Distanciamiento público como estrategia política. Pablo Iglesias e Irene Montero han afrontado la precampaña electoral desdoblándose en multitud de actos y evitando a toda costa la aparición conjunta de los dos líderes, que son además pareja. La imagen de ambos dirigentes compartiendo el protagonismo en actos de Podemos se remonta a junio del año pasado, antes del nacimiento de sus mellizos. Un mes antes se habían enfrentado a la polémica de su chalet en Galapagar, que devolvió a primera plana su relación sentimental. Los dirigentes salvaron la situación con una consulta dentro de Podemos donde se ligaba el aspecto personal al político. Ahora Podemos trata de romper esos vínculos ya instalados en el imaginario colectivo. A nivel interno, la estrategia va encaminada a ‘encapsular’ las responsabilidades de Iglesias ante una posible debacle electoral en las generales del 28 de abril. Una forma de salvaguardar a Irene Montero para allanar su camino a la sucesión de Podemos, según detallan fuentes del partido.

Montero no acudió con Iglesias al inicio de campaña el jueves pese a estar convocada

La campaña de Podemos para las generales del 28 de abril ha cedido todo el protagonismo a al número dos del partido, mientras que el secretario general se centra en actos de proximidad, reuniones más reducidas con colectivos sociales. Los dirigentes evitan aparecer juntos en campaña y desde hace 10 meses huyen del protagonismo compartido: el 8 de junio fue la última vez que se les fotografió presidiendo una reunión del partido, el encuentro Rumbo 2020; después, las bajas por el nacimiento de sus hijos les llevó a relevarse en el liderazgo.

Pablo Iglesias e Irene Montero el 23 de marzo, en la vuelta del líder.

Desde entonces sólo existe una excepción: el acto organizado por la vuelta de Iglesias tras su baja de paternidad el pasado 23 de marzo. En aquella ocasión huyeron de la proximidad, con intervenciones individuales y espaciadas por otras tantas; los líderes  evitaron también posar los dos en solitario: sólo hay una imagen que capta a ambos al final del acto. Durante unos segundos se alinearon todos los participantes, entre ellos los dos dirigentes, que aparecen rodeados de otros cargos.

Especialmente llamativo fue el inicio de campaña: Montero e Iglesias estaban convocados para la pegada de carteles junto a otros políticos: sin embargo, la número dos de Podemos faltó a la cita y evitó aparecer junto al líder. La formación apela a la conciliación familiar pero en el partido ha sido visto como una estrategia política absolutamente calculada.

Podemos ha difundido a la prensa un calendario con las fechas y lugares de los actos de Montero e Iglesias preelectorales sin especificar quién asistirá a cada uno de los mítines. Tras varios intentos de este medio de realizar la consulta, Podemos ha rechazado facilitar esta información de campaña. Una circunstancia que permite modificar los actos y rectificar la estrategia si es necesario.

‘Salvar’ a Irene ante una posible debacle electoral

En Podemos distintas fuentes consideran que la estrategia de la cúpula nacional busca limitar las responsabilidades de los resultados y evitar que Montero se queme ante una posible debacle electoral que pronostican las encuestas, que anticipan la caída de entre un tercio y la mitad de su representación parlamentaria.  «Quieren separarlos para evitar que Irene sufra las consecuencias del resultado, que va a ser desastroso», detalla un cargo interno de Podemos. Con esto, explican, se conseguiría salvar la imagen de la número dos y allanar su camino para Vistalegre 3, donde aspirará a suceder a Iglesias en la Secretaría General del partido.

Deberían irse los dos, porque son lo mismo», critican fuentes del partido

En marzo Irene Montero ya adelantó que la próxima líder del partido sería una mujer. Un gesto que «sentó muy mal» en algunos sectores de la formación, donde ven en la estrategia de la ejecutiva una forma de cerrar el paso a otras opciones que quieran presentarse al tercer Congreso del partido. En este sentido, otras fuentes advierten de que en caso de una debacle electoral en las generales «deberían irse los dos, porque son lo mismo». El malestar ha aumentado en las federaciones territoriales de Podemos: critican que el partido se haya «bunkerizado» en torno a Iglesias y Montero. Desde Vistalegre 2 y la purga de cualquier voz discrepante –Carolina Bescansa, los errejonistas o Ramón Espinar-, el grupo que toma decisiones en el partido es cada vez más reducido.

En este sentido, advierten de la decepción existente en Podemos tras varios meses de desgobierno en Podemos, con los dos líderes turnándose el poder durante los permisos de maternidad. «Todos confiábamos en que la vuelta de Iglesias remontaría la campaña electoral, pero sólo hemos subido dos décimas. No dos puntos, sino dos décimas», lamenta un cuadro de Podemos.

Alejar el fantasma del chalet

Otras fuentes advierten de que Iglesias y Montero tratan ahora de separar su relación sentimental de la política. «No deja de ser una pareja que controla un partido», señalan. La última vez que Iglesias y Montero aparecieron juntos fue en el Pleno del 28 de junio en el Congreso, donde se sientan al lado. Fue el último Pleno antes del nacimiento de sus hijos. En 2017 Iglesias cambió la disposición de los escaños en el Congreso de los Diputados, y el lugar que ocupaba Iñigo Errejón en primera fila pasó a ocuparlo Irene Montero. Desde entonces, la imagen de ambos líderes juntos ha sido habitual y sus comparecencias conjuntas, una constante en la vida del partido. El punto de inflexión fue la compra del chalet.

