Política

Iglesias 'traiciona' su programa de Vistalegre 2: de confrontar con el PSOE al entreguismo

Desoye la petición de Podemos Andalucía de abrir un debate en la organización sobre qué postura adoptar en la investidura

Sánchez recibe a Iglesias en la Moncloa.

Sánchez recibe a Iglesias en la Moncloa. EFE

«Es imposible ser oposición al PP entregándole el gobierno al PP, del mismo modo que para nosotros hubiera sido imposible ser la oposición al PSOE entregándoles el gobierno; la oposición hubiera sido el PP y el turno se habría mantenido». La frase es de Pablo Iglesias y justifica su negativa a la investidura de Pedro Sánchez en 2016. Forma parte del documento político que presentó al congreso del partido de Vistalegre 2 en febrero de 2017 con el que derrotó las tesis de Íñigo Errejón de mano tendida al PSOE.

Una de las principales diferencias estratégicas entre ambos residía en la relación de Podemos con el PSOE. Errejón apostaba por una «competición virtuosa» que obligara al PSOE a adoptar posturas más progresistas de las suyas tradicionales con el objetivo de sustituirle como fuerza hegemónica del centro-izquierda. Por el contrario, Iglesias abogaba por la confrontación y el conflicto con los socialistas con el objetivo de no conformarse sólo con su electorado.

Esas tesis pablistas, vencedoras en Vistalegre, hoy quedan en papel mojado, a pesar de que deberían regir, en teoría, la estrategia del partido. El cambio táctico de la cúpula de Podemos en la moción de censura de mayo de 2018, pasando de competir con el PSOE por ser la alternativa al PP a situarse en una posición subalterna, ha tenido unas consecuencias catastróficas en términos electorales para la formación. Ha perdido millón y medio de votos, el 44% de sus escaños en el Congreso (de 71 a 42), y ha pasado de ser tercera fuerza política seguida de Vox.

A pesar de ese resultado, la cúpula de Podemos se niega a abrir un debate en el seno de la organización sobre qué postura adoptar frente a la investidura de Pedro Sánchez, como reclamó sin éxito el representante de Podemos Andalucía durante la reunión del Consejo Ciudadano Estatal el lunes. Sus peticiones fueron ignoradas y no recibieron respuesta. A cambio, la dirección del partido dio su aval a Iglesias para intentar entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez, en un giro estratégico que traiciona el espíritu de la propuesta ganadora de Vistalegre 2, que apostaba por confrontar con el PSOE frente a la apuesta por la colaboración de Íñigo Errejón.

«En la reunión con Pedro Sánchez vamos a trasladar nuestra disposición al diálogo para participar en la formación de un gobierno con una base parlamentaria amplia y estable que garantice la aplicación de un programa progresista. Lo vamos a hacer conscientes de que todos deberemos ceder, escuchar y empatizar para construir una nueva etapa de entendimiento y colaboración sin líneas rojas, sin ultimátums, sin arrogancia, con claridad y con la verdad por delante», anunció el lunes Iglesias, abriendo el temor de barones del partido a que Podemos siga transfiriendo votos al PSOE con esa postura.

Dirigentes autonómicos y locales temen que la ‘sumisión’ al PSOE les acabe pasando factura. «Pablo se disfraza de Errejón para acudir a la Moncloa pretendiendo encarnar la hipótesis  de la competencia virtuosa cuando ésta sólo puede darse en el marco electoral o en el parlamentario, no para formar Gobierno. Si no has sido capaz de convencer a la gente para que te vote porque puedes ser mejor que el PSOE o porque puedes tensar más al PSOE hacia la izquierda, tu posición se debilita. Ahora estamos en una situación subalterna porque ya no tenemos ninguna excusa para no votar la investidura de Sánchez», explica un dirigente local.

Hace dos años, para ganar la batalla interna por el control del partido, la postura de Iglesias era muy diferente: «Nuestra estrategia política pretende atraer no solo a la gente procedente del espacio político-electoral que pueda dejar el PSOE, sino también, y con la misma intensidad, a la gran cantidad de gente abstencionista que tiene sensibilidades políticas próximas a Podemos», asegura el documento político aprobado por los inscritos, que abogaba por hacer frente a la «triple alianza» contra el cambio representada por PP, Ciudadanos y PSOE.

