Detrás de una viñeta también puede haber rigor. La historia puede transmitirse a través de un cómic, de una sucesión de escenas contadas por sus protagonistas. Es una forma de hacerlo de modo sintético, dinámico y atractivo, sin el riesgo de ahuyentar a quienes nunca se asomarían a un ensayo histórico prolijo. La guerra civil española puede caber en 158 páginas de cómic y hacerlo con la precisión de un historiador, de un catedrático. Julián Casanova lo ha demostrado.
Su obra ‘España partida en dos. Breve historia de la Guerra Civil española', se publicó en 2013 como ensayo y renace ahora como cómic. Lo hace de la mano del ilustrador Carles Esquembre y de su hijo, Miguel Casanova, responsable de crear el guion casi cinematográfico que se esconde detrás del cómic publicado por Crítica.
“La era digital ha obligado a modificar el modo de enseñar y escribir la historia”, asegura Casanova. Defiende que la fórmula tradicional de los trabajos de investigación histórica debe abrirse también a otras fórmulas de comunicación y de llegar a la sociedad actual, en particular a los más jóvenes: “Un chaval que está todo el día con el móvil no va a aguantar un discurso filosófico, histórico, analítico sobre la historia y no por eso debemos despreciarles y decir que no valen para nada. Nuestra obligación es encontrar el modo de llegar hasta ellos y el cómic puede tener esa virtud”.
El cómic histórico como nueva vía de divulgación
En ‘España partida en dos’ el rigor histórico que le imprime Casanova se combina con la fuerza visual de las ilustraciones de Esquembre. Asegura que el reto de trasladar a un formato como el cómic una obra como la que firmó Casanova sobre la guerra civil era un reto complicado: “No buscábamos hacer un resumen del libro ni una traslación, un ensayo gráfico ni algo así como unos textos con ‘estampitas’. Había que plantear la historia con imágenes potentes y visualmente interesantes”.

Los autores aseguran que ya son muchos los profesores de educación secundaria que han visto en publicaciones como esta una fórmula eficaz de poder enseñar una parte de la historia que a menudo queda relegada al final del currículum: “Los profesores me preocupaban, muchos han visto en el cómic una forma de llegar de modo más sencillo para contar con rigor este periodo de la historia”, señala Casanova.
No oculta que entre sus colegas, plantear este tipo de fórmulas para transmitir la historia sigue siendo una sorpresa que no todos aceptan de buen grado: “Aún cuestan estas cosas. A los historiadores nos falta una mayor dimensión social, tenemos que salir de nuestra torre de marfil. Si nos quedamos encerrados en ella, dentro de cinco años ya no contaremos nosotros la historia, lo harán otros. Tenemos que abrirnos, sin perder rigor, pero sabiendo contar la complejidad, y en un cómic puede haber una complejidad tremenda”.
Fuerza fotográfica, estética en blanco y negro
El recorrido por la obra muestra aquella España socialmente enfrentada, en conflicto y en el que la confrontación y la oscuridad priman sobre cualquier otra estética: “Hemos buscado esa estética de fotografía, de blanco y negro. Esos tonos grises que son simbólicos de la oscuridad de aquel momento. Recurrir al blanco y negro es recordar ese periodo que fotográficamente todos hemos visto en blanco y negro”, apunta Esquembre.

El autor de la ilustración de ‘España partida en dos’ destaca la dificultad de poder trasladar el contenido histórico con una limitación de viñetas y de espacio: “Sólo disponíamos de los ‘bocadillos’ de los personajes para introducir el texto, por eso hemos tenido que recurrir mucho a las metáforas y los símbolos. Se trata de intentar plasmar la explicación que hay detrás de un conflicto como este”.
Entre los personajes que aparecen en la obra, reconoce que es Franco el que más dolores de cabeza le ha dado: “Es el que más me ha costado. Debíamos abordar un Franco joven, otro de mediana edad y otro mucho mayor, fue difícil”.
Combate contra la desinformación en las redes sociales
Casanova incide en el cambio que se está produciendo en la sociedad actual en torno a la transmisión de lo que sucedió durante la guerra civil. Recuerda que hasta hace unos años eran las familias las que tenían ese relato en casa, “ahora entra a través de TikTok”: “Antes lo contaba el abuelo, ahora lo hacen personas que en muchos casos lo hacen sin conocimiento, cuentan bulos. Son influencers que arrastran a mucha gente. Divulgan un contenido que no se basa ni en experiencia personal ni en el rigor de la historia, sino que responde a una adaptación del pasado desde su visión del presente”.

Una realidad convertida en una batalla contra las redes y en la que las plataformas tienen “todas las de ganar”, señala, si el mundo de la historia no se actualiza en su modo de comunicar y llegar a las nuevas generaciones: “Estamos en la obligación de seguir estimulando la educación en vez de promover la ignorancia”.
De la indiferencia juvenil a la memoria histórica
Casanova considera además que en el actual contexto político y social lograr mantener el rigor de la historia se ha convertido en una necesidad imperiosa. Recuerda que es la historia reciente de Europa, la del siglo XX, la que había permitido asentar valores como una democracia integradora, la necesidad de incorporar en igualdad al hombre y la mujer o la denuncia de la exclusión por razones de raza, ideología o género: “Ahora vemos que esa batalla la estamos perdiendo de nuevo. Están llegando nuevas políticas de exclusión, la ‘prioridad nacional’. La democracia avanzó mucho porque miró hacia atrás y vio holocaustos, brutalización de la política. En el siglo XXI no podemos perderlo”.

Esquembre agradece con admiración cómo fue Casanova quien, de algún modo, le sacó de la indiferencia que hacia episodios históricos como este mostraba en su juventud. Recuerda que en la prueba de selectividad fue incapaz de responder a una pregunta sobre la Guerra Givil: “Tuve una sensación de frustración pero no eludí mi culpa y responsabilidad cívica como joven de 18 años que prefería vivir al margen de algo así”. Precisamente, el modo de contar la historia, de hacerla más asequible que vio en Julián Casanova le cambió la forma de abordar cuestiones como la Guerra Civil: “Poco después descubrí que precisamente fue Julián Casanova quien hizo la pregunta del examen de selectividad que no supe responder. Eso hace este trabajo muy especial para mí”.
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