Podemos intenta romper los vínculos sentimentales ya instalados en el imaginario colectivo

Hay una imagen icónica de los dos líderes de Podemos: fue en la rueda de prensa que dieron en solitario en la sede de Podemos para dar cuenta de la polémica compra de su chalet en Galapagar y zanjar el fuerte cuestionamiento interno sufrido con una consulta a sus bases que vinculaba sus futuros políticos. «¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la secretaría general de Podemos y de la portavocía parlamentaria?», fue la pregunta. Un tercio de la militancia pidió su dimisión.

El referéndum fue visto como una forma de patrimonializar el partido, ya de por sí personalista, y algunas voces criticaron el que Iglesias y Montero pusieran los medios del partido en favor del plano personal. La pregunta no admitía votar la continuidad de uno de ellos y rechazar la de otros, sino que había que votar «en pack» a ambos dirigentes. «En ese momento, Iglesias e Irene ligaron su futuro en el partido», señalan fuentes próximas. Una dinámica que ahora intentan romper, debido al fuerte desgaste del secretario general de Podemos, que se ha convertido en el líder nacional peor valorado por los españoles, sólo superado por Santiago Abascal, sin representación parlamentaria.

En clave de comunicación política: huir del «nepotismo»

Esta estrategia también tiene una lectura en términos de comunicación política, según distintos expertos. «Tiene un doble objetivo», advierte el analista político Pablo Simón, editor de Politikon y profesor en la universidad Carlos III. El primero sería el de «cierto reparto de papeles porque consideran que ella puede ser mas eficiente en ciertos caladeros, como el femenino», advierte. El segundo objetivo sería en clave sucesoria: «Establecer una pantalla porque el liderazgo de Pablo Iglesias está quemado, pero ella puede ser un relevo aceptable».

Iglesias ligó lo personal y profesional diciendo que su paternidad le haría mejor presidente»

«Hay una noción compartida tanto dentro de Podemos como en la dirección del partido de que Pablo Iglesias ha cumplido un papel importante, pero que ya ha tocado a su fin», reseña Simón, que destaca que el secretario general de Podemos «no está bien valorado ni siquiera entre sus votantes, de acuerdo con el CIS». Unas circunstancias en las que «empiezan a estudiar el relevo de Iglesias».

El analista considera que la estrategia va orientada a que «sea Iglesias quien asuma el mal resultado de la derrota, sin descartar que presente su dimisión cuando se conozcan los resultados para abrir el proceso de relevo en el que Irene Montero es la mejor situada». Simón advierte de que «Montero tiene su propia trayectoria de activista y de política», pero esto no impide lo chocante de la situación. «No podemos ignorar el elefante en la habitación, que es el hecho de que los dos líderes son pareja», admite el politólogo. «Que el líder de un partido se lo deje a su paraje chirría un poco desde fuera. En otros contextos no importa tanto pero ahora -en campaña- no deja de ser cuestionado de cara al exterior y habrá gente que trate de atacar el nuevo liderazgo de Montero en la idea de nepotismo, de que le deja el liderazgo por ser quien es».

De puertas para afuera, advierte Pablo Simón, su vinculación personal se hizo especialmente evidente con la crisis del chalet: «Me sorprendió que salieran los dos porque parecía que asumían colegiar este asunto en una organización». «Mas allá de que en España siempre hemos tendido a asociar lo personal con lo político», destaca, «Podemos es el primer partido que hace algo político de lo personal». En este sentido, destaca que «el propio Iglesias en su retorno hablaba de la crianza de los hijos como algo que le haría ser mejor presidente. Había un ligamento claro entre lo personal y profesional», señala.

«Evitar asociar la idea de una pareja que vive en chalet»

Para Jordi Rodríguez Virgili, profesor de Comunicación Política y Sistemas Políticos Contemporáneos de la Universidad de Navarra, la estrategia se corresponde más con romper la asociación de ideas que impera. «Me parece una estrategia inteligente. No tienen necesidad de aparecer juntos, ganan espacios y evitan esa asociación de ideas, consciente o inconsciente, por la que una pareja que vive en un chalet es la que controla el partido», resume.

«Si aparecen demasiado juntos, se evidencia que lo que antes era una formación abierto tiene al final una dirección de puño cerrado, donde sus dirigentes tienen una relación personal», valora Virgili. La aparición conjunta «puede dar la idea de que el partido está patrimonializado» por los dos líderes. En este punto, destaca que «unirse durante la campaña electoral pone de relieve las incoherencias» cometidas. «Si no les ves juntos esa asociación indirecta de ideas del espectador, casi inconsciente, de que una pareja tiene todo el poder no se produce». «No quieren que eso entre en esta campaña», defiende Virgili, que apunta a otro elemento: «También podría haber una lectura positiva de que lo hacen para conciliar y estar con los niños, que es lo que han defendido en los últimos meses».

Todo lo que sea recordar que el número 1 y 2 del partido son pareja es un error»

Luis Arroyo, analista político y presidente de Asesores de Comunicación Pública, también valora positivamente la estrategia adoptada. «Me parece acertada para huir de esa idea de nepotismo». «Desde le punto de vista electoral todo lo que sea recordar que el número uno y dos del partido son pareja me parece un error. Cuanto menos refuercen esa idea mejor. Ya es suficiente verles juntos en el Congreso de los Diputados, sentados uno al lado del otro, con ahora encima la casa y los niños…», opina. Arroyo considera que el votante de Podemos puede ser especialmente vulnerable a este factor: «Me da la sensación de que al votante de Podemos esa idea de que una pareja lidere la organización le suena completamente antigua y rara en un partido nuevo como Podemos».