«No podemos parecernos a los partidos viejos. Para poder defender los intereses de la gente es esencial que no se generen dentro de Podemos intereses particulares. Es lógico que en el trabajo político surjan particularidades, pero eso no debe privatizar dicho trabajo político. La desconexión entre los viejos partidos del turno y la realidad de su pueblo ha operado por esta vía. Hemos visto a representantes de esos partidos dedicar mucho tiempo a defender su escaño o su cargo, sus privilegios y su jubilación dorada, su cuota de recursos y su aparato, su baronía o su familia. Ese tiempo es tiempo robado a la defensa de las necesidades del país y es lo que ha permitido hacer de la profesionalización de la política un lugar de privilegio. Mediante este camino, los partidos acaban convirtiéndose en agencias de colocación o en lugares donde desarrollar una carrera. Y es así como acaban finalmente intervenidos y cooptados por las élites», explica el documento, denominado ‘Plan 2020. Ganar al PP. Gobernar España», recogido en la web del partido..

Hasta la moción de censura, Iglesias había deseñado la apuesta de Errejón por la colaboración con el PSOE que ahora abraza la cúpula de Podemos, que encuentra en la entrada en el Gobierno su única opción de supervivencia política. El entonces número 2 de Podemos abogaba por un acercamiento estratégico al PSOE y una labor parlamentaria que demostrara la utilidad de Podemos para convertirlo en una fuerza creíble de gobierno que siguiera aumentando el apoyo electoral de una mayoría social que no se encuentra sólo a la izquierda, sino en el centro. Justo el objetivo que ha logrado Sánchez el pasado 28 de abril.

«Abordar la relación con el PSOE de manera inteligente y laica ha sido siempre mucho más productivo para Podemos que la negación obsesiva y choque frontal», explicaba Errejón. «No es una cuestión ideológica, es una cuestión de habilidad política. La relación de Podemos con el PSOE debe ser hábil, pues no puede desconocer su importancia histórica pero tampoco tomar decisiones en base a su existencia. No puede obviarlo pero tampoco subalternizarse de forma sistemática por definirse en relación a él», defendía el secretario Político de Podemos en un documento que obtuvo el 33,7% de de los votos (51.701) frente al 56% (85.946) cosechado por Iglesias.

«A Podemos no le toca elegir entre dilemas del pasado, no tiene que decidir entre ser el PCE o ser el PSOE: Podemos nació con una hipótesis que pateaba esos dilemas, a pesar de que desde el 20-D las decisiones le hayan hecho escorarse en mayor medida hacia una de esas dos opciones. Si algo nos enseñó el 15-M es la importancia de librar la batalla contra los privilegiados en un terreno nuevo», defendía el ahora candidato a la Comunidad de Madrid para terminar con el bipartidismo.

«En el momento actual Podemos está perdiendo un tiempo precioso al no aprovechar la crisis existencial del PSOE para formar una nueva mayoría en nuestro país. Si continuamos por la misma senda resistencialista que iniciamos tras el 20-D, la restauración estará mucho más cerca. Si dejamos que el PSOE se recomponga regalándole toda iniciativa que Rajoy le permita presentar a la opinión pública como mejora de las condiciones de vida habremos fracasado», advertía Errejón, que apostaba por atacar el bipartidismo de raíz.  «Podemos necesita ser una fuerza política más abierta, no resistencialista, sino aprovechar las nuevas oportunidades del nuevo ciclo para cumplir con las tareas de convertirse en fuerza de gobierno y construir pueblo. Ahora se trata de generar una organización democrática y popular distribuida, territorializada, feminizada, compleja y capacitada para gobernar nuestro país y conducir un proceso de cambio histórico. A esto le hemos llamado pasar de la máquina de guerra electoral al movimiento popular. Hoy, por vez primera en nuestra acelerada historia, tenemos la experiencia, el tiempo y las condiciones como para plantearnos las tareas quizás no tan urgentes, pero sí imprescindibles para articular una fuerza política patriótica, democrática, más madura y útil para nuestro pueblo. En esta nueva fase toca estar a la ofensiva para ganar al PP», defendió sin éxito.

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