El Independiente

Podemos pincha con su campaña sobre la España plurinacional: ni 1.500 personas

Pablo Iglesias durante el acto sobre plurinacionalidad celebrado en Córdoba.

Día 13 de Mayo de 2016. Una multitud grita “sí se puede” con el puño en alto mientras Pablo Iglesias abraza emocionado a Julio Anguita. No puede reprimir las lágrimas. “Esto es como el 77. El año 77”, le susurra al 0ído el ex dirigente de IU. Es uno de los actos de la campaña del 26-J, la repetición de las elecciones generales, y Podemos apura sus momentos de gloria. Córdoba, la ciudad del califa rojo, es un talismán, siempre desborda. Los encuentros con simpatizantes reúnen a miles de personas y el Teatro Cervantes se queda pequeño.

Noviembre de 2017. 12:30 horas, teatro Cervantes. Los periodistas esperan la llegada de Pablo Iglesias, pero el líder de Podemos entra por detrás, sin atenderles. Cuando los informadores acceden al recinto, las luces ya están apagadas, listas para la representación, así que no pueden apreciar si el público ha llenado el aforo. La organización asegura que sí, que están ocupadas las 350 butacas.

Con la performance sobre la plurinacionalidad española, en la que se mezcla flamenco, música y danza con las palabras de diputados de Podemos, Iglesias cierra las jornadas celebradas ese fin de semana en Córdoba para “volver a mirarnos”. La cita es en la Facultad de Filosofía y Letras y recibe una fría acogida. El público es escaso y de ámbito académico, profesores y estudiantes, lejano a las capas populares de la población que antes llenaban los mítines.

“La gente está cansada, es muy difícil llenar los actos”, reconocen desde el servicio de prensa, que recuerda la reiteración de elecciones para justificar la desmovilización del electorado de izquierdas. Esa desafección hace que en toda la gira apenas haya acudido el mismo número de personas que antes asistía a un solo acto de Pablo Iglesias. Logroño, apenas unas docenas de personas; Pamplona, 300 asistentes; Córdoba, 350; Badajoz, 320; Albacete, (70 personas, suspendido).

Un mes antes del inicio de la gira, una de las fundadoras del partido, Carolina Bescansa, había advertido en una reunión secreta del grupo parlamentario de esa desmovilización. A su juicio, esa desafección está relacionada con la postura de Podemos en la crisis catalana. “O empezamos a hablar de España o nos irá muy mal”. “Me gustaría que habláramos más para España y menos para los independentistas”, aseguró ante la cúpula del partido, que una semana después la castigó expulsándola de la Comisión Constitucional del Congreso.

Quizá fruto de esa advertencia, Podemos puso en marcha la gira “Conectar España: plurinacionalidad, solidaridad y fraternidad”, consistente en la variación por distintas ciudades de un acto cultural celebrado el 30 de octubre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En él se fusionan poesía, música y diferentes actuaciones para recrear la idea de una España plurinacional, aunque se centra en la cuestión folclórica. Su objetivo era acentuar el discurso de Podemos sobre una España unida, plural, fraternal y diversa tras la contaminación sufrida por la crisis catalana y las elecciones del 21-D. Podemos quería demostrar en los territorios que no sólo se preocupa de Cataluña, y que no se había olvidado de La Rioja, Extremadura o Castilla-La Mancha.

Ese objetivo se ha visto empañado también por el anuncio de un recurso ante el Tribunal Constitucional realizado el jueves por Pablo Iglesias. Tras los requerimientos de Gabriel Rufián (ERC) para que Unidos Podemos facilitara los 50 diputados necesarios para registrarlo, sus señorías se encontraron por sorpresa con la recogida de sus firmas en los escaños. Ese movimiento ha generado gran malestar en las confluencias de Unidos Podemos. En la rama catalana, En Comú Podem, porque su candidato a la Generalitat, Xavier Domènech, tenía previsto presentarlo a la prensa el lunes. En el resto, como En Marea, porque incide en el discurso filosoberanista que está desangrando a Podemos en toda España las encuestas. Ahora que hasta los independentistas encarcelados están acatando la aplicación del artículo 155 y participan en las elecciones convocadas a su amparo, cerrando así la crisis soberanista, Unidos Podemos la reabre.

La gira comenzó con mal pie. El 17 de noviembre, la diputada por Cádiz Noelia Vera sustituyó a Pablo Iglesias en Logroño, primera parada. Apenas una docena de personas la aguardaban en la sede local, según la escasa información difundida sobre el acto.

