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Trump versus Biden, la batalla por América

El presidente 'outsider' se enfrenta a la encarnación del establishment al que acusa de defender el socialismo

Imagen: Carmen Vivas

Antes de ser el 45º presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Nueva York, 1946) era conocido en América como El Donald, el presentador de The Apprentice (El Aprendiz), un reality show que viene a ser como el Operación Triunfo de los empresarios. El magnate inmobiliario era el juez implacable que elegía a los aprendices de empresarios que estarían a cargo de una de sus compañías. Lo hizo entre 2004 y 2015, cuando lanzó su carrera por la Presidencia de Estados Unidos

Antes de lograr su candidatura a la Presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata este verano de 2020, Joe Biden (Scranton, Pensilvania, 1942) lo había intentado otras dos veces, la primera hace 32 años, en 1988. Mientras Trump se metía en los hogares de los estadounidenses con un concurso de televisión, el aspirante demócrata volaba de un país a otro como vicepresidente de Barack Obama, el primer presidente afroamericano, entre 2008 y 2016. Lleva en el Senado desde los 29 años.

La vida de Joe Biden tiene dos ejes: la familia y la política. Y está marcada por dos dramas personales. Cuando juró como senador por primera vez lo hizo en el hospital donde convalecían dos de sus hijos, Beau y Hunter, después de un accidente de tráfico en el que había muerto su esposa Nelia y su hija pequeña, Naomi. Habían salido a comprar un árbol de Navidad. Cinco años más tarde rehizo su vida con Jill, profesora de inglés, con quien tuvo otra niña.

El segundo mazazo personal lo recibió en 2015, cuando murió su hijo Beau, fiscal general del estado de Delaware y veterano de la Guerra de Irak. Beau fue víctima de un tumor cerebral cuando apenas contaba 46 años.

Fue precisamente esta enfermedad, que también padeció el senador republicano John McCain, lo que forjó una de las amistades transversales más enriquecedoras en la escena política estadounidense. Joe Biden leyó el mensaje final a su amigo McCain en su funeral. Y ha sido Beau quien también le ha inclinado a decidirse por Kamala Harris, amiga del hijo de Joe Biden de sus tiempos de fiscal general de California.

Sus orígenes

Joe Biden nació en Pensilvania, uno de los estados más disputados en estas elecciones, aunque a los 10 años la familia se trasladó a Delaware, donde su padre, vendedor de coches, tenía empleo. Su padre tenía un lema que ha marcado la vida del candidato demócrata: «Levántate, levántate después de haber sido derribado». Sus orígenes humildes le acercan a votantes que veían a Hillary Clinton lejana y poco empática.

El Donald, como le empezó a llamar su primera esposa, la modelo checa Ivana Zelnik, también es un hombre de familia. Así ha quedado demostrado en la Convención Nacional Republicana, en la que han participado cuatro de sus hijos (todos los mayores de edad), su esposa, la ex modelo eslovena Melania, la novia de su primogénito, Donald Trump jr, y una de sus nueras, en un despliegue insólito en una reunión del Partido Republicano.

Como insólito ha sido que la Convención tomara como escenario la Casa Blanca para el discurso del presidente como candidato republicano y el Jardín de las Rosas para la intervención de la primera dama. Muchos republicanos han comprobado con disgusto cómo su candidato no tiene límites.

El patriarca de los Trump, el padre de Donald, ya millonario, fomentaba la competitividad entre sus hijos y les enseñó a amar el dinero por encima de todas las cosas, según cuenta Mary Trump, sobrina del presidente en Too Much and Never Enough. Su abuelo, Friedrich Trumpf, llegó a Estados Unidos desde su Baviera natal a hacer fortuna, y la hizo en el negocio de la hostelería. La madre de Donald Trump, de origen humilde, había nacido en Escocia y también emigró a Estados Unidos para buscar una vida mejor.

Donald Trump perdió a su hermano mayor, Fred jr, el padre de Mary, cuando tenía 42 años. Era alcohólico, fruto de su frustración por no satisfacer las exigencias del padre, magnate inmobiliario, que vio colmadas sus expectativas con el avispado Donald, que ha consolidado el imperio familiar.

Pero Donald Trump despreciaba a su hermano por las mismas razones que lo hacía su padre, a quien Mary Trump describe como un auténtico sociópata en su libro, traducido al español como Siempre demasiado, nunca suficiente. Cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo. Mary Trump mantiene que al presidente nunca le amaron de niño. Más unido parecía estar el presidente a su hermano Robert, fallecido recientemente.

