El presidente de Vox, Santiago Abascal, viene protagonizando estos días el primer viaje de precampaña electoral para las municipales, autonómicas y generales de la primera mitad del próximo año. La primera parada han sido las cuatro provincias catalanas, donde la inmigración ronda de media el 20% y donde el partido busca fortalecerse a costa del desgaste socialista. Todo en paralelo a Aliança Catalana, que persigue ese camino incidiendo principalmente en Junts. La inmigración viene siendo desde 2024 el principal eje discursivo de Vox, está dominando múltiples debates de la vida pública, y cuando no, los ultraconservadores canalizan cualquier asunto secundario y tejen una posición vinculada al impacto del extranjero.
Frente al feminismo, Vox se presenta como garante de la defensa de la mujer, situando el problema no en condiciones de desigualdad estructural dentro del sistema, por machismo, sino porque la inmigración masiva, dicen, provoca un choque cultural que les afecta a ellas y a su libertad. Se señala principalmente a la inmigración de origen africano y árabe, y siempre conectado al rechazo al islam y esa pugna planteada entre Occidente y Oriente.
En esa línea, Vox ha destacado por promover iniciativas como la supresión del velo islámico en espacios públicos, encontrando apoyo en el PP para los acuerdos autonómicos o en el Congreso. Haciendo comparativas de una mujer blanca y occidental, joven, frente a una completamente cubierta con burka. También ha alertado de una de las preocupaciones principales de muchas mujeres, el temor de volver solas a casa por la noche por ser agredidas sexualmente, aunque vinculándolo a una presunta inseguridad asociada a la inmigración. Y, muy especialmente asociado a Ceuta, ha aprovechado los episodios de violaciones sexuales registrados para hablar de "terror sexual" en la ciudad para atacar al Gobierno.
Hay un debate de fondo, hay que destacar, entre las distintas sensibilidades que componen Vox. A veces se plantea el problema de la inmigración irregular mientras que otras veces se habla de reemigración, conceptos completamente distintos, en los que el segundo trasciende y apela a lo étnico independientemente de la regularidad o no. Incluso a descendientes de migrantes nacidos en España. Un concepto que viene asociado a los movimientos ultras blancos del norte de Europa décadas atrás y que están haciendo suyo los partidos nacional-populistas. El discurso de Abascal y los suyos oscila entre ambos y se entremezcla.
En el caso de los jóvenes, mientras la izquierda no termina de resolver desde el Gobierno, sin mayorías, problemas como el de la vivienda –de hecho ni los socios de coalición discrepan sobre las recetas–, Vox vincula al crecimiento migratorio el tensionamiento en las grandes ciudades, la subida de precios y por extensión la saturación y deterioro de servicios públicos.
Si se atiende a los estudios demoscópicos publicados recientemente y que se dan después de la crisis de Ceuta, las críticas generalizadas al Gobierno por la tardanza en la gestión y la consolidación de dos discursos, el de "invasión" de las derechas y el de "crisis humanitaria" de las izquierdas, el mayor beneficiado es Vox. No solo por ganar votantes de nichos como el de los abstencionistas de 2023, sino por intensificar el apoyo en segmentos como el de los más jóvenes o nuevos votantes, y en más complicados, como entre las mujeres.
El peso femenino en Vox
El voto femenino de Vox ha crecido en los últimos años. En estas páginas se ha dado constancia de ello, aunque siempre el partido de Abascal ha destacado por concentrar el apoyo de una mayoría masculina. Un 80-20% inicial en 2019 que ha ido acortándose a un balance 65-35% aproximadamente.
De esos sondeos, solo el CIS y 40dB recogen este tipo de variables sociodemográficas en los datos difundidos. Difieren en porcentajes, pero ambos estudios, el primero de carácter público y el segundo privado, apuntan a ese impulso. Hacia la atracción de votantes cada vez más chovinistas en dos franjas sociales que en las últimas décadas, especialmente en la pasada, viene destacando por un perfil más izquierdista o progresista. Transformando los microdatos del CIS de septiembre a un balance final sobre el 100% de los votos a Vox, ese equilibrio queda en 57-43%. Pero si se compara con el estudio anterior, de julio y previo a la crisis de Ceuta, se aprecia un ascenso importante en ese espacio de tiempo: 64-36%. Es un incremento de 7 puntos tras un desgaste y cuando el debate ha estado muy centrado en la inmigración.
Hay algo menos de excepcionalidad si se compara con todos los estudios del año del CIS, con Vox ya bien posicionado electoralmente, metiendo presión al PP y con elecciones y negociaciones autonómicas con los de Alberto Núñez Feijóo de fondo. Entre marzo y junio, los meses donde ha habido barómetro nacional, de media el porcentaje de hombres votantes de Vox se ha situado en el 60% y el de mujeres en el 40%, son 3 puntos extra en el global en todo caso tras esta crisis. Pero esa recuperación de 7 puntos tras un hundimiento es muy reseñable.