Una semana más tarde, el 24 de noviembre, Irene Montero protagonizaba el acto en la Escuela Navarra de Teatro de Pamplona, en una sala con capacidad para 300 personas. Llegó, atendió a los periodistas, arremetió contra el “bloque monárquico”, se celebró el espectáculo y se marchó. Sus declaraciones tuvieron eco en los medios locales y poco más.

De allí se trasladaría a Córdoba, corazón de la gira, en la que la oficialidad de Podemos quería situar las bases de su reforma de la Constitución, obviando el trabajo realizado durante un año por la Secretaría de Programa y Proceso Constituyente de Carolina Bescansa. En vez de fundadores del partido como ella, el protagonismo lo acaparan dirigentes de IU como el veterano Manolo Monereo o Antonio Maíllo, coordinador regional, y catedráticos como Javier Pérez Rojo, cuya trayectoria ha estado muy vinculada al PSOE andaluz.

El lema de esas jornadas  era  ‘Volver a mirarnos. Nuevos acuerdos para le España que somos’ y su conclusión es la “necesidad de abrir un proceso constituyente que suponga el inicio de una nueva etapa en la historia del país, ante un horizonte que se debate entre una reforma constitucional que puede cerrar por arriba la brecha abierta y el 15 de mayo y un cambio constituyente que profundice el mandato de cambio expresado por una mayoría social”. Con presencia destacada de público sólo el primer día, cuando acude Julio Anguita, el ciclo pasa por la ciudad con frialdad y sin titulares destacados, más allá de los ataques de Pablo Iglesias a la monarquía y su apuesta por una “espíritu republicano” que presida un proceso constituyente y un nuevo acuerdo territorial.

El plato fuerte de la gira se produce este viernes, cuando Pablo Iglesias acude a Badajoz, tierra de su abuelo Manuel, que estuvo encarcelado cinco años durante la dictadura. Con un aforo de 320 personas en el Palacio de Congresos, se disculpa con las 200 personas que dice que se han quedado fuera. Luego recuerda que el edificio se levanta sobre la antigua plaza de toros de Badajoz, concida por ser escenario de una de las mayores matanzas producidas durante la Guerra Civil Española. En un discurso muy personal, el líder de Podemos compara a PP y Ciudadanos con la Falange y recita un poema de su abuelo dedicado a un compañero de preso que sale de prisión. Termina su intervención con otra poesía en castúo (variedad extremeña del español) sobre la pérdida de una mujer.

El acto en sí es un pastiche de actuaciones folclóricas trufado por los discursos de los diputados y dirigentes de Podemos. “¿Qué es una nación? Es una comunidad imaginada que puede basarse en su historia, que puede basarse en su raza, que puede basarse en muchísimos elementos diferentes. Así ha sido a lo largo de la historia. Pero que nosotras queremos que se base en la  libre decisión de los ciudadanos y de las ciudadanas”, explicaba Irene Montero en Córdoba. “Estamos diciendo que esa España debe ser un país que reconozca que conviven naciones diferentes en ella”, asegura.

Esa indefinición sobre el proyecto de España de Podemos se volverá a visualizar este miércoles, durante el XXXIX aniversario de la Constitución. Pablo Iglesias volverá a asistir la conmemoración en el Congreso tras ausentarse el año pasado. Después de despreciar la comisión territorial constituida para reformarla y de recurrir la aplicación del artículo 155 en Cataluña, Iglesias vuelve a asistir al acto institucional de homenaje a la Constitución. Luego protagonizará un debate con Pérez Royo sobre la necesidad, precisamente, de reformarla.

Entre los vaivenes sobre la postura de Podemos respecto a la Constitución y su transmisión folclórica de la diversidad de pueblos y culturas dentro de España, el partido ignora las conclusiones de Carolina Bescansa, que dedicó el año pasado a preparar la propuesta para reformar la Carta Magna y ahora la presenta por su cuenta: “En España la gente es muy tolerante y entiende muy bien que existen nacionalidades, regiones, comunidades y países dentro de nuestro país. La cuestión es qué significa eso en términos de derechos económicos y políticos. Y eso es lo que está en el fondo de ese debate. Creo que eso es lo que hay que discutir, si la condición de nación de un territorio genera más derechos políticos y económicos o no”, expuso en Sevilla.

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