A Pedro Sánchez y a su sanedrín monclovita hay que reconocerles la habilidad para salir victoriosos de los escenarios más complicados y éste de ayer lo era en principio en dosis muy altas.

El PP había anunciado ya que votaría No a la prórroga por un mes del estado de alarma, que era lo que propuso inicialmente el presidente del Gobierno. Ciudadanos había dicho también que no iba a votar esa pretensión y ERC estaba dispuesto a considerar su voto negativo si es que se daban unas determinadas condiciones en las negociaciones que se estaban llevando a cabo.

Así las cosas el Gobierno lo tenía muy difícil, más bien imposible. Estaba al borde de ser derrotado en la votación del Congreso. En esas circunstancias, tenía dos opciones: o terminaba con bien las negociaciones con ERC o dejaba ese asunto para más adelante y mantenía temporalmente su reciente acercamiento con Ciudadanos y le prometía todo lo que el partido naranja quisiera pedir a cambio, eso sí, de que pasara del No anunciado por su portavoz Edmundo Bal a un Sí que le salvara a Sánchez la sesión.

Pues no se hable más, pensaron en La Moncloa. Cedemos el plazo de un mes, que no importa nada salvo la molestia de tener que acudir otra vez si es necesario a pedir un nuevo plazo al pleno de la Cámara y nos comprometemos a asumir con Cs compromisos que de todos modos tendríamos que aceptar porque no tenemos más remedio, como el que ya asumimos el 6 de mayo de no vincular la aplicación de los ERTE a la duración del estado de alarma y unas cuantas cosas más que no vamos a cumplir pero que van a dejar muy conforme a Inés Arrimadas.

Sánchez tiene muy claro a quiénes debe la permanencia en el cargo y eso es algo que en ningún caso va a poner en peligro

Cosas como la de que se aplazará el pago de impuestos, que no habrá negociaciones con los independentistas catalanes para retomar la mesa Gobierno-Generalitat y algún asunto más de adorno como que se agilice el pago de las prestaciones por ERTE y que se estudie el pago de las prestaciones extraordinarias a los autónomos por cese de actividad. Ah, y que el mes de julio sea hábil en el Congreso para poder recuperar el tiempo perdido.

Nada de eso le costaba ningún esfuerzo al Gobierno a la hora de pactar con Ciudadanos para obtener de ese partido un Sí que liberaba al Gobierno de someterse por necesidad imperiosa a las exigencias de un Gabriel Rufián que seguro que se iba a indignar por el pacto con el partido naranja pero al que tenemos tiempo, mucho tiempo, pensaron en La Moncloa, para volver a contentar.

Y dicho y hecho. Ciudadanos ha conseguido exclusivamente que la prórroga del estado de alarma lo sea por sólo 15 días. Y nada más en concreto aunque previamente a la sesión del Congreso, Edmundo Bal había hecho unas declaraciones en las que quedaba de manifiesto su ingenuidad: «Nuestro acuerdo no es compatible con una negociación en la que pueda haber concesiones nacionalistas. No valen las dos vías. Es inadmisible que en una crisis como la que tenemos se pueda poner encima de la mesa algo así”. Por eso resultó conmovedor escuchar a Bal decirle a Pedro Sánchez y a la Cámara en general: «¡No tiene un nuevo socio, sus socios son estos que le dejan tirado ahora!».

Naturalmente que no, no serían socios ni aunque quisieran serlo porque el que no quiere de ninguna manera es el propio presidente del Gobierno, que tiene muy claro a quiénes debe la permanencia en el cargo y eso es algo que en ningún caso va a poner en peligro. Pero, por si a alguien le hubiera quedado alguna duda, Pedro Sánchez se encargó de dejarlo meridiano en una de sus intervenciones: «No cambiamos de socios, el Gobierno mantiene sus compromisos de legislatura».

El Gobierno ha sacado adelante su propuesta a cambio de una cesión quizá molesta pero de todo punto irrelevante para sus intereses

Por eso nadie puede dudar que la mesa de diálogo Gobierno-Generalitat se va a reanudar, claro que sí, aunque en Ciudadanos parecen estar convencidos de que han parado en seco esa iniciativa. Pobrecitos. Lo que sucede es que eso se recuperará, aunque no todavía porque aún se tienen que ocupar los negociadores socialistas de cosas más urgentes relacionadas con la crisis del virus. Ya se puede ir despidiendo Ciudadanos de la idea de haber desactivado ese proyecto. Y si eso es lo que creen, habrá que recordarles que la ingenuidad y el candor no son buenos compañeros de viaje en la vida política.

