Ángel Garrido, el que presidiera la Comunidad de Madrid durante 11 meses, de mayo de 2018 a abril de 2019 tras la dimisión de Cristina Cifuentes abrasada por los escándalos, tiene muchas opciones de formar parte del próximo Gobierno regional madrileño. Solo que esta vez no sería consejero por el PP como lo fuera de 2015 a 2018 al cargo de la cartera de Presidencia, sino por el partido al que se largó el pasado 24 de abril, solo cuatro días antes de las elecciones generales: Ciudadanos.

Varias fuentes consultadas sitúan a Garrido en el Ejecutivo autonómico de la candidata popular Isabel Díaz Ayuso, que este miércoles seguramente será investida presidenta gracias a Vox -y a Ciudadanos lógicamente- sucediendo precisamente a su ex colega de partido. El entorno de Garrido “ni confirma ni desmiente”.

Conoceremos los nombres cuando se forme Gobierno”, dicen en Cs

Portavoces de Ciudadanos echan igualmente balones fuera. “Se tienen que respetar los tiempos. Ahora lo que toca es centrarse en la votación”, aducen. “Comenzaremos a conocer los nombres de manera instantánea a que se conforme el Gobierno”.

Díaz Ayuso y Garrido han trabajado codo con codo hasta hace escasos meses. Él era consejero de Presidencia, Justicia y Portavocía del Gobierno en la Comunidad de Madrid. Ella, viceconsejera de Presidencia y Justicia entre septiembre de 2017 y mayo de 2018, es decir, lo mismo que Garrido solo que con un rango inferior. Han compartido vivencias y despacho durante ocho meses.

Después él se encaramó a la Presidencia de manera fortuita cuando Cifuentes terminó cesando por el escándalo de la falsificación del máster de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y por el vídeo antiguo en el que aparece robando cremas de una tienda. Y mientras Garrido era tocado como presidente, Mariano Rajoy nombraba simultáneamente a Díaz Ayuso vicesecretaria de Comunicación y portavoz del PP de Madrid. Su objetivo era relanzar la maltrecha marca del otrora todopoderoso PP madrileño, en horas bajas. Estamos en mayo de 2018.

Ayuso y Garrido compartieron despacho como consejero y viceconsejera de Presidencia

Pero la moción de censura de Pedro Sánchez del 31 de mayo y 1 de junio del año pasado tras la dura sentencia de la Gürtel terminó con la carrera política de Rajoy; y Díaz Ayuso en esas circunstancias demostró tener una agenda interna de contactos muy sólida: había trabajado para Esperanza Aguirre, escalado puestos con los marianistas (Cifuentes) hasta llegar a ocupar una Viceconsejería y ahora tocaba dar el salto a la arena nacional de la mano de su íntimo amigo Pablo Casado.

Abandonó voluntariamente a Garrido y la nombraron al frente de la Secretaría de Comunicación, o lo que es lo mismo: bajo el control de Díaz Ayuso quedaba toda la política de medios; desde ahí se fogueó grabando vídeos en los que denunciaba la “dictadura feminista” o Madrid Central. El 3 de octubre escribió lo siguiente en El País:

“Desde que Podemos y Carmena, gracias al PSOE, entraron en el Ayuntamiento con sus coches oficiales y privados para prohibirnos su uso a los demás, Madrid se está convirtiendo en una ratonera donde la suciedad, la inseguridad, la vuelta de la heroína y el precio de la vivienda expulsan a los vecinos. Una capital atascada y contaminada en todos los sentidos. Quieren enfrentar al coche con el peatón y el ciclista porque ideológicamente quieren cambiar Madrid”.

Mientras Ayuso crecía con Casado, Garrido era ninguneado por la dirección

Estamos en octubre de 2018. Díaz Ayuso se las prometía felices con un líder que confiaba ciegamente en ella. Pero Ángel Garrido estaba harto de Pablo Casado y empezaba a cocinarse lentamente su marcha del PP: ese otoño el entonces presidente madrileño telefoneaba a Casado para quejarse del ninguneo, tal y como contó este medio. Enfadado, el primero confesó al presidente de su partido que se sentía condenado al “ostracismo”.

Casado, imbuido en los asuntos nacionales y feliz por echar al PSOE de la Junta de Andalucía por primera vez en democracia, empezó a tomar nota del descontento de Garrido solo a principios de 2019, cuando éste se enfrentó directamente al colectivo de taxistas en su conflicto con las VTC y simbólicamente ganó la batalla. A pesar de que no solo les separaban vínculos afectivos sino también ideológicos (uno procedente del CDS más centrista, el otro formado en Nuevas Generaciones más neocon, Garrido fue recompensado con un puesto fijo en la lista para las elecciones europeas.

Ciudadanos necesita de su experiencia en Puerta del Sol y Cibeles

La estocada de Garrido no tardó en llegar: cuatro días antes del 28A compareció junto al líder madrileño de Ciudadanos, Ignacio Aguado, anunciado como nuevo fichaje galáctico de la marca naranja. Fue aplaudido al llegar a la sede próxima a la Plaza de las Ventas. Un golpe bajo que llegó cuando más cerca estaban PP y Ciudadanos, aunque la fuga del ex presidente no rompió las relaciones.

Ahora Garrido puede ser consejero y nadie de su entorno lo niega. Suena para Transportes, con lo que controlaría uno de los ejes de la comunidad: Metro de Madrid. También para la cartera de Economía. Conoce los intríngulis del Gobierno autonómico en la Puerta del Sol, y también se sabe el funcionamiento de los resortes del Palacio de Cibeles. Su partido co-gobierna en ambas plazas y necesita de la experiencia de todo un ex presidente para avanzar en la gestión de las cosas. Para el PP es más bien el Caballo de Troya naranja.