Al ex ministro y ex presidente de la Comunidad Valenciana Eduardo Zaplana –detenido este martes en Valencia acusado de delitos de blanqueo y fraude fiscal– le persigue el mito de que poco antes de estallar el escándalo Naseiro, en 1990, afirmó en una conversación telefónica intervenida eso de «estoy en política para forrarme». No fue él quien lo dijo sino otro dirigente del PP valenciano, Vicente Sanz, pero aquello ya ha quedado inherentemente unido a su persona quizá porque siempre fue visto bajo sospecha, incluso por sus propios compañeros de partido.

Lo cierto es que a Zaplana intentaron vincularle a todo tipo de actuaciones ilícitas desde su etapa de alcalde Benidorm (Alicante), adonde llegó gracias a la moción de censura que facilitó una tránsfuga socialista, pero nunca se le pudo demostrar nada. Por el camino quedaron otros, como su sucesor en el gobierno de la Generalitat, Francisco Camps, a pesar de resultar exonerado en el caso de los trajes; la fallecida Rita Barberá, que fue invitada a dejar su escaño en el Senado o dejar el partido, además de una larguísima lista de miembros del PP valenciano, llámense Carlos Fabra, Alonso Rus, Luis Díaz Alperi, Sonia Castedo o Consuelo Ciscar. La lista es tan extensa que  agotarla se antoja trabajo imposible.

Pero Zaplana se fue sin una mancha judicial. Hasta hoy. Lleva nueve años fuera de la política desde que dejó de ser portavoz parlamentario del Grupo Popular tras las elecciones generales de 2008. Nunca fue persona de la confianza de Mariano Rajoy aunque éste le asumió como portavoz igual que se quedó con Ángel Acebes como secretario general del PP, hasta que en el congreso popular de Valencia decidió hacer «su» equipo y sustituirlos por Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, respectivamente.

Tras su paso por el club siglo XXI y superar una grave enfermedad poco se sabía del cartagenero. Su aparición en una conversación telefónica intervenida por el juez en la que habla con el ahora encarcelado Ignacio González, dentro de la investigación de la «operación Lezo«, sobre supuestos negocios turbios en paraísos fiscales han alterado su cómodo y plácido descanso, aunque nunca dejara de intentar influir en la política valenciana, región acosada por la corrupción y por las luchas fratricidas entre las familias políticas de la región.