Política

Las arremetidas de Rivera contra el PP deterioran su relación con Casado

El líder popular está "disgustado" por su respuesta destemplada a la propuesta de España Suma y sus críticas ante los casos de corrupción

logo
Las arremetidas de Rivera contra el PP deterioran su relación con Casado
Pablo Casado y Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados.

Pablo Casado y Albert Rivera, en el Congreso de los Diputados.

Resumen:

La sombra de una repetición electoral, lejos de acercar posiciones entre los que deberían ser futuros socios en caso de que les dieran los números, no hace más que agrandar las distancias entre PP y Ciudadanos. Desde Génova admiten el «disgusto personal» del líder popular, Pablo Casado, con su homólogo «naranja», Albert Rivera, por sus arremetidas contra la propuesta de «España Suma» como por sus alusiones a los diversos casos de corrupción del PP, con expresiones como las vertidas este fin de semana en una entrevista a «El Mundo» respecto a que él no está «para tapar su basura».

«Rivera se ha pasado», afirma un barón popular convencido de que si no hay alguna fórmula de cooperación preelectoral que optimice cada uno de los votos que obtenga el bloque de centro-derecha «estamos muertos» frente a la izquierda en colaboración con el PNV y los independentistas. Y ante esta oferta «Rivera está siendo muy irrespetuoso con Pablo».

De Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias, líderes de PSOE y de Unidas Podemos, respectivamente, «Pablo espera cualquier cosa», pero no así de Rivera, con el que nunca ocultó una buena relación, ahora muy deteriorada por los denonadados intentos del líder de Ciudadanos sustituir al PP como referente conservador.

En Génova arguyen que el electorado «no entiende que nos estemos pegando» sobre todo porque los comicios del pasado 28 de abril, esto es, de hace nada más ni nada menos que cuatro meses y medio «han demostrado lo que ocurre si se va por separado». El electorado popular, según las mimas fuentes del entorno de Casado, «nos pide algún tipo de convergencia», bien para el Senado o en las provincias pequeñas e incluso un pacto global bajo la denominación «España suma», remedo del acuerdo que UPN, PP y Ciudadanos alcanzaron en Navarra en las últimas legislativas. Y lo que no hagan los partidos «lo acabarán haciendo los ciudadanos» del espectro del centro-derecha, arguyen, como demuestran los sondeos de intención de voto augurando un ascenso de los populares en detrimento de Cs y Vox. «Esto va a acabar pasando, por la vía del pacto o de la absorción», vaticinan algunos en el PP.

Sin debate oficial en Génova

Si Casado y Rivera han hablado en las últimas semanas es algo en lo que no quieren entrar ni en un partido ni en otro. Más allá del último pleno de este verano donde se trató al crisis del «Open Arms», parece que no ha habido mucho más. La principal interlocución la mantienen sus respectivos secretarios generales, Teodoro García Egea y José Manuel Villegas. De hecho, ambos sí llegaron a hablar oficiosamente de ir a una fórmula de «Cataluña suma», con el PP en una posición subsidiaria, en unas próximas autonómicas tras la sentencia del Procés. También colaboran sus Grupos Parlamentarios en el Congreso, además de la interlocución normal de los gobiernos de coalición que comparten en Madrid, Castilla y León, Murcia o Andalucía.

Sin embargo, y a pesar de la insistencia del PP en este sentido, no ha habido un debate oficial en los órganos de decisión del PP respecto al modelo de confluencia favorito con el que intentar atraer tanto a Ciudadanos como a Vox. El partido de Abscal también se ha mostrado contrario al acuerdo y opta por una demostración de fuerza en un nuevo Vistalagre convocado para el próximo 6 de octubre bajo el lema «Plus ultra» («Más allá»), aunque su tono no ha sido tan «despectivo» como el que el PP atribuye a los «naranjas».

No obstante, las resistencias contra una futura confluencia no le vienen a Casado sólo de puertas para afuera. Dos de sus «barones» territoriales no dejan de mostrar bastante incomodidad al respecto. Uno es el poderoso Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta gallega, que recuerda que en su región el PP no necesita de muletas externas y así volvió a explicitarlo ante el propio Casado esta sábado en un acto en Galicia con el que arrancó el nuevo curso político.

El otro es el vasco Alfonso Alonso, al que la convergencia con Ciudadanos no le suena mal, -de hecho propuso una coalición a los naranjas en el País Vasco de cara a las generales, – pero no quiere ir con Vox ni a la esquina por entender que sus proyectos, al menos en su territorio, son antitéticos en materias como la Foralidad y el concierto económico.

Alonso tendrá ocasión de decirle a Casado lo que piensa en persona este sábado en Vitoria, donde los populares vascos celebran una convención con la que intentar relanzar sus maltrechos resultados en las últimas generales habida cuenta de que no sacaron ni un sólo escaño al Congreso ni al Senado. Alonso, que fue un destacado «sorayista», ha dado su plácet a una ponencia política que reclama un «perfil propio» en el País Vasco, posición que disfrutó durante la etapa de Mariano Rajoy.