Opinión

EL GOLPE

Zapatero y Sebastián, reyes de Zamunda

José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Sebastián, en la sede del PSOE.
José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Sebastián, en la sede del PSOE. | EUROPA PRESS

Hay que tener cuidado por ahí, que enseguida te enjoyonan sin darte cuenta (debe de ser algo así como cuando te embarazan sin darte cuenta). Uno sale de ministro o heraldo y puede volver como emperatriz de la China o como esposa de un futbolista, con pagodas en las orejas y ombligo de diamante, gordo como un pomo. Es lo que ha tratado de transmitir Miguel Sebastián en un artículo que pretendía disculpar a Zapatero, esa reina madre con carroza de reina madre. Sí, hay niveles, hay dignidades, en los que te caen joyas como a otros les caen bayetas de la vecina, arcangélicas cagadas de paloma o semillas de plátano de sombra, con abundancia y pegajosidad de bukake vegetal. Te caen las joyas y, como te caen puestas, y tan bien puestas, yo creo que ellos sienten que es cosa del destino, como Excálibur. La verdad es que la defensa de Sebastían es mala, porque deja a Zapatero en una especie de rey emérito o rey de Zamunda del socialismo, que quizá es lo que era. Zapatero era un poco rey de la izquierda, con poncho y sombrero como una llama con sombrero, y en realidad él no veía la diferencia entre aceptar una esmeralda o una maraca, que es todo tribal, ceremonial y cascabelero.

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Podemos pensar que esos collares de decapitada y esos pedruscos casi cósmicos son un lujo, una horterada y un ansia que no se corresponden ni con la izquierda ni con el buen gusto ni con la decencia ni con la vergüenza, pero es que lo estamos viendo desde el punto de vista del puro capitalismo. Vemos perlas, vemos zafiros, vemos como pequeñas cabezas de bebé engarzadas en diamantes, vemos el colmo del lujo, que no es el valor sino la inutilidad. Pero es que vemos con nuestra mirada de pobre alienado por el capital y de ciudadanito cuya escala económica es el café cortado. No lo vemos estética ni simbólicamente, ni lo vemos geoestratégica o globalmente. Yo creo que para Zapatero esos joyones son como plumas de un collar de plumas o como cocos de un collar de cocos. Igual es cierto que el país o la tribu con sus diamantes de sangre o con sus marmitas de sangre o con su salud de oro o petróleo le ha regalado a Zapatero un collar como un ancla, pero eso lo mismo ha evitado una guerra económica o militar, o ha salvado a mil opositores, o a mil koalas. Así que esos collares con los que Zapatero o Sonsoles parecen egipcios de casino o herederos austrohúngaros se pueden ver incluso como bellos escapularios de beato.

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Nuestras escalas simbólicas y económicas son ridículas, el menú currante o el menú ejecutivo, el cuarto de alquiler con vistas a ese patio interior en el que se han ido suicidando, exhaustas y desesperadas, las lavadoras; el ir en metro con acordeonistas siniestros como estranguladores que mueven las manos a tu alrededor... Pero un ministro, un presidente, un concejal de urbanismo, no sé, ellos viven en otra escala, un zafiro amelonado puede ser sólo señal de respeto, un oro como extraído del mismo ojo de un dios de la montaña puede ser la promesa de paz entre civilizaciones, y un millón quitado a los pobres para dárselo a sus gurús, como Zapatero, puede hacer más contra la injusticia que repartir el millón entre los pobres y que sólo toquen a unos cuantos cacahuetes para cada uno. Además, un joyón que está en las manos sarmentosas de un izquierdista es un joyón quitado de las manos mantecosas de la derecha, un joyón que ya no oprimirá al obrero, y puede ser por ello mismo el más exacto símbolo del mal evitado.

La defensa de Sebastían es mala, porque deja a Zapatero en una especie de rey emérito o rey de Zamunda del socialismo, que quizá es lo que era

Yo no sé si estoy viendo más fondo y más sacralidad en el argumentario de Sebastián que el propio Sebastián, que quizá sólo reivindica el lujo como otro objeto de trabajo, como si esas joyas fueran sólo yunques u hormigón. Sebastián iba por ahí y le daban regalos, a veces con la escala desmesurada del que lo regalaba, que ya se te acercaba con un nido de rubíes en la frente, como huevos de águila, y claro, no te va a regalar unas yemas de Santa Teresa de por allí, sino un diamantón como un caramelazo de Baltasar. La cortesía abruma, la cortesía agobia, pero no hay que ser maleducado. O sea que incluso los más modestos socialistas, que viven bajo la pana a sólo un paso de vivir bajo un cartón, terminan aceptando esmeraldas y rubíes como los higos chumbos y las sandías de mermelada que te regala el labriego con toda su buena voluntad. Nosotros es que no podemos imaginarnos el peso de un ministro, como el de un elefante enjoyado, ni el de un expresidente, como un mueble bar de la abuela, o sea no podemos imaginarnos el ahogo que les da a ellos todos esos collares como cepos, esos pedruscos como de letal kryptonita, que uno ha aceptado por educación y luego se ha olvidado de dejárselo a Patrimonio, o de soltarlo desde el globo en el que regresan, por descuido.

La verdad es que yo creo que el argumento de Sebastían es muy real, o sea muy monárquico, muy juancarlista. En realidad, todos esos regalos, con más peso o brillo (algunos parecen sucios como espejos), se los merecía Zapatero (y hasta Sebastián) por lo que estaba haciendo por la humanidad y hasta por el universo, donde él podría colocar sus pedruscos como supernovas. Igual que don Juan Carlos, por traernos la democracia en una jaca, se sentía merecedor de sus pelucos, yates, tacos, agasajos, ventajas y prebendas. Y también sentía que era una humillación pasar por la aduana y por Hacienda, como si fuera un comerciante de chacinas. Claro que un rey sólo manda en sus veleros, rebecos y porrones, mientras que un político o conseguidor de la política influye en decisiones nacionales o globales, y las decisiones con joyón no son las mismas que con porrón.

Sebastián usa un argumento supuestamente democratizador (lo hacen todos) que es en realidad un argumento aristocrático (porque lo valemos) y, en todo caso, inmoral, que sólo empata con los otros (a los que acusa sin nombrar). Claro que la defensa del PSOE está ahora en eso, en empatar. La verdad es que a mí me parece todo muy sencillo: a Bambi le gusta el dinero como a casi todo hijo de vecino, y le gusta el lujo como a cualquier futbolista o político de Regional. Está mal acumular joyas oscuras, horteras, hipócritas y como desenterradas, pero está peor acumular bajezas y delitos. Y ahí sí que tiene Zapatero una buena colección política, moral y judicial. Y Sebastián, poca munición de plata para defenderlo.

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