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Fotograma de Pedro Sánchez en el programa 'Moros y Cristianos' a los 25 años. E.I.

Política

Sarajevo 1998: cuando Sánchez conoció el drama de los refugiados

Salieron de allí desbordados por el agradecimiento y la hospitalidad recibida; una amabilidad que resultaba más impresionante entre las cicatrices de guerra en forma de agujeros de bala y de obuses que aún mantenía el bloque de apartamentos del centro de Sarajevo en el que se hospedaba Pedro Sánchez. Quesos, frutas, verduras… el vecino del entonces joven diplomático español quiso agasajarlos con todo lo que tenía en su nevera a pesar de que sólo era la hora del desayuno. Cuando descubrió la nacionalidad de Sánchez le invitó a casa y le ofreció sus mejores viandas para intentar corresponder lo que España había hecho por él cuando lo acogió como refugiado durante la guerra de la antigua Yugoslavia.

Al final de la contienda, el refugiado, de unos 50 años, volvió a un país destrozado en vías de reconstrucción. Casualmente conoció en su bloque a un joven de 26 años que era ayudante de Carlos Westendorp en el Alto Comisionado de la ONU en Bosnia. “Sería el año 1998 ó 1999, teníamos unos 26 ó 27 años”, rememora el senador socialista Óscar López, amigo de juventud de Sánchez, con el que compartió aventuras políticas y personales cuando ambos coincidieron en Bruselas en 1997. López recuerda la anécdota a cuenta de la primera decisión política de Pedro Sánchez tras llegar a la Moncloa: el rescate de los migrantes del Aquarius.

“Ese hombre nos dio todo lo que tenía y más. Demostraba un cariño enorme y una admiración hacia España que recuerdo ahora con la crisis de los refugiados. Ésa es la marca España y el orgullo de ser español. El administrador de Bosnia tras la guerra fue Carlos Westendorp y Pedro era su mano derecha. Estuve en Bosnia con él y vi como lo querían y respetaban los bosnios. Adquirió una experiencia buenísima”, recuerda el senador socialista.

¿Esa experiencia ha podido influir en la controvertida decisión de acoger a los rescatados por el Aquarius, que ha reavivado el debate sobre migraciones en Europa? “No lo sé, pero Pedro lo ha vivido en primera persona. Ha vivido ese orgullo en Bosnia durante una etapa tan dura como la reconstrucción de un país después de una guerra civil”, señala. Sin duda una experiencia que deja marca.

Licenciado en Ciencias Políticas, con estudios en Derecho y en Economía Internacional, Óscar Lopez fue asesor del grupo parlamentario Socialista en el Parlamento Europeo entre 1997 y 2000, donde conoció a otro joven socialista, hoy presidente del Gobierno. Desde entonces unieron sus destinos políticos y trabajaron juntos hasta que las primarias del PSOE de hace un año les separó por completo.

Tras haber sido uno de sus asesores más cercanos en Ferraz, Óscar López apostó por Patxi López y perdió. Tras abandonar la portavocía socialista en el Senado ha publicado un libro en el que reflexiona sobre los vertiginosos cambios en la política española durante la última década, ‘Del 15-M al Procés’. Aunque le cansa e intenta esquivarlo como puede, resulta inevitable no preguntar por el flamante presidente del Gobierno a una de las personas que mejor lo conoce.

¿Le sienta bien la Moncloa a Pedro Sánchez? ¿Ha visto las imágenes del presidente haciendo deporte por el recinto? “Siempre supimos que Pedro tenía un perfil muy bueno para ser presidente del Gobierno. Representa a la España moderna frente a Rajoy: ha viajado, ha trabajado fuera, habla idiomas, tiene una buena formación… Es evidente que la representa mucho mejor que Mariano Rajoy. Tengo la impresión de que Pedro tenía claro que quería ser presidente desde hace muchos años y que se ha preparado mucho, no ha sido improvisado”.