Por su parte, 40dB refleja un crecimiento entre julio y septiembre, aunque más limitado. Con los datos del barómetro, se ve un incremento del voto femenino de Vox del 42,5% al 43,5%. Un punto. Sí es destacable que aunque Ceuta ayuda, el ascenso viene cosechándose durante todo el año, especialmente desde junio, algo que puede atribuirse a la 'normalización' de relaciones con el PP, la pérdida de ese 'miedo' a Vox, y a la estrategia de desdemonización emprendida por Bambú al estilo de Le Pen en Francia. De media, entre enero y junio, el voto femenino en Vox ha representado el 39%.
Otra encuesta puntual de Cluster17 a finales de agosto situó el balance de género y voto de Vox en un 59-41% respectivamente, en la línea del resto. Pero la de 40dB, además, incluye cuestiones que ayudan a entender en parte el incremento. Más allá de Ceuta, preguntadas por si la inmigración, un 28,9% cree que es "positiva", un 55,9% es "negativa" y un 15,2% no sabe o no contesta. En el segundo caso, superan ligeramente a los hombres, que lo valoran así en un 51,2%. Seis de cada diez mujeres consideran que es el problema más importante de España. Y un 26% ven exclusivamente a Vox capaz de gestionarlo. Es el doble que al inicio de la legislatura.
Esa valoración negativa es más intensa entre los más jóvenes, precisamente el público al que el marco de Vox les deja como perdedores del sistema frente a la presunta competencia por los recursos contra esos migrantes, pese a su contribución al sistema y el gasto menor de recursos sobre lo que se invierte. Entre 18-24 y 25-34 años, un 62,5% y un 63,6% ven negativamente la inmigración. Pero va atenuándose por franjas superiores hasta un 46,6% entre 54 y 64 años.
Incremento entre los más jóvenes
Según 40dB, Abascal recupera bastante terreno entre los jóvenes con la crisis de Ceuta. De julio a septiembre, Vox pasa de conseguir el voto del 19,8% al 23,5% entre los 18 y 24 años. 3,7 puntos que, si se observa el recorrido de todo el año, es un dato muy positivo para Bambú aunque todavía algo menor. En febrero se alcanzó una adhesión del 28,3%, se superó el tercio de los jóvenes que querían votar a Vox en esa franja entre marzo y abril, con un tope del 35,6% en esa última medición. Mayo mantuvo ese tercio, pero desde entonces hasta julio se descendió progresivamente hasta por debajo de los 20 puntos.
Mayor estabilidad viene teniendo Vox entre los adultos jóvenes, con porcentajes de 20-30 puntos, aunque caídas puntuales por debajo. Ceuta sí que ha hecho pasar ese dato del 21,7% al 24,4%. Hay una ligera discrepancia entre 40dB y el CIS. El centro público mantiene a Vox a niveles de julio entre los jóvenes, pero entre los 25-34 años sí que detecta un crecimiento desde un 17,3% a 19,6%. En la franja más joven, el organismo ve una evolución ligeramente positiva en PSOE y Sumar, y una bajada en paralelo de PP y Vox. Respecto a esos adultos jóvenes, el PP se mantiene al alza, sutilmente, pero sí destaca sobre el resto Abascal en preferencia.
Frente a Vox, el PP viene teniendo altibajos entre los 18-24 años, pero viene subiendo paulatinamente entre los de 25-34 sin que la subida de Vox le afecte a ojos del CIS. Cambia para 40dB, con un ascenso muy sutil mes a mes en ambos casos. De media, teniendo en cuenta ambas demoscópicas, Feijóo está ocho puntos por debajo de Abascal en cada franja. Ceuta no le da un incremento de voto femenino, mayoritario en el PP, le mantiene estable desde hace meses.
Sánchez, seis puntos menos de apoyo tras Ceuta
Hay un dato llamativo de 40dB: Sánchez se deja 6,2 puntos de respaldo entre los más jóvenes en un mes tras la entrada masiva de más de 72.000 personas -según datos del Gobierno- entre el 30-31 de julio. Entre los 18-24 años, el PSOE pasa de tener el apoyo del 27,7%, ocho puntos más que Vox, a caer hasta el 21,5% y ser superado por Abascal como referente. De 22,9% a 20,1% en el caso de 25-34 años. Hay, en todo caso, un desgaste general más atenuado a mayor edad.
El voto de las mujeres se mantiene en su caso, firme. Al igual que el PP, los socialistas tienen más voto femenino entre sus filas que masculino. Tezanos sí observa una caída del 28,7% al 25,5% tras Ceuta, pero ambas casas vienen evidenciando este año que esa distribución del voto se mueve de media entre 22% y 28%. Eso, sobre el 100% de los votantes del PSOE, es un 58%.
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