Los casos de corrupción se parecen bastante entre si. La innovación en el arte de la distracción del dinero, ya sea público o privado, escasea. Lo que indica que los corruptos o han leído poco o bien se sienten muy seguros cuando delinquen imitándose unos a otros con descaro.

En una ocasión, un empresario alemán, al que yo le mostraba mi admiración por la rectitud de las multinacionales germanas, me confesó que no es oro todo lo que reduce en tierras del Rhin. Allí también cuecen habas: «Para generar dinero B algunas empresas hacen donaciones a ordenes religiosas en países extranjeros, generalmente del continente africano. Esas congregaciones no tienen la obligación de rendir cuentas al fisco, así que una parte de ese dinero va efectivamente a financiar causas humanitarias, pero la mayor parte se utiliza para fines inconfesables».

Ven. Eso si que es original. No sé si la legislación alemana habrá cambiado, pero aquí en España, la filial de una de sus empresas creyó que lo tenía tan fácil que recurrió al tosco método del «convoluto», que hizo célebre el ex embajador Guido Brunner.

Detrás de cada caso de corrupción hay una venganza. Las femeninas y las de los contables o abogados son las más peligrosas.

Lo que le está sucediendo a Podemos con José Manuel Calvente me recuerda mucho a lo que le sucedió al PSOE con Carlos Alberto Van Schouwen, allá por el año 1991.

A Van Schouwen le contrató el PSC para llevar las ficticias cuentas la red de Filesa, Malesa y Time Export, sociedades que hacían estudios inventados que cobraban a precios astronómicos a grandes empresas y bancos, dinero con el que se financiaban las campañas del partido. En fin, algo que luego hicieron El Bigotes y Correa en la famosa trama Gürtel.

Van Schouwen cobraba una miseria pero por sus manos pasaba la mayor parte de la financiación irregular del PSOE. Así que pidió lo que él pensó que se merecía, una modesta subida de sueldo. La respuesta fue decepcionante: Luis Oliveró -el socialista que le contrató- le amenazó con denunciarle ante Inmigración, dado que era ciudadano chileno y se encontraba en situación irregular en España. Años después, ya con Pasqual Maragall al frente, el PSC pidió «papeles para todos». Hay propuestas que llegan a destiempo.

Como Van Schouwen se encontraba en situación comprometida y tenía ganas de pasarle factura a sus patronos llamó a un periódico (El Mundo) y se así se descubrió todo el pastel. Seis años después de la denuncia, el Tribunal Supremo condenó, entre otros, al ex responsable de Finanzas del Grupo Socialista, Carlos Navarro, a 11 años de prisión.

Por cierto, cuando publicamos en el periódico el primer capítulo del escándalo Filesa, la Comisión Ejecutiva del PSOE desmintió en una nota la información y nos amenazó con llevarnos a los tribunales.

A diferencia de lo que sucedió con la denuncia del contable de Filesa, el «yo acuso» de Calvente llega en el peor momento de Podemos y puede provocar la implosión del partido

El Van Schouwen de Podemos se llama José Manuel Calvente, que fue durante cinco años miembro del equipo jurídico de la organización y desde mayo de 2018 a diciembre de 2019 también responsable de protección de datos.

Calvente llevaba meses denunciando internamente irregularidades; entre otras, el montaje del robo del móvil de Dina Bousselham, cuando fue despedido por «acoso sexual» a otra abogada, Marta Flor, que se ocupaba hasta hace poco de la defensa de Pablo Iglesias en el turbio asunto del teléfono.

A Van Schouwen le amenazaron con denunciarle ante Inmigración, a Calvente algo mucho peor: le acusaron de acoso sexual. Afortunadamente para el denunciado, la causa ha sido ya archivada.

Calvente sabe muchas cosas sobre el modus operandi de Podemos. Su puesto era clave en el partido, cuyos líderes, en lugar de atender a sus avisos, primero echaron tierra sobre ellos y luego pretendieron acallarle de por vida.

El ex abogado de Podemos acudió a la Guardia Civil de Martorell y puso en conocimiento de los agentes hechos como la contratación de empresas a las que se pagaron grandes cantidades de dinero para asesorar en campañas electorales; el precio inflado en la construcción de la nueva sede del partido, el uso indebido de fondos del partido, etc. Fue la Guardia Civil la que dio traslado del asunto al juez de Martorell, estimando dos posibles delitos: malversación y administración desleal. El juez de Martorell se inhibió en favor de los juzgados de Madrid, que, en reparto, le adjudicaron el caso al juzgado 42, cuyo titular es Juan José Escalonilla.

