Las cartas han marcado la relación entre los dos Leopoldos, padre e hijo. Desde hace más de cinco años Leopoldo López Gil no ve a su hijo Leopoldo López Mendoza. Esta semana, el 18 de febrero se han cumplido seis años de la detención de Leopoldo hijo por el régimen chavista. Sus destinos les han distanciado físicamente pero siguen unidos por la magia de las palabras.

Leopoldo López Gil (Caracas, 1944), nacionalizado español y eurodiputado por el Partido Popular, acaba de presentar un libro, titulado Cuando se tiene un hijo (editorial Galipán) con una recopilación de artículo suyos publicados en el diario El Nacional desde 2014, unos meses después de que su hijo fuera encarcelado en Ramo Verde.

Todo empezó con una carta titulada Cuando se tiene un hijo, en homenaje al poema Andrés Eloy Blanco. El poema dice: «Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños que la calle se llena… Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro y el corazón afuera».

Leopoldo López Mendoza, el hijo, cumple ahora diez meses acogido en la embajada española en Caracas. Pudo salir de su domicilio, donde estaba confinado, al permitírselo sus custodios del Sebin.

Creía Leopoldo López Mendoza que había llegado la hora de la libertad, que los militares habían dejado de apuntalar al líder chavista, Nicolás Maduro, y junto a su discípulo en Voluntad Popular, el presidente encargado, Juan Guaidó, rozaron por segundos el sueño de la transición. No pudo ser, y López encontró cobijo en la legación española, que encabeza el embajador Jesús Silva Fernández.

En la presentación del libro de Leopoldo López Gil, la sorpresa ha sido la presencia de Leopoldo López Mendoza. A través de un mensaje de audio, el dirigente de Voluntad Popular ha lanzado un emotivo mensaje a su padre, y ha agradecido a los españoles el trato que siempre han dado a su familia. Su padre, su madre María Antonieta Mendoza, su esposa Lilian Tintori y sus tres hijos menores viven en Madrid.

A España y a todos los españoles, tengo una palabra, que repito mil veces: gracias», afirma Leopoldo López Mendoza, desde la embajada española en Caracas

«El poema Cuando se tiene un hijo hace referencia al sentido de la responsabilidad. Cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos del mundo. No lo entendí hasta que nació mi hija Manuela… En 2014 pensé si me iba de Venezuela o me entregaba ante una justicia injusta», explica en el audio Leopoldo López Mendoza. En una carta que le entregó Carlos Vecchio, actual embajador del presidente Guaidó en EEUU, a Leopoldo hijo, precisamente su padre le recordaba ese poema, precisamente los mismos versos que entonó el dirigente de Voluntad Popular poco antes de entregarse.

«Los artículos de este libro relatan la crónica que hemos tenido por la libertad… A España y a todos los españoles, tengo una palabra, que repito mil veces: gracias», dice Leopoldo López Mendoza, quien recuerda cómo en prisión le servían de aliento esas reflexiones de su padre en la prensa. Llegaban, cuando llegaban, pero siempre eran un alivio, una ventana al mundo.

«Más allá de la tragedia de Venezuela, el problema de nuestro país no es ideológico. No es un problema entre las derechas y las izquierdas. Es un problema del bien contra el mal. Quienes están del lado de la libertad, están del lado del bien. Quienes apoyan a la dictadura están del lado del mal. El pueblo español, la mayoría, nos acompaña en la lucha por la libertad», afirma López hijo.

Como despedida, deja un anuncio: «Pronto muy pronto vamos a conquistar la libertad y construir la mejor Venezuela».

Leopoldo López hijo habla sobre la relación con su padre en la presentación del libro ‘Cuando se tiene un hijo’ .

Leopoldo López Gil evoca cómo el 18 de febrero de 2014, cuando arrestan a su hijo, la vida de toda la familia sufre una metamorfosis profunda. «Es un cisma, un corte, un cambio radical, que acabó llevándonos al exilio», relata en un abarrotado club siglo XXI de Madrid. No han querido perderse la presentación, el jueves 20, el líder del PP, Pablo Casado y el editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero.

Pasados unos meses, en agosto de ese mismo año, a demanda de Otero, escribe el primer artículo de los recopilados en esta obra, dedicado a su hijo, y «a todos los detenidos y torturados por la narcodictadura«. A ellos les dice en estas páginas: «No están solos ni olvidados». Afirma López Gil que se siente en deuda con «estos incansables luchadores».

Hay acoso en la embajada española en Caracas. Espero que el gobierno de España siga protegiendo a mi hijo», dice López Gil

A Leopoldo padre le preocupa la situación de su hijo en Caracas. Sabe que el régimen chavista presiona cuanto puede para que la presencia de Leopoldo hijo en la embajada española sea cada vez más incómoda.

