Algo cambió el pasado miércoles. Alberto Núñez Feijóo acudió al prime time televisivo, en concreto al programa El hormiguero de Antena3, para quitarse complejos. Fue la primera vez que admitió la posibilidad de un gobierno de coalición con el partido de Santiago Abascal. Lo pudo decir más alto, pero no más claro. Tras tres pactos consecutivos en Extremadura, Aragón y Castilla y León -quizá Andalucía tenga otras dinámicas- el líder del primer partido de la oposición se rindió a la tozudez de la aritmética electoral. "Quiero gobernar en solitario, lo he dicho por activa y por pasiva. Ahora bien, yo voy a aceptar, cómo no, el resultado de las urnas", dijo sobre la eventualidad de un ejecutivo de coalición. Porque si los números no le dan para gobernar en solitario "nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno de acuerdo con los principios básicos de nuestros partidos", explicó.

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No fue un desliz, aquello que se suelta acorralado por una pregunta incómoda en un intento por salir del paso. 1.630.000 espectadores. El segundo programa más visto de esa franja horaria del miércoles tras el Inglaterra-Croacia del Mundial que emitió TVE. Con esa audiencia no se va a improvisar, sino a aprovechar el momento, justo el mismo día en que el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero pasaba por la Audiencia Nacional.

El giro estratégico no se ha debatido en el comité de dirección

El Independiente ha podido confirmar que el significativo cambio de estrategia no fue debatido en el comité de dirección del partido. Pero a muchos de sus miembros no les sorprendieron las palabras de su jefe de filas: "Nada en absoluto. Las urnas mandarán", dicen a modo de resumen. El nuevo mensaje debió macerarse en ese núcleo estrecho, estrechísimo, con el que aterrizó el gallego hace cuatro años a Madrid. Pero desde hace tiempo son muchos los dirigentes y cuadros populares que defienden la necesidad de normalizar la posibilidad de una confluencia entre ambos partidos tras las próximas elecciones generales. El argumento más repetido pasa por contraponer los pactos de Pedro Sánchez con Bildu a los acuerdos del PP con Vox, algo asimétrico, habida cuenta de que la coalición liderada por Arnaldo Otegi no forma parte del Ejecutivo de Sánchez, aunque se ha mostrado como el socio más leal.

"Mi objetivo es gobernar en solitario. Ahora bien, no voy a demonizar a un partido que es el tercer partido de España, que más de tres millones de españoles dicen que le van a votar. Yo soy un demócrata", se justificó Feijóo ante un entregado público de El hormiguero. Recordó cómo sus cuatro mayorías absolutas en Galicia le permitieron gobernar sin ataduras, algo que, admitió, sería el escenario ideal, pero si bien "yo no quiero gobernar con nadie, aceptaré el resultado de las urnas y garantizaré la estabilidad política de mi país". Blanco y en botella.

Feijóo se desdice de su compromiso en el 21 congreso del PP

Nada que ver con lo dicho en el 21 congreso popular, celebrado en julio del año pasado, donde explícitamente comprometió un gobierno monocolor aún a riesgo, aseveraron con posterioridad en Génova, de ir a una repetición electoral. Eso sí, no habría más vetos que a Bildu, sin cordones sanitarios a Vox "porque sus votantes merecen un respeto y no estoy dispuesto a arrinconarles".

La dirección popular lleva tiempo defendiendo que los pactos con Vox ya están asimilados por un amplio sector de los ciudadanos. De hecho, "nuestros militantes ven con toda normalidad que pactemos con una formación política con la que nos unen muchas cosas", dicen en el equipo de Feijóo tras haber sondeado este asunto. La vicesecretaria de Coordinación Sectorial, Alma Ezcurra, enumeró recientemente cuáles son esas cosas que les unen: "tenemos en común muchas preocupaciones y muy sensatas: la decadencia de España, la inseguridad en las calles, la inmigración descontrolada, el deteriodo de los servicios públicos...".

No habló de lo que les separa, como el antieuropeismo de Vox, su rechazo del modelo autonómico, una política económica intervencionista y el respaldo a los aranceles. También el enfrentamiento de los ultras con la Corona y con la Iglesia, ahora atenuada por la visita del Papa León XIV a España.

Las líneas rojas

Y todo ello sin olvidar lo que el PP ha convertido en políticas a preservar, entre otras, el pacto contra la violencia de género, la igualdad, el aborto, los derechos LGTB y la ley trans, aunque esta última con modificaciones. Lo cierto es que Vox no ha hecho batalla de estos asuntos en sus acuerdos autonómicos. A cambio, el PP ha endurecido su política de inmigración -uno de los grandes caballos de batalla de Abascal- y acepta la "prioridad nacional", pero con una interpretación ligth, basada en el arraigo, que poco tiene que ver con la de los ultras.

Otro destacado miembro del comité de dirección explica que, "a veces hemos pasado en los territorios mucha vergüenza con Vox, pero no somos dueños de los tiempos que nos toca vivir y España necesita un cambio" que sólo es posible con el concurso de este partido. Pero independientemente de ello, "siempre he defendido que hay que meterlos en los gobiernos". Sólo si asumen el desgaste de gestionar pueden dar la medida exacta de su capacidad "mientras que desde fuera es muy fácil hacer política gamberra", aduce.

"¿Va a querer Santiago Abascal asumir la carga de ser vicepresidente del Gobierno?"

Un presidente autonómico plantea una duda que planea por Génova y a la que, de momento, no hay respuesta. "¿Va a querer Santiago Abascal asumir la carga de ser vicepresidente del Gobierno?", se pregunta. Incluso admite la especulación en torno a la posibilidad de que "opten por quedarse fuera del Ejecutivo dando soporte parlamentario" al PP o que el líder de Vox "delegue en otra persona" la 'tediosa' tarea de gobernar. Ojo, no es una tesis descabellada con el antecedente de Pablo Iglesias, quien apenas aguantó de vicepresidente catorce meses, entre enero de 2020 y marzo de 2021.

Feijóo estaba abonado a la tesis de que la actual coalición gubernamental entre PSOE y Movimiento Sumar "no ha funcionado" y, por tanto, no era un modelo a imitar. También que son "tantas y tan profundas las reformas a acometer tras el paso de Pedro Sánchez por Moncloa que sólo un Ejecutivo sólido y estable puede abordarlas", dicen desde el Grupo Popular. Pero la realpolitik y la aritmética electoral, aducen en Génova, se impone.