Serhii Plokhy, profesor de Historia de Ucrania en la Universidad de Harvard y una referencia en el estudio del espacio postsoviético, vuelve a situar la amenaza nuclear en el centro del debate internacional en su nuevo libro La era nuclear. Armas atómicas, poder y supervivencia (Desperta Ferro). El historiador advierte de que el mundo ha entrado en una nueva carrera armamentística atómica, marcada por menos controles, más actores y un escenario de inestabilidad agravado por la guerra de Ucrania.

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Plokhy sostiene que la disuasión nuclear sigue siendo hoy el principal freno frente a una confrontación de consecuencias imprevisibles. Desde el miedo como motor de proliferación hasta el derrumbe de los tratados de control armamentístico, pasando por el papel de las instalaciones nucleares en la guerra y el dilema de nuevos aspirantes como Irán, el autor traza un diagnóstico que es un aviso: la era nuclear nunca terminó, solo cambió de forma.

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P: Sostienes que el mundo ha entrado en una nueva carrera armamentística nuclear. ¿Estamos hoy más cerca del lanzamiento de una bomba nuclear que en el pasado?

R: Sí, hoy estamos más cerca del lanzamiento de una bomba nuclear. La razón principal es que ahora hay más países con armas nucleares que durante la Guerra Fría y menos tratados de control de armamento que en aquella época. Más actores y menos regulaciones se traducen en más posibilidades de colisiones en la autopista nuclear. Las amenazas nucleares, en particular las procedentes de Rusia, han vuelto a formar parte de la política internacional. Lo positivo es que ya contamos con la experiencia de la Guerra Fría y, al menos, sabemos lo que hay que hacer: debemos decir «no» al apaciguamiento y «sí» al control nuclear.

P: La OTAN parece estar desdibujándose; si llegara a desaparecer, ¿necesitaría Europa ampliar su arsenal?

R: La agresión rusa contra Ucrania se convirtió en la mayor guerra del siglo XXI en gran medida debido al desarme nuclear de Ucrania (las potencias nucleares no libran ese tipo de guerras entre sí). La retirada de las armas nucleares del territorio ucraniano en la década de 1990 generó un vacío de seguridad que atrajo la agresión. Si se retira el paraguas nuclear estadounidense del resto de Europa, esta podría ser la siguiente en sufrir una agresión. Por lo tanto, si el paraguas estadounidense desapareciera, Europa necesitaría otro paraguas o un conjunto de paraguas nucleares más pequeños para protegerse.

P: La guerra en Ucrania ocupa un lugar central en su análisis. ¿Qué ha cambiado esa guerra en la lógica de la disuasión nuclear?

R: La guerra ha confirmado que la disuasión nuclear es la mejor, si no la única, forma de garantizar la seguridad de un país. Hoy en día, nadie cree que sea una buena idea renunciar a las armas nucleares y arriesgarse a padecer el mismo destino que Ucrania. Por el contrario, muchos piensan que es una buena idea adquirir armas nucleares y no depender de la buena voluntad de los aliados. Otra cuestión que ha cambiado esta guerra es el papel de la energía nuclear en los conflictos militares. Rusia sigue atacando con drones las instalaciones nucleares ucranianas, en particular Chernóbil. Los drones ucranianos tienen capacidad para alcanzar los 36 reactores que Rusia tiene en la parte europea del país. El significado de cómo podría ser una guerra nuclear acaba de cambiar. La energía nuclear se convierte en una vulnerabilidad, permitiendo un ataque «nuclear» contra un país no nuclear por parte de un adversario no nuclear. La frontera ilusoria entre «átomos para la guerra» y «átomos para la paz» está desapareciendo.

La prueba Trinity, desarrollada en el marco del Proyecto Manhattan, fue la primera detonación de un arma nuclear de la historia.

P: Usted habla del miedo como motor tanto de la proliferación como del desarme. ¿Sigue siendo hoy en día un factor racional o se ha convertido en una fuerza incontrolable?

R: Sobrevivimos a la Guerra Fría gracias al «equilibrio del miedo». Eso significa que ninguna superpotencia ni alianza militar tenía la certeza de poder utilizar armas nucleares sin ser castigada por ello, no mediante la condena internacional o las sanciones, sino mediante un ataque nuclear en represalia. Si una de las partes tiene más miedo que la otra, ahí es donde desaparece el equilibrio, y ese desequilibrio puede, efectivamente, convertir el miedo en una fuerza incontrolable.

P: En un mundo en el que Corea del Norte posee armas nucleares, ¿tiene Irán derecho a poseerlas también?

R: Ningún país que posea armas nucleares tiene el derecho moral de decirle a otro país que no las tenga. Pero el mundo no funciona así. Los países que forman parte del «club nuclear» imponen sanciones o libran guerras para impedir que otros tengan armas nucleares. Antes de que una nueva potencia nuclear se una al club, siempre hay un periodo de pánico mundial sobre lo que esa nueva potencia haría con el arma. Eso ha ocurrido con casi todos los «recién llegados», incluidos China, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte. Históricamente sabemos que las nuevas potencias nucleares no se apresuran a utilizar sus armas: no pueden competir con las potencias nucleares más antiguas en número de armas y medios de lanzamiento. Se unen al club y siguen las reglas. No conocemos el futuro, pero este es el patrón que nos ofrece la historia.