// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos El líder de Vox, Santiago Abascal

El líder de Vox, Santiago Abascal EP

Política

Vox, el nuevo Podemos

De la noche a la mañana y contra todo pronóstico. Vox se hizo con 12 diputados en el Parlamento de Andalucía el 2 de diciembre de la misma forma en que Podemos consiguió 5 en las europeas de mayo de 2014. La irrupción del partido de Santiago Abascal ha sido la sorpresa del curso político, como lo fue el de Pablo Iglesias hace casi cinco años. Desde extremos opuestos del tablero, el fenómeno en ambos casos ha transitado caminos paralelos. La política espectáculo, la polémica para captar todos los focos, los medios de comunicación como grandes catalizadores y las redes sociales como principal vector. Estos son los principales ingredientes de una receta que ha provocado los mayores vuelcos de la última década en la escena política.

Si Podemos nació en las tertulias, Vox ha conseguido captar la atención social a raíz de las andaluzas. Su programa rupturista, como el de Iglesias en su día, incluye medidas que hasta ahora no se habían planteado por ningún otro partido y que consiguen diferenciarle del resto de organizaciones. Los morados saltaron a primera plana cargando contra el bipartidismo, contra la reforma del artículo 135 y pidiendo un nuevo proceso constituyente ante el “régimen del 78”. Vox lo hace ahora poniendo en duda elementos que hasta ahora se daban por sentados: replanteando el Estado autonómico y cuestionando las políticas contra la violencia de género que habían sido aceptadas por todos los partidos del arco parlamentario.

Tanto uno como otro han sido capaces de marcar los debates de la agenda política. Iglesias en 2014 y Abascal estas semanas han obligado a sus adversarios políticos a posicionarse sobre estos temas y ser el centro de todos los debates, lo que supone en sí mismo todo un éxito que consigue aumentar su protagonismo político. “Es un error pasarse el día respondiendo a Vox y sus provocaciones”, resumía Joan Coscubiela, el que fuera portavoz del grupo parlamentario morado en Cataluña, que advertía de la importancia de imponer el relato propio. “Necesitamos cambiar de escenario y centrar debate en aumento de pobreza, desigualdad de género, sostenibilidad social, pensiones”, defendía el dirigente.

El propio Abascal reconocía este viernes haber cumplido uno de sus objetivos durante las negociaciones con el PP para un Gobierno de cambio en Andalucía: “Hemos conseguido transmitir cuál era nuestro mensaje”, “poner encima de la mesa, llevar a las tertulias y todos los salones las propuestas de Vox”, se felicitaba en Espejo Público. “El día que concurramos a las próximas elecciones ya tenemos gran parte del trabajo hecho”, admitía el líder del partido. Una formación a la que, al igual que a Vox, el ruido mediático le dio un empujón en campaña y suplió en sus inicios la falta de recursos económicos.

El fenómeno de ambos partidos también se ha dejado notar en su impacto mediático. Tras las europeas de mayo de 2014 Podemos y su líder, Pablo Iglesias, coparon portadas y suscitaron un enorme interés en la sociedad, ávida de información sobre ese nuevo espacio que se abría paso en la escena política. El caso de Vox despierta ciertas similitudes. Desde las andaluzas del 2 de diciembre, el partido ha estado en el centro de la mayoría de espacios televisivos y se ha convertido en la organización más buscada del país, según se puede analizar en los datos de Google Trends, donde se analizan las tendencias online. El ‘pico’ de búsquedas que se hicieron a Vox en diciembre es sólo equiparable al que consiguió Podemos en las europeas hace cuatro años y medio.

El 10 de diciembre, menos de una semana después de los comicios, el programa Salvados dedicó un programa a esta formación. El episodio batió su propio récord y se convirtió en el más visto de toda la temporada. Los principales dirigentes de Vox también se pasean estos días por los principales platós, con varias apariciones televisivas al día. El pasado miércoles 9 de enero, El programa de Ana Rosa de Telecico contactó con Iván Espinosa de los Monteros, uno de los portavoces del partido, que estuvo en antena alrededor de 40 minutos. El programa lideró la audiencia de esa franja horaria, con un 21% del share. Ángels Juan, directora de producción del espacio y encargada de seleccionar a los invitados, achaca estas cifras al “interés por la novedad” y a las “propuestas rompedoras” que ha puesto sobre mesa Vox, al igual que en su día lo hizo Podemos.

Sin embargo, la periodista desvincula ambos fenómenos televisivos, al considerar que “es demasiado pronto” para valorarlo y que “hace falta más tiempo”. “Los ritmos en política van cada vez más rápido y sólo faltan cuatro meses para las autonómicas y generales”, señala en conversaciones a este medio. “Con Podemos tuvimos mucho tiempo, pasó un año y medio entre las europeas y las generales”. De momento, y a falta de comprobar si la atención se prolonga en el tiempo, Ángels Juan enmarca dentro de la normalidad este efecto y cree que ha ocurrido “como con cualquier noticia de impacto” como el caso de Laura Luelmo. En este sentido, asegura que la decisión de invitar o no a miembros del partido de Abascal se debe únicamente a una cuestión de “intuición”, y no a la seguridad de que Vox captará la atención del espectador. “Es una apuesta”, detalla.

