El mismo día que Abelardo de la Espriella tomaba posesión como presidente, Colombia reconocía la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. Este giro en la política exterior colombiana fue sorprendente por el momento en el que se produjo, a las pocas horas de la investidura, pero no se trató de un hecho aislado. En los últimos años, el régimen alauí ha logrado atraer a su causa a buena parte de los Estados latinoamericanos, antaño aliados del Frente Polisario.
Panamá, Costa Rica, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Guatemala, Republica Dominicana, El Salvador, Honduras y Paraguay. Son todos los países que en los últimos dos años han roto relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática, pasando a reconocer el plan de autonomía marroquí como la solución al conflicto más viable, o directamente la soberanía alauí sobre el territorio.
Perú es el caso más reciente. Antes de confirmarse su victoria electoral, Keiko Fujimori ya había mostrado su intención de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Dicho reconocimiento se materializó hace unas semanas, en el marco de la Asamblea General de la ONU celebrada a finales de septiembre. La cancillería peruana fue un paso más allá y dijo querer abrir un consulado en Dajla para que la ciudad sirva como "plataforma para el acceso de los productos peruanos a los mercados africanos".
Chile adoptó la misma decisión, también en el marco de la Asamblea de la ONU. Pero, en su caso, ha roto años de neutralidad institucional respecto al conflicto. A pesar de las propuestas para reconocer oficialmente a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), ni Michelle Bachelet ni Gabriel Boric se decidieron a entablar relaciones con el Gobierno saharaui. Sin embargo, José Antonio Kast ha optado por mover ficha a favor de Rabat cuando no lleva ni un año en el poder.
Un contexto diferente
Muchos de los países latinoamericanos que reconocieron a la RASD lo hicieron durante la década de los ochenta del siglo pasado. El primero fue Panamá, en 1978. En noviembre de 2024, el Gobierno de José Raúl Mulino suspendió las relaciones y este mes de septiembre ha anunciado su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, nuevamente con la Asamblea de la ONU como telón de fondo.
La cita en Naciones Unidas ha sido un escenario muy favorable a los intereses de Rabat en el Sáhara que es, a ojos de la ONU, un territorio pendiente de descolonización, el último en África. El propio ministro de Exteriores marroquí, Nasser Bourita, ha subrayado que este apoyo internacional a sus planes durante el periodo asambleario "demuestra que el camino hacia una solución continúa su curso". Casi todos los gestos favorables hacia Marruecos han llegado de países latinoamericanos.
Cabe destacar que no es insólito que los países latinoamericanos revoquen su reconocimiento a la RASD cuando hay cambios de ejecutivo. Perú y Colombia han roto y retomado las relaciones en varias ocasiones. Sin embargo, en esta ocasión, el abandono colectivo coincide con la intensa ofensiva diplomática desplegada por Marruecos en los últimos años.
Aunque hace cuarenta años el subcontinente americano se mostrase solidario con las movimientos de liberación en otras regiones, el contexto geopolítico ha cambiado mucho desde entonces. Frente a la lógica de bloques de la Guerra Fría, en la actualidad nos encontramos ante un mundo multipolar. "Se ha ido desvaneciendo la preocupación específica por cada conflicto en cada lugar", asegura a El Independiente Sergio García.
En este sentido, el investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales de Panamá (CIEPS) admite que la cuestión del Sáhara es "inexistente" en la agenda pública latinoamericana.
El efecto Trump
García explica que el ascenso al poder de varios candidatos de la derecha populista latinoamericana no tiene que ver con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Bajo su punto de vista, este movimiento pendular se explica por "la insatisfacción general" de la ciudadanía con la clase política. Sin embargo, aprecia un alineamiento de las posturas de estos gobernantes con las políticas que EEUU está implementando a nivel mundial.
Y una de las decisiones más controvertidas en materia diplomática del presidente norteamericano llegó en diciembre de 2020, poco antes de finalizar su primer mandato. En aquel momento, Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara, a cambio de que Rabat estableciese relaciones con Israel.
La poca presencia del conflicto en los debates públicos implica que, para los actuales gobiernos de derechas en Latinoamérica, sea más sencillo alinearse con Trump en este asunto. Mientras que la decisión de Abelardo de la Espriella de retomar relaciones con Israel ha encontrado una fuerte oposición en la sociedad colombiana, su abandono al Sáhara no ha encontrado una contestación significativa. "No creo que haya un nivel de conocimiento del conflicto lo suficientemente amplio como para justificar nada más que el beneplácito de los gobiernos de derecha con Estados Unidos en torno a estas a estas cuestiones", apunta el experto del CIEPS.
Marruecos, un socio atractivo
Además de mostrar sintonía con Trump, los Estados latinoamericanos han encontrado otro tipo de alicientes para mostrar su apoyo a Marruecos, principalmente económicos. Cuando anunció su cambio de postura, el Gobierno colombiano se abrió a la posibilidad de negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) y ampliar las inversiones de Marruecos en Colombia.
En la misma línea se expresó el Gobierno marroquí cuando anunció que Chile reconocía su soberanía sobre el Sáhara. "Los dos ministros procedieron también a la firma de los Términos de Referencia para iniciar la negociación de un acuerdo de libre comercio entre los dos países", informaba el comunicado emitido por Rabat.
Sin embargo, desde la Asociación Chilena de Amistad con la RASD han denunciado otro tipo de maniobras para ganarse estos apoyos. Esta organización chilena asegura que, durante años, el lobby marroquí ha financiado "costosos viajes" a Rabat y a las ciudades de El Aaiún y Dajla, en el Sáhara ocupado, para dirigentes políticos y autoridades chilenas.
Qué le queda a la RASD
Durante décadas, Cuba ha sido el mayor aliado del Frente Polisario. Miles de saharauis han viajado a la isla caribeña para formarse en sus escuelas, y la presencia de brigadas médicas en los campamentos de refugiados en Tinduf es una constante. Sin embargo, este apoyo se ha visto afectado por el asfixiante bloqueo económico que sufre la isla desde hace meses.
Además de Cuba, tan solo otros cuatro países en toda Latinoamérica reconocen en la actualidad a la RASD: Uruguay, Venezuela, Nicaragua y México. El líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, fue uno de los muchos dirigentes internacionales presentes en la toma de posesión del presidente uruguayo, Yamandú Orsi, a comienzos de 2025. Su cercanía al rey Felipe VI durante el acto no sentó bien en Marruecos.
También estuvo presente en la toma de posesión del mexicano Andrés Manuel López Obrador. Para la de su sucesora, Claudia Sheinbaum, envió al primer ministro de la RASD, Bucharaya Hamudi. Pero, aunque las relaciones con México sean estrechas, la presión para que la presidenta se sume al giro de sus colegas latinoamericanos ya ha comenzado.
En febrero de 2025 se inauguró el Observatorio Mexicano del Sahara Marroquí, una plataforma dedicada a legitimar la ocupación del territorio saharaui por parte de Rabat. Su presidenta, María Reyna Carretero Rangel, señaló en su discurso inaugural que "el fortalecimiento del vínculo histórico con la región magrebí está en el mejor interés nacional de México hacia el siglo XXI". Por ello, mostraba su intención de introducir en el debate público el reconocimiento del plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara por parte de su país.
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