Pablo Iglesias se presenta como víctima de los poderes fácticos, pero en Podemos le advierten de que esto no es ni mucho menos suficiente. En la antesala de la campaña electoral de las generales, el caso Villarejo ha sacado a la luz el robo en 2015 del teléfono móvil de su ex asesora, cuya información podría haber sido utilizada por el ex comisario de Policía. El secretario general de Podemos ha utilizado este episodio para centrar todo su relato en lo que han bautizado como «Trama»: un complot del ‘stablishment’ contra Podemos al que achacan gran parte de sus males. En las filas del partido, ya hay algunas voces que cuestionan esta estrategia. «Hay que estar perdido para hacer una campaña electoral en torno a las escuchas y el espionaje», reprochaba un cargo público de la formación.

El líder de Podemos ha tratado de sacar rédito a esta situación en un intento por reflotar a un partido para el que todas las encuestas vaticinan la pérdida de entre la mitad y tercio de su representación parlamentaria. De este modo, toda la actividad política de Iglesias se ha centrado en las últimas semanas en decir «las verdades» que, en su opinión, otros no se atreven a pronunciar. Es por ello que propusieron hace unas semanas prohibir que los bancos financien las campañas electorales -pidiendo al resto de partidos que adopten su sistema de microcréditos, cuestionado por el Tribunal de Cuentas- y eliminar también la financiación bancaria de los medios de comunicación, sin proponer alternativas para las nuevas empresas periodísticas que necesiten un crédito para comenzar su actividad.

Hay que andar desesperado y falto de ideas para jugárselo todo a ‘nos espían porque amenazan el statu quo'»

Este lunes, se publicaba en El País que el líder de Podemos y su pareja, la portavoz parlamentaria Irene Montero, sufrieron en octubre un hackeo de las cámaras de seguridad de su chalet en Galapagar comprado el pasado mayo. Aquellos hechos fueron entonces denunciados y ahora salen a la luz seis meses después y a 20 días de las elecciones generales. Unas circunstancias que han despertado suspicacias en el partido. Hay quien cree que este hackeo podría haber sido filtrado directamente por la cúpula de Podemos para influir en la campaña.

Esta estrategia despierta ya las críticas en algunos sectores de Podemos, donde consideran que es síntoma de «desesperación». Este martes ha sido un diputado autonómico el que ha cuestionado públicamente la hoja de ruta de su partido. «Hay que estar bastante perdidos para montar una campaña electoral en torno a escuchas y espionajes», censuraba Isidro López, diputado autonómico en la Comunidad de Madrid, que adjudicaba el interés por estas tramas a «cuatro jamaos fanboys a los que les chifla la intriga política».

López es diputado de la corriente anticapitalista de Podemos, cuyos principales dirigentes cuestionaron la compra del polémico chalet de 600.000 euros por parte de los líderes del partido y cargaron contra la consulta hecha en el partido para revalidar a Iglesias tras el epiodio de la vivienda. El alcalde de Cádiz, el también anticapi José María González Kichi, presumió entonces de vivir en un «piso de currante«, unas palabras que sentaron especialmente mal a Iglesias y Montero. Ahora López vuelve a cuestionar que la cúpula de Podemos saque a colación el chalet, aunque sea para denunciar el hackeo de las cámaras. En su cuenta de Twitter, apuntaba que «la cámara de seguridad del chaleto hackeada no parece que sea un gran aglutinante».

Sobre esto, el diputado madrileño criticaba la falta de estrategia para tener que recurrir a este asunto. «Hay que andar muy a la desesperada y falto de ideas para jugárselo todo a que se produzca la deducción “les espían porque son una amenaza para el statu quo”. Por cada una de estas igual hay cuatro que lo ven como una vendetta entre élites políticas de las de toda la vida», censuraba el diputado regional.