«Hay cortes de luz, de agua, en muchas partes de Caracas pasa también, pero hay acoso. La residencia está rodeada de agentes de paisano, y nadie se puede acercar. Las visitas están muy controladas y son contadas. Espero que el gobierno de España siga protegiendo a mi hijo», dice Leopoldo López Gil.

Las cárceles llenas

En el primer grupo de textos de su libro, bajo la rúbrica Y las cárceles volvieron a llenarse, Leopoldo López padre reflexiona sobre ese injusto castigo que sufre su hijo. En uno de los artículos recuerda las demandas de Hugo Chávez cuando fue encarcelado en 1992, que bien podrían ser las del líder de Voluntad Popular: la celebración de un juicio transparente, de cara al pueblo de Venezuela, y con garantías, sin fabricar evidencias. Hugo Chávez fue indultado dos años después por el presidente Rafael Caldera.

Entre líneas Leopoldo padre retrata a Leopoldo hijo. También se vislumbra la imagen del progenitor, a quien su padre regaló el bello poema If, de Rudyard Kipling, una guía para todo ser humano de bien.

Ese mismo ejemplar se lo entregó al joven Leopoldo y sus versos cobraron un especial significado cuando el dirigente antichavista estuvo en Ramo Verde. «Si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota/ y tratar a esos dos impostores de la misma manera…».

Manuela (la hija mayor de Leopoldo y Lilian) no siente resentimiento ante la injusticia, le duele la falta que le hace su padre. Esa falta no oscurece su alegría, cuando le imagina libre junto a ella», escribió Leopoldo padre en 2016

En otro emotivo artículo recuerda el dibujo que hizo Manuela, la hija mayor de su hijo Leopoldo, cuando él estaba en la cárcel: un hombre con barba y con la mano alzada bajo la palabra «liberta». Así sin «d».

«Manuela no siente resentimiento ante la injusticia, le duele la falta que le hace su padre. Esa falta no oscurece su alegría, cuando le imagina libre junto a ella, en esa estatua lejana de Ramo Verde, la de la libertad», escribe el ahora eurodiputado popular.

Cuando Leopoldo López Mendoza cumplió mil días en Ramo Verde, el 18 de noviembre de 2016, su padre reseña: «Han sido mil días de orgullo. La templanza de tu carácter, lo duro de tu lucha sin dar tregua, lo coherente de tu ideario y humildad ciudadana han sido y son lecciones y motivo para amalgamarnos como bloque defensor de libertad y derechos fundamentales para todos lo que hoy sufren persecución de los gerifaltes traidores de la Constitución».

Las tinieblas

A la vez que reflexionar sobre la lucha de su hijo y otros muchos que también han acabado en las cárceles chavistas, Leopoldo López ofrece su visión sobre Venezuela, un país en tinieblas, donde los ciudadanos corren riesgo de convertirse en zombis por la gran presión contra los medios independientes.

Ya en mayo de 2015 López Gil escribía sobre los «votantes desinformados, borregos electorales». Así dice: «El verdadero propósito del régimen es crear un ciudadano nuevo, un ciudadano imbécil, ignorante y creyente ciego de la propaganda del vacía del régimen. Un votante desinformado».

Desde entonces la situación en los medios de comunicación en Venezuela ha ido a peor. Muchos como El Nacional ya no se imprimen en papel. Las emisoras de radio y televisión independiente han sido clausuradas. Los informadores han de salir adelante en condiciones de gran dificultad.

Sin embargo, medios digitales como El Pitazo o Efecto Cocuyo están librando la batalla informativa con ejemplaridad. No se dejan amilanar por las presiones, y han tomado conciencia de la gran relevancia de su labor para que los ciudadanos no estén a oscuras. El nombre de Efecto Cocuyo alude a las luciérnagas, simbólicamente. Y es lo que hacen: dar luz. Estos dos medios venezolanos han recibido premios como el Ortega y Gasset 2019 (El Pitazo) o el WOLA de Derechos Humanos (Efecto Cocuyo).

Los artículos también exponen las dificultades de la oposición, las dificultades de un pueblo donde se ha sembrado el odio, la necesidad de reconstruir una patria en demolición.

En el epílogo, Leopoldo López Gil confiesa que siente pesar. «Mucho pesar al saber que son millones los jóvenes venezolanos que han abandonado nuestra patria, porque cuando se tienen hijos, se sueña con su futuro. El sueño que tuve se ha desvanecido. Es un sueño pasado sin futuro».

Pero concluye esperanzado: «Ahora tengo un nuevo sueño: que mis hijos y los hijos de mis hijos luchen para recuperar el futuro… Toca volver a recuperar el orgullo que producen los hijos cuando alcanzan sus metas, por ellos, por el país».