El ex primer ministro de Francia, Manuel Valls, se convirtió en la noche del domingo en una de las estrellas de la entrega de los premios Nadal y Josep Pla en Barcelona. Tras la alusión de Marc Artigau, ganador de este segundo galardón, a los «presos políticos», se encaró con el ex presidente de la Generalitat, Artur Mas, sentado en una mesa cercana, para decirle en voz alta: «Mas, tú tienes la culpa», al tiempo que llamaba «pesados» a los que insisten, sea cual sea el evento al que asistan, en la cantinela independentista.

Valls está en campaña y ha utilizado de forma igualmente sonora el posible apoyo de Vox al gobierno de coalición entre el PP y Ciudadanos en Andalucía para criticar sin piedad a la «extrema derecha populista». Entre los sectores de centro izquierda de Barcelona ese mensaje rotundo anti-Vox ha sido muy bien recibido. Aunque esa postura intransigente pueda hacerle daño a Ciudadanos en su negociación de cara a la formación del gobierno andaluz, Valls tiene agenda propia y sabe que la única forma de ganar la alcaldía de la ciudad condal es que le voten no sólo los que apoyan a Cs, sino los que en su día votaron al PSC y ahora no saben a quién votar.

Una de las personas que mejor le conocen y que apoya su candidatura afirma: «Valls proviene del Partido Socialista de Francia y ha mantenido duros enfrentamiento tanto con con Marine Le Pen como con su padre, Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional. Cuando vio la felicitación de Marine Le Pen a Vox por su resultado en Andalucía se indignó al ver que el partido que le apoya, Ciudadanos, podría sentarse en la misma mesa que Santiago Abascal«.

Las duras críticas del ex primer ministro francés al partido de Abascal le han granjeado las simpatías del votante de centro izquierda de Barcelona

El mensaje anti populista de Valls encaja a la perfección con el ideario de los fundadores de Ciudadanos en Cataluña (caso de Francesc de Carreras). Lo que también demuestra que en la formación que dirige Albert Rivera conviven dos sensibilidades: una catalana, más de centro izquierda y socialdemócrata; y otra, madrileña, más de centro derecha y liberal.

El ex primer ministro de Francia, de todas formas, juega sus bazas al margen de lo que decida Ciudadanos. «Es un verso suelto, un político con mucha experiencia, muy hábil y, hasta cierto punto, indomable», asegura un ex dirigente de Sociedad Civil Catalana que mantiene una estrecha relación con él.

La agresividad de Valls con Vox no sólo revela una intolerancia cero con el populismo, sino que pone de relieve una posición política propia, no necesariamente sujeta a los principios de Ciudadanos. Valls no decidió meterse en la aventura de intentar arrebatar la alcaldía de Barcelona a Ada Colau y a los independentistas como un simple ariete de Ciudadanos. El hombre que le convenció para dedicarse a la política en Cataluña no fue Rivera, sino el ex presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane. En principio, la idea era que el ex primer ministro francés encabezara una candidatura de consenso en la que entrarían el PSC, el PP y Ciudadanos, pero Rivera filtró que iba a ser candidato de su formación y eso estuvo a punto de arruinar la operación, ya que tanto los socialistas como los populares se desengancharon de la misma e incluso le recriminaron una cierta «infidelidad». Al final, la sangre no llegó al río. «Entre otras cosas -dice una de las fuentes consultadas- porque la relación personal de Valls, Rivera y Arrimadas es muy buena».

Haga lo que haga Ciudadanos en Andalucía, el riesgo de ruptura de Valls con el partido naranja es mínimo. Él ya ha hecho lo que tenía que hacer: dejar claro que pone en el mismo plano a los populistas de derecha y a los populistas independentistas. Las posibilidades de ganar Barcelona han aumentado después de haber marcado distancias con Vox y ante la perspectiva de que el independentismo presente cuatro candidaturas diferentes para la alcaldía de Barcelona en unas elecciones que pueden marcar el futuro para Cataluña.

«Una vez que ha dejado clara su posición, Valls se va a dedicar a poner en su sitio a los independentistas y, sobre todo, a confrontar su candidatura directamente con la de Colau. Su mensaje se va a centrar en Barcelona y Europa y no le va a dedicar mucho tiempo a Vox a partir de ahora», dice una de las fuentes consultadas.

Lo demostró el día de Reyes por la noche en el Hotel Palace de Barcelona. Valls se siente a gusto con su papel de provocador, sabedor de que, en sólo unas semanas, ha logrado una presencia mediática que antes no tenía en Barcelona. Aunque sea una paradoja, eso se lo debe, en gran medida, al irresistible ascenso de Vox.