esa lectura estricta contra toda la clase política, se inhabilitaba a toda la pandilla, desde los que recibían reproductores de vídeo por asistir a asambleas de entidades públicas hasta los que recibían anchoas de Miguel Ángel Revilla, como dijo por entonces la finada Rita Barberá.
El argumento de la hipocresía que usaban los del PP con la boca pequeña es el que usa ahora con la boca grande Miguel Sebastián, olvidando que él mismo estuvo entre los que hicieron chanza contra Camps: “Yo nunca he tenido nada que ocultar, siempre he pagado todos mis trajes”, decía un risueño Miguel Sebastián como forma de burlarse de Camps.
Más duros eran los portavoces del PSOE en aquella época, a nivel nacional y a nivel valenciano, con el tema de los trajes presuntamente regalados al presidente de la Generalitat. Basta echar un vistazo a las declaraciones que por aquellos días hacían Elena Valenciano, Jorge Alarte o Ángel Luna, que no compraban el discurso del “pero si todos han recibido algún regalo” que Sebastián ahora parece invocar. Pero no se quedó en un cruce de declaraciones: es que el PSOE se personó en el juicio contra Camps por cohecho impropio como acusador popular, con Virgilio Latorre ejerciendo como su letrado, y pidió directamente cárcel contra Camps por haber aceptado esos trajes como regalo, solicitando hasta 3 años de prisión y 8 de inhabilitación. Cabe destacar que esa petición de prisión la hacía el PSOE cuando Rodríguez Zapatero era su secretario general, y Miguel Sebastián estaba a su lado como uno de sus principales lugartenientes en el banco azul.
Camps, por su parte, no jugó al “todos reciben regalos”, sino a negar la mayor y decir que sus trajes los había pagado él. Al final acabó absuelto de aquel caso, que fue el que le retiró de la política desde entonces. Ahora dice que quiere volver, olvidando que el hecho de que él fuera inocente no le quita la responsabilidad política que supusieron en su etapa los casos de corrupción que, ante sus narices, protagonizaban su secretario general, su consejera de Turismo y su consejero de Solidaridad. Pero, justo por cohecho —por la pena por la que los socialistas le quisieron enchironar— y por lo que Sebastián y otros se rieron de él, no se pudo acreditar nada.
En el caso de Miguel Sebastián es interesante su habilidad: el hombre es capaz de percibir el cambio de valor del oro en los últimos 20 años, que tantos periodistas incompetentes son incapaces de vislumbrar, pero a la vez carece de la capacidad para visualizar lo que ha cambiado él y su discurso en estos mismos 20 años. “La hipocresía”, titulaba su artículo en defensa de su exjefe. Él algo sabe del tema.
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