Opinión

EL GOLPE

Otra sanchista en el país de Nunca Jamás

Otra sanchista en el país de Nunca Jamás
La directora general de la Guardia Civil, Mercedes González Fernández (1d) | Europa Press / Gustavo Valiente

Mercedes González, directora de la Guardia Civil, quizá no eligió bien sus frases, que es lo peor que le puede pasar a un político (ella lo es, no es una alegoría de la Benemérita ni una infanta benefactora). Con su presencia y su vestidito, que ya eran un poco de muerta antigua, de muerta de polio, de muerta ya al hacerle la foto en vida para el aparador / mausoleo de la familia; con su cosa de muñeca de cama, de muñeca de señora con demasiadas muñecas, y con lo que llevamos visto, en fin, yo creo que no debería de haber dicho eso de “este, señorías, es uno de mis tesoros”. Ella se refería a su “ética” (cuán benévolamente se juzga siempre la ética propia), pero seguro que todos pensaron que iba a sacar otro joyón del estilo Zapatero, de ésos enterrados con la muerta, bajo sus trenzas canosas, y luego desenterrados con la pala y conservados en la misma tierra de cementerio y en la misma ceniza de sus cofias. Tampoco debería haber dicho como una docena de veces eso de “jamás, nunca”, que suena a plañir de Ábalos y Cerdán, que también pasaron por ese aparadorcito del Senado o de la muerte, y ya ven. Ese “jamás, nunca” huele a desesperada sobrecompensación y además estropea todas las crónicas, que todos dirán algo sobre este país o este sanchismo de Nunca Jamás, que a mí me lleva más a Poe, y hasta a Gloria Fuertes, que a Peter Pan.

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Traía la directora de la Guardia Civil su tesoro, ahí en su pañuelito de encaje, en su manga de violín, tras su ojo de muñeca; el tesoro que ella decía que era su ética pero que entre los ecos de la actualidad y los de las tumbas sólo sonaba a recochineo. Ya es difícil creer en la ética de los muñecotes sanchistas, pero todavía más cuando te la sacan en el discurso como una paloma de un guante contradiciendo la investigación de su propia Guardia Civil y sus propias palabras. Ya sabíamos que Mercedes González, que no es una madrina de las artes ni un caballero del Santo Grial, sino un político (¿por qué tiene que mandar un político en la Guardia Civil?), iba a negarlo todo. Es lo que hay que hacer y lo que han hecho todos los que la precedieron, incluso los que traían bajo el brazo la chistorra, la muñeca hinchable, el pedrusco de las mil y una noches o el maletón de Delcy con disimulo de maletilla con su maletilla. Claro que iba a negarlo todo, aunque no se pudiera sostener, insisto, ante los informes de la UCO, lo que han visto nuestros ojitos, lo que ella misma dijo y lo que dijo su jefe Marlaska, que al menos tuvo el reflejo humano de griparse, de bloquearse ante sus contradicciones (lo comentábamos el otro día en el Zapping), igual que los robots de Asimov.

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La verdad es que no sé que hace el personal intentando todavía pillarle las contradicciones o las trolas a esta gente, cuando los primeros que se contradicen son ellos mismos, empezando por Sánchez. Yo creo que ya sólo deberíamos escucharlos para flipar con el cuento, con la fantasía, el barroquismo o el absurdo de sus historias. Por ejemplo esa cosa como de Caperucita, de encuentro en el bosque y de lobo con pololos, que tiene eso de verse en un café con Leire Díez para hablar de fruslerías, de compotas, de los abuelos, de la vida. Esa Leire Díez, ejecutora de Cerdán, con licencia para matar y cheque en blanco de Ferraz, tomando cafés con la directora de la Guardia Civil porque se conocieron como por carta, cuando una era delegada del Gobierno en Madrid y la otra estaba en algo de Correos. Sí, y en esa amistad sin amistad, y en esa cortesía sin ninguna necesidad, y en esos cafés con nube de sueños, había ilusiones periodísticas y quizá un amago de dejar el currículum, pero nada de lo que le interesaba ni de lo que estaba intentando no ya Leire sino todo el aparato con Cerdán al mando y Hernando revoloteando. Yo creo que la cosa iba más para égloga o para amor parisino que para cloaca. Prefiere verlo uno así, que ya no hace falta buscarle ni lógica ni ética a lo que parece que no la tiene.

Ya es difícil creer en la ética de los muñecotes sanchistas, pero todavía más cuando te la sacan en el discurso contradiciendo la investigación de su propia Guardia Civil y sus propias palabras

Ya no se les puede hacer caso, ni yendo de ministrones, ni de estadistas, ni de columnata institucional, que todavía se puso Mercedes González, una mandada como todos los que siguen con Sánchez, de ejemplo de profesionalidad, responsabilidad y lealtad a la Guardia Civil (eso sí, no le ha debido de doler tanto la cosa como para demandar a Leire y a sus cloacas por enfangar el prestigio de su amado Instituto Armado y el suyo propio). Ya no se les puede escuchar queriendo sacar verdades o filtrar mentiras, sólo puede uno enternecerse o maravillarse con el cuento que le echan, que hasta se había vestido hoy González como de Alicia. No vale la lógica, no vale la evidencia, no vale el sentido común, no vale ni lo que ellos mismos han dicho o desdicho antes. El sanchismo ya es como una pseudociencia o una secta, completamente infalsable. No hay prueba que destruya la fe, no hay barbaridad que no se explique por la voluntad o el designio divinos, o por la íntima convicción de verdad o utilidad; la duda es fruto de la ceguera o del Diablo y todo se resume en que los estafadores parecen santos o los santos son indistinguibles de estafadores. Lo más que podemos esperar de esto es que salga algo literario, sea bello o terrible.

Nada de lo que dice esta gente tiene ya ningún valor, salvo cuando se ponen líricos o macabros. Cuando viene, por ejemplo, una directora de la Guardia Civil vestida de niña ahogada, de aparecida con su corazón arrancado en las manos (su “tesoro”), de princesa robada y profanada por mendigos, de marquesita con escándalo, soponcio y dignidad (el escándalo, el soponcio y la dignidad que les hemos visto a todos, de Ábalos / Torrente a Zapatero /  Nefertiti). Sí, vestida incluso de hada del país de Nunca Jamás (todos lo pondrán y tendrá que ponerlo uno también), otra sanchista en el país de Nunca Jamás, pero mezcla de libélula, Pilarica y Dama de Elche. Yo no sé si fue guasa o desliz eso del tesoro, eso de caer, o no caer, en las asociaciones mentales que se podían hacer con el joyerío de tronío y poderío del sanchismo austrohúngaro (voy a terminar como Berlanga, mencionando al Imperio Austrohúngaro en cada artículo). Desde luego, sería el colmo del chorrafuerismo sanchista que los que están en la picota hoy todavía se cachondearan de los que estuvieron ayer o estarán mañana. Pero no es que no elijan bien las frases, ni las excusas, ni las mentiras, es que les da igual. A estas alturas sabemos que la verdad sólo la sacarán los jueces y los periódicos, y me refiero a la prensa que sigue siendo prensa, no el pajar del señorito ni el cuento de la buena pipa.

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