Santiago Abascal llevaba tiempo lejos de los focos. Se le había visto en los toros en Valencia y en un viaje privado a Polonia, pero con la agenda libre de actos oficiales. Su única entrevista reciente, en un portal especializado, levantó la polvareda de la semana con la polémica sobre las armas de fuego y la autodefensa en el hogar. Como Pablo Iglesias, Abascal reapareció este sábado. Pero no en Madrid sino en Ciudad Real, parte de esa España rural de la que Vox depende decisivamente para consolidar su irrupción en el Congreso. Al día siguiente, Javier Ortega Smith recorre la provincia de Jaén con el mismo objetivo.

Hasta ahora, la campaña de Vox ha sido Vox. Los mensajes de Vox, las redes sociales de Vox, los rostros de siempre de Vox. La confección de las listas, que el partido ha retrasado todo lo posible, está cambiando esa dinámica. En una formación de explosión reciente, la falta de cuadros y organización territorial obliga a los fichajes, los golpes de efecto y los nombres de consulta rápida en Google. Pero Vox está marcando perfil. Abascal personalmente. Fue él quien impulsó hace semanas un cambio en los estatutos del partido para cercenar las primarias y que todas las decisiones en materia de listas acabasen dependiendo de la dirección nacional. En definitiva: que no se cuele nadie.

Y así está siendo. Todos los candidatos anunciados hasta ahora están supervisados por la dirección del partido, tienen su visto bueno y en muchos casos son elecciones personales. Y el perfil elegido es duro. Si la idea fuerza de la irrupción de Vox fue “la derecha desacomplejada”, los candidatos al Congreso de los Diputados son la traducción más fiel posible. Los candidatos tienen pasado, pero el partido lo conoce y considera que le favorece. “Aviso a los medios y partidos que andan rastreando nuestras listas y escaneando a nuestros candidatos: no encontraréis a ningún enemigo de España, ni ningún aliado de los enemigos de España”, escribía Abascal esta semana en Twitter. “Tampoco encontraréis progres, ni comunistas, ni separatistas, ni miedosos”, remataba.

En su lugar, Vox capea el temporal que provocan sus elecciones más polémicas. Véase el caso de Jorge Cutillas, vicepresidente de Vox en Madrid y que concurrirá en las elecciones generales del 28 de abril como cabeza de lista del partido en La Rioja.

Horas después de confirmarse su candidatura, El País le tildaba de “cachorro ultra” y rescataba su presunta relación -que Cutillas niega- con el ataque a un convoy de autobuses que transportaba a menores del País Vasco en excursión a Madrid. También que después fue un importante cargo de las Juntas Españolas de Integración, patrocinadas por Fuerza Nueva. Y que más tarde ha militado en partidos más o menos extremistas a la derecha del PP, como Alternativa Española o el PADE con el que acabó pactando Esperanza Aguirre. El ruido no hace temblar al partido, que se limita a presentarle en sus redes como “un empresario conocido por su especialidad en la distribución de vino”.

Fernando Paz, fichaje fugaz

Tampoco titubean ni Abascal ni Vox para defender a Fernando Paz, cabeza de lista por Albacete. Presentado por el partido como historiador, tenía perfil público por su participación habitual en las tertulias de Intereconomía, donde se han bregado numerosos cargos orgánicos del partido. Minutos más tarde ya corrían fotos suyas en actos de Falange y Alianza Nacional, acompañado de banderas preconstitucionales y proclamando que la homosexualidad o el feminismo radical conducen a las sociedades occidentales “hacia la muerte y la esterilidad”. Paz, por su parte, se defendía alegando que también ha acudido a Fort Apache invitado por Pablo Iglesias, aunque su relación con el movimiento es amplia y sus opiniones están bien documentadas.

Paz también fue objeto de polémica por su argumentación sobre el Holocausto, cuya existencia no niega, pero que atribuye en su mayoría a las “poblaciones locales” de Europa del Este y a las pésimas condiciones de hacinamiento en los campos nazis, que equipara en importancia a la utilización de métodos masivos de exterminio.

Declaraciones “lamentables e inaceptables”, según la Federación de Comunidades Judías de España, pero que no movieron un ápice la posición del partido. Fue precisamente esta polémica la que precedió al tweet publicado el martes por Santiago Abascal en defensa de sus candidatos. Entre ellos Paz, al que el presidente conocía perfectamente desde hace años. El cabeza de lista resistió 48 horas más hasta que el jueves fue engullido por la polémica y acabó renunciando a su puesto alegando “no permitir” que “en una hora tan decisiva” para España, se malgaste el tiempo en su defensa. Se fue anunciando querellas a los medios que le hubieran acusado de negacionista.

‘Propagandistas’ y ‘héroes’ militares

El ya excandidato es la única figura de Vox que ha roto la indiferencia del partido respecto al ruido en los medios. Una estrategia que es responsabilidad del que será número uno por Toledo, Manuel Mariscal. Un joven de 26 años, ex becario del Partido Popular y de la Secretaría de Estado de Comunicación que acabó como jefe de prensa de Vox tras coincidir en varios actos con Abascal. Y que no reniega en reportajes periodísticos del título de “propagandista”. Fue él quien viralizó el vídeo de Abascal a caballo en las andaluzas, quien ha levantado el imperio Vox en Instagram y quien decidió que los medios tradicionales no le servían de nada a un partido cuya herramienta de propagación debe ser WhatsApp. O Instagram, o Facebook, pero nunca Twitter, porque allí sólo hay “políticos y periodistas”, con todo lo peyorativo que eso conlleva.

Las polémicas, queda claro, se anulan unas con otras y el partido las omite o las aprovecha. Ejemplo evidente es el fichaje en cascada de generales y coroneles retirados del Ejército, que ha levantado polvareda entre sus rivales políticos y los medios de comunicación que rescatan la significación de varios de ellos. Es el caso de Alberto Asarta (Castellón) o Agustín Rosety (Cádiz), que recientemente firmaron un manifiesto que reconocía la “figura militar” de Franco y pretendía defender al dictador de los ataques generalizados al calor de su exhumación.

Lejos de amedrentarse, el partido anunció en las siguientes horas a otros dos militares en sus listas, el general Antonio Budiño en Pontevedra y un coronel de la Legión en Melilla. Vox aprovechó la circunstancia para presumir de “ejército” y viralizó a través de sus redes sociales un relato radiofónico que narra la actuación en la ciudad iraquí de Najaf del general Asarta, que le valió la Cruz del mérito con distintivo rojo por la defensa de la base española contra la insurgencia local y por la operación de rescate de unas tropas salvadoreñas aisladas.

Vox se inspira en sus generales para aplicarle filosofía militar a la defensa de sus listas: prietas las filas.