Polos opuestos que no se atraen

Los pilares de Donald Trump son los negocios y la familia. Joe Biden también se define a través de su hogar, y salvo unos pocos años en los que trabajó como abogado el resto de su vida lo ha dedicado a la política con mayúsculas. Es uno de los senadores con más años de experiencia en Washington. Cuando sus hijos eran pequeños hacía a diario en tren el trayecto entre la capital federal y su hogar para acostarlos y levantarlos por la mañana.

Son dos candidatos antitéticos que acaban de ser nominados por sus partidos para la Presidencia. Donald Trump, que venció contra pronóstico en 2016, frente a Hillary Clinton, otra representante del establishment demócrata, aspira a la reelección cuando Estados Unidos afronta una crisis que empieza a compararse con la Gran Depresión.

Su agenda electoral se basa, según lo que hemos escuchado en la Convención Republicana, en retratar a Joe Biden como «el caballo de Troya de los socialistas», como un hombre «débil» que llevará a América al caos y al socialismo. Repite fórmula con el evangélico Mike Pence, que aporta la religiosidad que a Trump no le sobra.

Frente a Donald Trump se ha logrado colocar, contra pronóstico también, como candidato demócrata en la que era su última oportunidad de cumplir su sueño de ser presidente. Cumple 78 años en noviembre y difícilmente aspiraría a un segundo mandato. Sería el presidente de más edad en asumir el cargo.

La Convención Demócrata confirma que su gran baza es la moderación, la conciliación y su experiencia, apuntalada por una número dos, Kamala Harris, mucho más joven, 56 años en octubre, que encarna la ley (ha sido fiscal general de California).

Fortalezas de los candidatos en 2020

Si bien los sondeos actuales, tanto en porcentajes generales como por estados clave, favorecen de momento a Joe Biden, es muy pronto para que los demócratas den la batalla por ganada. Trump es un candidato muy hábil que si algo hace bien es mantener vivo de forma permanente el espíritu de contienda electoral.

Incluso en una campaña tan atípica como la que estamos viviendo en 2020, con menos mítines y unas convenciones casi totalmente virtuales. El aspirante demócrata ha despertado más interés en los telespectadores, al que vieron 24,6 millones de personas, mientras que a Trump lo siguieron en directo 23,8 millones, lejos de los 32 millones de audiencia que tuvo en la convención de hace cuatro años.

«Trump maneja muy bien los medios. Sabe provocar reacciones. Y siempre se comporta como Donald Trump. No engaña a nadie. Está convencido de que le va a funcionar de nuevo», señala José Antonio Gurpegui Palacios, investigador del Instituto Franklin-Universidad de Alcalá de Henares.

La principal fortaleza de Trump es que ha sabido construir y mantener un discurso y un electorado fiel. Se puede hablar de ‘trumpismo'», dice José María Peredo

Según José María Peredo, autor de Esto no va de Trump y catedrático de Comunicación y Política Internacional en la Universidad Europea de Madrid, «la principal fortaleza de Donald Trump es que ha sabido construir y mantener un discurso y un electorado fiel. Se puede hablar de trumpismo, lo que asociamos a cuestiones radicales, pero es difícil concebir que en EEUU hay 62 millones de radicales».

A su vez Trump contaba a su favor con los resultados económicos, con récords de desempleo nunca vistos, en torno al 3,5%, un paraíso que se ha evaporado con la pandemia del coronavirus. Estados Unidos es el país con más número de casos, casi seis millones, y más muertos, más de 182.000, si bien Trump confía en que si el país cuenta con una vacuna antes de las elecciones eso hará que se olvide su controvertida gestión.

En cuanto a Joe Biden, que lidió con una veintena de aspirantes en las primarias y caucus, para imponerse contra pronóstico, «está demostrando ser un buen candidato, cuando pocos contaban con ello. Había sido un buen senador pero había fracasado ya dos veces como candidato. Ha sabido jugar sus cartas bien. Ofrece normalidad, calma. El mensaje es claro: ‘Si me votas a mí, verás que sé lo que tengo que hacer'», afirma Ana Polo Alonso, politóloga especializada en Estados Unidos y fundadora de Courbett Magazine.

El talón de Aquiles de Joe y Donald

La principal debilidad de Joe Biden es su edad. Es tan mayor que difícilmente renovaría mandato. «En la campaña están intentando potenciar la imagen de persona sana: sale corriendo, dando un salto al escenario, intentan reflejar que está en forma», apunta Gurpegui.

Pero cualquier noticia sobre su estado de salud en los poco más de dos meses que quedan para el 3 de noviembre sería nociva para sus intereses como candidato a la Casa Blanca.

Pedro Rodríguez, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas y ex corresponsal en Washington del diario ABC, destaca de Biden el factor edad como una de sus desventajas. «Parece mucho mayor que Trump y apenas se llevan cuatro años. Además, Biden es muy bocazas. Y oponerse a Trump no es suficiente. Los demócratas han de hacer un esfuerzo y en un momento complicado porque es un momento en el que se requiera la participación del Estado, algo que es muy antiamericano».

