Política

Madrid, para Casado; ayuntamiento, para Rivera: sectores del PP apuntan a un pacto con Cs para repartirse poder territorial

La idea principal es que, a diferencia de 2015, ahora "existen más posibilidades de gobernar en más ayuntamientos y comunidades", dicen en Génova

Pablo Casado y Albert Rivera en una imagen de archivo

Pablo Casado y Albert Rivera en una imagen de archivo EFE

«Lo que tenemos que hacer es seguir el modelo del PSOE y Podemos», esto es, «repartirnos con Ciudadanos los gobiernos de aquellos ayuntamientos y comunidades en los que sumemos mayoría», apunta una dirigente del PP en la que comienza a ser una idea bastante extendida en el partido de la calle Génova. Las elecciones locales y autonómicas de mayo del año que viene son una pieza clave a la hora de configurar el mapa político del país. Y por mucho que el presidente del CIS, José Félix Tezanos, tiña de rojo todas las provincias de España a excepción de Ávila, de las vascas y de las catalanas, los populares están convencidos de que queda mucho partido que jugar, solos o en compañías de otros.

La idea principal es que, a diferencia de 2015, ahora «existen más posibilidades de gobernar en más ayuntamientos y comunidades» a través de pactos con el partido de Albert Rivera. Y para que ambas formaciones salgan satisfechas de esta colaboración se debe proceder a un reparto de poder territorial o, lo que de manera muy gráfica explica otro dirigente popular: «La Comunidad de Madrid para nosotros, y el Ayuntamiento para Begoña Villacís», la candidata de Albert Rivera. Porque si hay una cosa que creen tener al alcance de la mano es la de arrebatar el bastón de mando de la capital de España a Manuela Carmena, por mucho que la actual alcaldesa mantenga casi incólumes sus apoyos entre los madrileños.

«Sin sorpasso» en Andalucía

Pero Madrid no es más que un ejemplo de las grandes ciudades de España donde el PP ganó las elecciones pero perdió de forma abrumadora los gobiernos.  Los datos que manejan en el cuartel general de los populares les permiten augurar que «no nos va a ir mal», aunque antes tengan que pasar la reválida de las elecciones andaluzas, donde mucho deben cambiar las cosas para que la socialista Susana Díaz se vea descabalgada del poder.

En cambio, creen exorcizado el riesgo de un sorpasso por parte de Ciudadanos en Andalucía e insisten en la idea de que dos tercios de los andaluces «están gobernados por el PP en los ayuntamientos» en un territorio donde las siglas populares han sido las más votadas en las generales de 2015 y 2016.

El PP necesita recuperar poder territorial tras la debacle de 2015 por los pactos postelectorales

Recuperar poder territorial, aunque sea a través de un reparto de cuotas con Ciudadanos, ayuda a consolidar el suelo electoral, del que auparse para unas posteriores generales. Sin embargo, la sucesión de acontecimientos en torno a la actuación de los ministros Dolores Delgado y Pedro Duque, unido a las dimisiones de Máxim Huerta y Carmen Montón hacen complicado aventurar los planes de Pedro Sánchez respecto a la duración de la actual legislatura.

Por lo pronto, el presidente del Ejecutivo ha decidido taponar la sangría de las dimisiones a pesar del desgaste de material súbito en buena parte de su Consejo de Ministros y aunque ha amagado a los independentistas con elecciones si mantienen su presión, Génova opina que intentará aguantar.

La nueva dirección popular cree que el liderazgo de Pablo Casado servirá para recuperar fidelidad de voto, por mucho que el CIS sitúe al PSOE a diez puntos de ventaja. Además, la decisión de la Sala de lo penal del Tribunal Supremo rechazando su imputación por supuestas irregularidades en el máster que realizó en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) , les quita un peso de encima, una sombra de sospecha que les lastraba y que les impedía, aunque lo nieguen, desarrollar su estrategia de oposición.

«Con Ciudadanos no se mete y a Podemos, la ignora», dicen en Génova de Casado

En todo caso, Casado no tiene ninguna gana de entrar en confrontación directa con Ciudadanos. «Con CS no se mete y a Podemos le ignora», explica una persona de su entorno. De hecho, siempre fue el dirigente del PP más respetuoso con la formación de Albert Rivera, aunque ello no impedirá que algunos de sus lugartenientes asuman la tarea de enfrentarse a los naranjas lo suficiente como para marcar territorio propio sin que impida la colaboración posterior. Algo similar a lo que pretenden hacer con Enmanuel Valls en Barcelona. A la decisión, firme, de ir con candidato propio bajo las siglas del PP, Casado pondrá sus concejales a disposición del ex primer ministro francés.

Diseño global de colaboración

Pero lo que defiende un amplio sector del PP no es tanto ir pactando con Ciudadanos comunidad a comunidad o ayuntamiento a ayuntamiento sino hacer un diseño global de colaboración, incluso de gobiernos de coalición, donde Ciudadanos pueda acceder a presidencias autonómicas o al bastón de mando municipal sin ser necesariamente la fuerza política más votada de las dos.

Y es que a diferencia de los acuerdos de investidura con el PP que Rivera fue alcanzando en Comunidades como Andalucía, con el PSOE, y Madrid, Murcia, Castilla y León o La Rioja, con los populares, a los naranjas comienza a apetecerles «tocar poder», integrarse en la gestión. Muy lejos queda ya el «no» que le dio a Mariano Rajoy cuando éste le ofreció un gobierno de coalición tras las elecciones de 21 de junio de 2016.

El actual líder del PP siempre ha mantenido muy buena interlocución con Rivera, a diferencia de Rajoy

Cabe resaltar la buena interlocución que Casado y Rivera han tenido siempre. A diferencia de Mariano Rajoy, que orilló al presidente de Ciudadanos a pesar de ser su «socio preferente» en el Ejecutivo y se pasó meses sin comunicar con él tras las elecciones catalanas del 21-D, su coincidencia generacional les aproxima mucho más.

Los sectores partidarios de ese reparto de poder territorial asumen la dificultad de volver a las mayorías absolutas, independientemente de que tanto el deseo de Casado como de Sánchez es reforzar el tan denostado bipartidismo. La deferencia que el primero tuvo con el segundo al cederle la sala del Gobierno para la rueda de prensa posterior a su reunión del pasado 2 de agosto es un buen ejemplo de ello. Pero mientras tanto populares y naranjas parecen condenados a intentar entenderse para cambiar el color del mapa rojo de Tezanos.

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