El partido de Arrimadas ha jugado -y esta vez de un modo especialmente decisivo- el papel de comodín en manos de un jugador que no tenía buenas cartas y al que le han salvado la vida, parlamentariamente hablando, esas dos semanas que ha cedido a cambio de un voto afirmativo que le ha resuelto la jugada. El precio de Ciudadanos iba a ser mucho más barato que el de ERC, con el que el Gobierno dispone de los casi cuatro años que le quedan por delante para darle satisfacción en asuntos más relevantes que el de si el estado de alarma va a durar 15 días o 30.

La quinta prórroga ha salido adelante por 177 votos a favor y 162 en contra. Por eso el Gobierno no tenía necesidad urgente de pactar con ERC todas las condiciones que ese partido le había puesto sobre la mesa. Es más, podía permitirse el lujo de negarse a aceptar cuestiones que, si hubieran tenido la necesidad de sus votos, habrían incorporado inmediatamente sin objetar.

Eso es lo que explica que los negociadores catalanes en ese diálogo mantenido con los socialistas, tuvieran la impresión de que éstos estaban mareando la perdiz. Y efectivamente era así, la estaban mareando. Pero que no quepa a nadie ninguna duda de que la factura de los republicanos para asegurarle al presidente la legislatura será puntualmente abonada cuando sea pasada al cobro. Por eso el lamento de Gabriel Rufián -«estamos llevándonos por delante, quizás irremediablemente, el espíritu de la legislatura”- no tiene sentido porque de ninguna manera se van a cumplir sus ¿temores, amenazas? por la cuenta que le tiene al propio Pedro Sánchez.

Que una medida que va a revolcar la vida económica se pacte con un partido como el de los proetarras es una sorpresa mayúscula y constituye un escándalo de primera magnitud

Si Ciudadanos se hubiera mantenido en el No, la votación habría quedado hipotéticamente en 167 votos a favor y 172 en contra. Y digo hipotéticamente porque con ese cálculo en mente el PSOE se habría apresurado a aceptar todo lo que ERC le hubiera reclamado. Pero de este modo la operación le ha salido redonda al Gobierno porque han matado dos, o más bien tres, pájaros de un tiro.

Primero, han sacado adelante su propuesta a cambio de una cesión quizá molesta pero de todo punto irrelevante para sus intereses.

En segundo lugar han roto por mucho tiempo el bloque del centro derecha, cosa que el presidente Sánchez se ha regocijado en pasarle por la cara a Pablo Casado: «Entre la unidad y la ultraderecha, usted ha escogido la ultraderecha» en referencia a Vox cuyo líder ha hecho un buen discurso, duro pero contenido y que al final ha resultado más templado que el que ha pronunciado el presidente del PP.

Y en tercer lugar ha salido indemne de esta prueba sin que nadie le reclamara la menor explicación sobre su compromiso de promover una reforma legal en las leyes ordinarias de modo que pudieran sustituir con igual eficacia la ley que regula el estado de alarma. De esa promesa no se ha vuelto a saber nada ni hay la menor noticia de que se hayan siquiera iniciado los trabajos previos necesarios para abordar esa reforma.

Pero lo verdaderamente importante, la noticia bomba, se ha producido minutos después de terminado el pleno de la prórroga: ¡el Gobierno ha pactado con Bildu la inmediata derogación de la reforma laboral!

El asunto es de una envergadura tal que parece inverosímil. Es decir, el que una medida que va a revolcar la vida económica de España, y mucho más en estas circunstancias, se pacte con un partido como el de los proetarras, que además de ser quienes son, tienen cinco escuálidos escaños que ni siquiera eran necesarios para sacar adelante la votación de hoy entre otras cosas porque se han abstenido, es una sorpresa mayúscula y constituye un escándalo de primera magnitud, perpetrado además con alevosía y mantenido en secreto hasta el fin del pleno con la deliberada intención de engañar a Ciudadanos, ocultándoles ese acuerdo con los de Bildu -más nacionalistas imposible- para no poner en peligro sus 10 deseados votos afirmativos.

Por eso se hace necesario, imprescindible, esperar a tener más información para poder abordar el asunto con la seriedad que una cosa así requiere. Y eso haremos en El Independiente, ténganlo por seguro.