El desarrollo del acto pro referéndum de este domingo no cumple las expectativas de Podemos. La cumbre en Zaragoza para pedir al Gobierno un referéndum pactado quedará muy lejos de ser un acontecimiento histórico, como quería su líder, Pablo Iglesias. La Asamblea de Parlamentarios se anunció el lunes con la intención de escenificar un bloque común frente al Gobierno, pero la fotografía del acto no acompañará a estas intenciones. No asistirá ningún líder político nacional más allá que el propio Iglesias y Alberto Garzón (IU), sin apenas representación de las fuerzas independentistas y con la gran ausencia de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid y uno de los emblemas del cambio.

El rechazo inmediato del PSOE a la propuesta dejó a Podemos solo con las fuerzas independentistas. A esto se suma que PdeCat y ERC han rechazado mandar a sus principales dirigentes y enviarán una tímida representación con políticos menos conocidos. PdeCat enviará tres, ERC dos y PNV sólo uno. No estarán ni Joan Tardà, ni Gabriel Rufián ni representantes de la Generalitat, centrados ahora en la campaña del referéndum. Tampoco irá Oriol Junqueras, líder de los republicanos catalanes, pese al acercamiento que ha experimentado con Podemos en las últimas semanas, después de que se reuniera en secreto con Pablo Iglesias para abordar una posible alianza electoral en Cataluña.

Este pacto no se daría a cualquier precio. La condición de ERC es el apoyo al referéndum, y Podemos ha desviado su estrategia hacia el cumplimiento de esta premisa. Del rechazo directo al referéndum han pasado a alinearse con los partidos independentistas para pedir una negociación in extremis con el Gobierno antes del 1-O, y a defender la legitimidad de esta cita con las urnas, suspendida por el Tribunal Constitucional. También se posicionó con las fuerzas soberanistas contra la «represión» del Gobierno y para pedir la liberación de los altos cargos de la Generalitat detenidos por la organización del referéndum, a quienes calificaron de «presos políticos». Un lenguaje que también ha sido utilizado por el propio Puigdemont y que se ha convertido en un elemento discursivo clave en la defensa de la consulta.

En su anuncio, Iglesias hizo un llamamiento a todos los cargos públicos de los partidos «que ven el 1 de octubre como un referéndum o una movilización», así como a los alcaldes de municipios de más de 50.000 personas, para proyectar una imagen de unidad contra el PP. El planteamiento inicial pasaba por contar con caras destacadas entre sus filas, pero el objetivo sólo se ha conseguido a medias. Aunque estará Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Xavi Domènech, líder de En Comú Podem, habrá grandes ausencias en la Asamblea de Parlamentarios.

Colau irá de forma simbólica, y ni Carmena ni ‘Kichi’ acuden a la llamada de Iglesias

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, tampoco acudirá a Zaragoza pese a ser uno de los símbolos de los llamados Ayuntamientos del Cambio, utilizados por Podemos como muestra de su éxito institucional en algunas grandes ciudades. En su lugar acudirá Rita Maestre. La otra gran representante de los ayuntamientos del cambio es Ada Colau, que tendrá una presencia simbólica el domingo, que coincide con el día de la Mercè, patrona de la capital catalana. Aunque el inicio del acto estaba previsto para las 10 horas, finalmente se ha adelantado a las 9 para permitir a Colau acudir a los primeros compases del encuentro, aunque su presencia será simbólica: es la figura más destacada que acude al acto y será quien lo inaugure, aunque la alcaldesa dedicará a ello menos de una hora porque tiene que desplazarse a Barcelona, donde a las 11.30 horas hay un acto por la festividad condal.

Otra de las grandes ausencias será la del alcalde de Cádiz, José María González Kichi, otro de los primeros ediles con los que Podemos demostró en 2015 que el cambio era posible en las instituciones y que dos años después no se unen a Iglesias en su iniciativa, tomada desde arriba y sin informar a los suyos. Sí estará, en el papel de anfitrión, Pedro Santisteve, alcalde de Zaragoza, y alcaldes de Galicia: el de A Coruña, Xulio Ferreiro; Ferrol, Jorge Suárez; y Santiago, Martiño Noriega, todos ellos de En Marea, la filial de Podemos en Galicia.

Apuesta por las calles

Con la Asamblea del domingo, Podemos ha vuelto a su apuesta de movilizar las calles. Una apuesta que intentó llevar a la práctica el miércoles en una manifestación pro referéndum en la madrileña Puerta del Sol. El encuentro logró una escasa participación pese al llamamiento del partido y a la asistencia de sus principales representantes. Si la manifestación fue un primer pulso, el acto del domingo es la prueba de fuego para comprobar el poder de movilización de Podemos. El lugar escogido para el acto, el Pabellón Siglo XXI en Zaragoza, tiene un aforo de más de 2.800 personas, y los vacíos podrían empañar la imagen pretendida por Iglesias.

Podemos ha tenido que pedir el permiso al Ayuntamiento de Zaragoza, controlado por la propia formación morada, después de que la Diputación provincial de la ciudad rechazara la petición para celebrar la cumbre en el espacio público Ciudad Escolar Pignatelli, dependiente de esta diputación. El Consejo de Administración del recinto, compuesto por miembros de todos los partidos, acordó con los votos de PP y PSOE denegar el permiso, al considerar que su finalidad era celebrar “una cumbre prorreferéndum” en Cataluña, más aún teniendo en cuenta la suspensión de un acto similar en Madrid.

Podemos no tardó en acusar al PSOE de Pedro Sánchez de intentar «vetar» el acto y de «alinearse» con el Gobierno en su acción «represora». Unas acusaciones que responden a la estrategia frentista de Podemos, que quiere dibujar dos bloques en el que el PSOE quede junto al PP y Ciudadanos. En un intento por zafarse de esta envolvente, Pedro Sánchez hizo la petición expresa a su grupo parlamentario de rechazar la iniciativa de Cs de apoyo institucional al Gobierno.

No es la primera iniciativa que Podemos utiliza para cargar contra los socialistas. La moción de censura fallida contra Mariano Rajoy guarda serios paralelismos con el episodio del domingo: aquella medida tenía entre sus objetivos principales el de atacar a Sánchez y situarle con el Gobierno, según el documento Éramos pocos y llegó Sánchez publicado en exclusiva por El Independiente.

En aquella ocasión, como en esta, se quedó solo con las fuerzas independentistas, aunque sí logró una cosa: durante los dos días que duró el debate de la moción en el Congreso de los Diputados, Podemos consiguió estar en el centro de todos los focos. En esta ocasión, dada la escasa movilización generada, está en duda su repercusión real en la agenda política. Un arma que forma parte de los pilares del partido y que hasta el momento han manejado a la perfección. Un descalabro en términos de impacto y movilización en el acto del domingo podría suponer en este sentido un punto de inflexión en el Podemos que hoy conocemos.