Los dos son auténticos peligros públicos con el micro abierto, peor en esa campaña tan peculiar son más contadas las ocasiones en las que el candidato se expresa espontáneamente, si bien Trump sigue convocando mítines, en los que muchos ni guardan distancia social ni llevan mascarillas.

Trump es el peor enemigo de sí mismo, y lo ha demostrado en la gestión de la pandemia y de la crisis», apunta Pedro Rodríguez

Según Pedro Rodríguez, «Trump es el peor enemigo de sí mismo, y lo ha demostrado en la gestión de la pandemia y de la crisis. Pensaban que era un plus no saber cómo funciona el gobierno, pero ahora necesitan ese conocimiento, creían que se podía negar la ciencia y eludir a lo expertos, pero ahora son vitales. No va a cambiar el chip. No tiene cintura para hacerlo».

Símiles históricos

¿Pueden hacerse paralelismos históricos entre estos candidatos y sus predecesores? Los dos candidatos tienen elementos que nos hacen recordar a otros presidentes americanos, si bien Trump sobre todo se parece a sí mismo.

«Biden es un típico candidato a la Presidencia: tiene experiencia, edad y formación en leyes. Ha sido vicepresidente y previamente miembro de una Cámara: los presidentes llegan a serlo más desde el Senado que desde la Cámara de Representantes. Es, por tanto, un candidato tipo, que representa la política convencional, lo que en Europa llamamos ‘aparato del partido'», explica el politólogo Javier Redondo, autor de Presidentes de Estados Unidos (La Esfera).

A Biden lo veo como un Bush padre: experto en paciencia y a la sombra de un presidente carismático… Entre los demócratas sería como Carter por su intento conciliador», dice Javier Redondo

«En este sentido, se le puede comparar con cualquier candidato de avanzada edad, porque es un rasgo esencial que planea sobre la campaña y en concreto creo que es un Bush padre: a la sombra de un presidente carismático, Reagan y Obama. Bush padre era un experto en paciencia y podría decir lo mismo de Biden. También me recuerda a Ford, el eterno segundón que por circunstancias excepcionales se encuentra en el sitio oportuno, en el momento oportuno. Entre los demócratas lo veo como Carter (aunque asumió como presidente más joven) por tratar de conciliar los liderazgos demócratas en un momento de crisis de la formación», añade Redondo.

Más difícil resulta establecer comparaciones históricas en el caso de Donald Trump, un presidente outsider que llegó a la Presidencia sin experiencia previa en la política. En 2016 perdió en voto popular frente a la demócrata Hillary Clinton pero gano en votos electorales, que es lo que realmente importa. Por muy poco en muy pocos estados. Ni Trump se lo podía creer.

«Trump no es comparable a ningún otro presidente en sentido estricto. Hemos asistido al final de una era. En todo caso, por sus formas, histrionismo y bravuconería es claramente Theodore Roosevelt, quien fue boxeador, jefe de policía, vaquero, sheriff, voluntario de guerra, provocador impenitente con rasgos populistas… Salvando las distancias pues Roosevelt tenía más formación y, sobre todo, sentido de las instituciones», apunta Javier Redondo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Francisco de Vitoria.

«Como populista suelo compararlo con Jackson, que era militar y abjuraba de Washington. Los dos dicen encarnar la nobleza del pueblo. Ambos se desenvuelven -y avivan- en un ambiente hostil: las campañas políticas eran a sangre y fuego. Trump es Berlusconi. En todo caso, Trump no es Reagan, que nunca rompió las reglas de la política tradicional ni al partido republicano», dice el autor de Presidentes de Estados Unidos.

Sostiene Redondo que «Trump no solo es un presidente, sino representa un fenómeno en sí mismo, algo que ha contaminado la política, también en Europa, también en España».

¿Y qué presidente necesitaría ahora Estados Unidos cuando afronta una crisis sin precedentes? Javier Redondo cree que precisarían un Eisenhower, «un presidente de todos». A la par señala que urge que se reconstruya el Partido Republicano con un candidato convencional, un McCain o el propio Romney. Y los demócratas también tiene que mirarse bien. Kamala Harris puede ser el futuro, pero ha de quitarse rasgos identitarios y ejercer su autoridad desde su trayectoria. Estados Unidos necesita un presidente que evoque las virtudes de los padres fundadores».

Trump dice que está en juego el modo de vida americano y acusa a Biden de ser una marioneta en manos de los socialistas de su partido. Biden insiste en que en la papeleta está, no solo la democracia, sino el carácter de la nación, el alma de los americanos.

Dentro de 64 días sabremos quién jurará como 46º presidente de Estados Unidos en enero de 2021.

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