La batalla de las redes y el ‘castigo’ a los medios

Además de los medios, Vox ha conquistado otro territorio en el que Podemos era hasta ahora hegemónico: las redes sociales. Los de Santiago Abascal se han convertido en la organización política con más seguidores en Instagram, la más juvenil de las principales plataformas. Aún queda muy lejos en Twitter, donde el partido de Iglesias tiene más de un millón de seguidores frente a los menos de 200.000 usuarios que siguen a Vox. Sin embargo, los mensajes emitidos por la formación de derechas tienen una difusión notablemente superior que a la de los morados, y sus retuits se cuenta de cientos a miles, muestra de la fidelidad de sus simpatizantes y del entusiasmo inicial con la formación. Un periodo por el que también pasó Podemos, que ha sufrido la desmovilización de los suyos en las redes sociales y cuyos tuits han caído en difusión.

Estos canales han sido utilizados tanto por Podemos como por Vox para denunciar el ataque de los “medios del sistema”. El partido de Iglesias nació con la idea de impugnar un régimen al que atribuía los medios de comunicación como un engranaje, cuestionando toda su credibilidad. Es la misma táctica que emplean los verdes estos días. “Los medios de comunicación que manipulan y mienten son enemigos del pueblo”, afirmó Abascal este mismo viernes. En un mensaje difundido a través de Twitter que fue difundido por más de 4.000 usuarios, Vox acusaba a los medios de fabricar “noticias falsas”. “La única fuente fiable de información sobre VOX son sus cuentas oficiales de redes sociales”, decía la formación.

Además de imponer su ideario en medios y redes, ambos partidos han dedicado ímprobos esfuerzos en normalizar sus propuestas y en conectar con la mayoría social. Podemos lo hizo hablando de “los poderosos” y de “la patria”, mientras Vox ha nacido reivindicando a España al albur de la crisis territorial en Cataluña y pidiendo la “protección de todos, mujeres y hombres” en casos de violencia doméstica, aunque estos términos aparentemente inclusivos obvian en cambio la supresión de la protección especial de la mujer, la principal víctima de violencia de género.

El discurso viene condimentado por la escenografía. Si la insignia de Podemos fueron las calles, con las marchas de la dignidad y abanderando el espíritu del 15M, Vox se ha centrado en los tribunales, impulsando querellas contra los principales dirigentes políticos: contra Pedro Sánchez por “falsedad documental” en su polémica tesis, contra la Generalitat y la Mesa del Parlament por admitir a trámite la Ley del Referénduz. Susana Díaz, Quim Torra o Pablo Echenique son otros nombres que han ido engrosando la lista.

Pero más allá de las causas abiertas, Abascal ha sabido capitalizar la movilización contranacionalista en Cataluña después del referéndum del 1 de octubre y el hartazgo de la corrupción en Andalucía. La escena de miembros de Vox repartiendo chorizos al socialista Manuel Chaves a las puertas de los tribunales en el juicio de los ERE captó toda la atención mediática. Podemos tampoco ha resistido a la tentación y también ha regalado imágenes tan chocantes como la de Carolina Bescansa con su bebé en la tribuna del Congreso o el desfile de camisetas reivindicativas en el Congreso de los Diputados.

Para uno y para otro, Vistalegre ha tenido un papel fundamental. En octubre de 2014, cinco meses después de su inesperado éxito electoral, Podemos inició su conversión institucional en su primer congreso en aquel auditorio madrileño. También un mes de octubre cuatro años después Vox daba la campanada con un acto multitudinario que superó en aforo incluso a la convención del partido de Iglesias. Aquello fue el pistoletazo de salida de su campaña para las andaluzas.

Vox en las andaluzas y Podemos en las generales de 2015 obtuvieron un papel determinante, con el poder de decantar un gobierno en uno y otro sentido. Con un desenlace tremendamente dispar –acuerdo con el PP para un gobierno de cambio en el primer caso y rechazo al acuerdo con el PSOE y elecciones generales en el segundo-, tanto Abascal como Iglesias tensaron la cuerda hasta los últimos momentos, utilizando esta posición privilegiada para dar difusión a sus propuestas y poniendo sobre la mesa unas altas exigencias, inaceptables en ninguno de los casos.

Podemos pidió a Pedro Sánchez la Vicepresidencia del Gobierno además de las carteras de Defensa, Igualdad, Educación o Interior. Unas propuestas que dinamitaron por completo la posibilidad de acuerdo, abocando a una repetición electoral. En el caso de Vox, pidió al PP un compromiso para devolver competencias al Estado, la devolución de los inmigrantes ilegales y la derogación de las violencias de género. Unas medidas “inaceptables” para los populares que Abascal ha tenido que rebajar estos días con el objetivo de “facilitar” un cambio de Gobierno. Vox confía en esta muestra de pragmatismo para obtener rédito en las elecciones de mayo. Ésta es una lección curiosamente aprendida de Podemos, ese partido opuesto y el espejo en el que mirarse, que en 2016
demostró que la intransigencia se castiga en las urnas. Una lección histórica que a Iglesias le costó un millón de votos.

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