Pero, ¿cuándo comenzó esa determinación por llegar a la Moncloa? ¿En 2014, cuando se convierte en secretario general del PSOE por primera vez? “Hace cuatro años ya, en 2014 él dejó bien clara su intención. Nunca he creído esa teoría de que tenía un acuerdo con Susana Díaz para que él no fuera el candidato entonces”, asegura, preguntado por ese primer punto de fricción entre la baronesa andaluza y el líder socialista que desembocó dos años después en el enfrentamiento de ambos durante el Comité Federal del 1 de octubre de 2016 y la dimisión de Sánchez como secretario general y como diputado.

López estaba en el puesto de mando del PSOE cuando Sánchez sufrió, en febrero de 2016, la primera investidura fallida de la democracia. “En el libro reflexiono mucho sobre el sistema fallido de investidura que mantenemos. ¿Por qué no fue posible una investidura y sí una censura? En primer lugar es evidente que estaba la sentencia del caso Gürtel. Sin ella no hubiese sido posible, pero parece que es más fácil en España que salga adelante una moción, donde no se negocia un programa de Gobierno, que una investidura. Creo que en España hay que modificar el artículo 94 de la Constitución que regula las investiduras porque está pensado para un sistema bipartidista. En una España de cuatro partidos corremos el riesgo de italianizarnos”, advierte.

¿Influyó también en el éxito de la moción la experiencia fallida de la investidura y la abstención del PSOE para hacer presidente a Rajoy? “Siempre sin borrar la sentencia de Gürtel hay dos elementos clave: Podemos cometió un error garrafal al votar en contra de la investidura de Pedro y quería borrar esa mancha. Por su parte, el PSOE tuvo una crisis interna muy grave de la que salieron reforzados los que defendieron el no a Rajoy”.

En ese sentido, López reconoce la audacia de su antiguo amigo y su capacidad para leer el momento político. “Dicho esto, quiero recordar que el PSOE lleva muchos años pidiendo la dimisión Rajoy. Cuando salieron los papeles de Bárcenas, el PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba pidió la dimisión del presidente del Gobierno y amenazó con presentar una moción de censura si Rajoy no comparecía en las Cortes. Al final lo hizo en agosto de 2013 en el Senado. Entonces no había sentencia de Gürtel, ahora la había y era evidente que había que presentarla. El PSOE venía de eso, era de cajón”, explica.

El senador socialista realiza una necesaria reflexión sobre los vertiginosos cambios políticos que se han producido en España en la última década y la reiteración en las crónicas periodísticas de hechos que “por primera vez” ocurrían como la declaración de independencia de Cataluña, la aplicación del artículo 155, la investidura fallida y la censura exitosa…

“El sistema entero clásico bipartidista europeo que había crecido en la segunda mitad del siglo XX  con el estado del bienestar entra en crisis a partir de 2008 por la crisis financiera y la aparición de las redes sociales, que casualmente se produce en los mismos años. La coincidencia de ambas cosas ha provocado un terremoto político”, explica López, con ejemplos de los efectos en la política del uso de las nuevas tecnologías. En ese sentido, se pregunta si la Transición hubiera sido posible con la presión de las redes sociales cada vez que un dirigente político hacía una renuncia para alcanzar un acuerdo.

El impacto de nuevas formas de comunicación como Twitter o Facebook marcan la política actual hasta el punto de que el presidente de EE.UU, Donald Trump, alcanza un acuerdo en la crumbre del G7 que minutos después rompe desde su avión presidencial a través de un simple tweet. Los movimientos sociales también aumentan su presión a los Gobiernos a través de la red como se demuestra desde el 15-M  hasta la ola feminista del Me Too.

Precisamente el movimiento de los indignados en España rompió a la izquierda política con el nacimiento de Podemos. En su libro, López relata que ha sido el proceso independentista catalán el que ha tenido el mismo efecto en la derecha, con el auge de Ciudadanos.”El gran momento histórico de España fue el intento de sorpasso, el Cabo de Hornos de Podemos”, explica, y da detalles sobre las razones que hicieron que el PSOE aguantara. “Gracias a eso, el sistema español ha quebrado el bipartidismo pero sin llegar a los extremos de Francia o Grecia”, destaca.

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