Mediante dos autos, dictados el 30 y el 31 de julio, Escalonilla ha citado como investigados a Juan Manuel del Olmo (secretario de Comunicación de Podemos y director de campañas del partido); Rocío Val (gerente) y Daniel de Frutos (tesorero). También ha pedido datos sobre las sociedades en las que está presente Juan Carlos Monedero y apunta a la empresa Kinema (de la que fue vicepresidenta Val y que fue fundada por Rafael Mayoral), como beneficiada en determinados contratos. Por ejemplo, cuando Manuela Carmena fue alcaldesa de Madrid, el Ayuntamiento le pagó 472.000 euros en un año por trabajos tales como la «coordinación a una oficina de apoyo a la economía social».

Detrás de cada caso de corrupción hay una venganza. Las femeninas y las de los contables o abogados son las más peligrosas

Algunos de los temas denunciados por Calvente e investigados ahora por el juzgado 42 figuran también en un demoledor informe del Tribunal de Cuentas.

En fin, como ven, el círculo íntimo de Iglesias, tendrá que responder ante el juez por presunta corrupción el próximo mes de noviembre.

La respuesta de Podemos tampoco difiere mucho de la que dieron en su día otros partidos en casos similares.

En primer lugar, ha presentado un recurso ante la Audiencia Provincial de Madrid pidiendo la nulidad o el archivo del caso. Los argumentos son, cuando menos, endebles:

1º Los hechos denunciados se basan en «apreciaciones subjetivas¨.

2º Las pruebas se obtuvieron «en el ejercicio de sus funciones en Podemos» y, por tanto, Calvente estaba obligado al «deber de sigilo y confidencialidad».

3º Se trata de una investigación prospectiva, una «causa general».

Los dos primeros son contradictorios entre sí: por un lado se afirma que las acusaciones no tienen fundamento y, por otro, se dice que los hechos se conocieron por la labor que ejercía el denunciante y que, por tanto, debería haber mantenido en secreto ¿Son falsos o ciertos? Respecto al argumento de la «causa general» sólo hay que recordar a Podemos sus escritos como acusación en todos y cada uno de los escándalos que han salpicado al PP.

Junto a este recurso, el partido ha salido al ataque de la mano de dos de sus arietes: Pablo Echenique, que ha vaticinado el archivo de la causa y ha afeado a los medios que en lugar de averiguar dónde está el rey que robó a manos llenas nos ocupemos de cosas tan insignificantes como la investigación por posible corrupción en Podemos. Por otra parte, Rafael Mayoral se despachó en la Cadena Ser insinuando que el juez actúa en connivencia con Vox (dijo que la investigación es un «aderezo de la moción de censura») y recurrió al manido argumento del vienen a por nosotros: «En su día se intentó que no entráramos en el Gobierno. Hoy quieren sacarnos del Gobierno».

El presidente del Gobierno se ha mantenido al margen del asunto que afecta al partido con el que gobierna en coalición. Pedro Sánchez apeló el pasado miércoles, tras su audiencia con el Rey Felipe VI en el palacio de Marivent, a la «independencia de los tribunales». Si hay algo que no le quita el sueño a Pedro Sánchez es que Podemos esté débil. Cuanto peor le vaya a Iglesias más libertad tendrá el presidente para, por ejemplo, hacer unos presupuestos que estarán en las antípodas de lo que desearía Podemos.

Cuanto peor le vaya a Iglesias, más libertad tendrá el presidente para, por ejemplo, hacer unos presupuestos que estarán en las antípodas de lo que desearía Podemos

Iglesias, como otros antes que él, en esto tampoco es original, ha pecado de soberbia. Creyó que podía engatusar a un juez de la Audiencia Nacional con su rocambolesca teoría sobre las cloacas y estuvo a punto de conseguirlo. Lo normal es que García Castellón esté un poco molesto con la actitud del vicepresidente en el caso Dina. Creyó que le iba a salir gratis el despido y la acusación falsa, por un delito tan grave como el acoso sexual a Calvente y ahora lo tiene enfrente y con capacidad para provocar un verdadero terremoto interno en la organización.

Pero, a diferencia de Van Schouwen, el «yo acuso» de Calvente llega cuando Podemos está en el momento más crítico de su corta historia. El PSOE de 1991 era todavía el partido más votado de España y volvió a ganar las elecciones generales de 1993, e incluso estuvo a punto de ganar las de 1996. Sin embargo, Podemos ha desaparecido del mapa en algunas comunidades autónomas y en otras está en franco retroceso. Las encuestas le dan al partido de Iglesias la mitad de los escaños que logró en los comicios de noviembre de 2019. Tan sólo Tezanos se apiada de Iglesias.

Van Schouwen no pudo acabar con el poder del PSOE, aunque el caso Filesa marcó un antes y un después en la trayectoria del partido. Calvente, por contra, puede llevar a Podemos al borde del abismo. Por lo pronto, muchos de sus votantes empiezan a tener dudas de que éste sea el partido que puede regenerar la vida política en España.