Salud

El reto añadido de las vacunas españolas: con quién ensayarlas en una pandemia en retroceso

Una investigadora en el laboratorio del CNB-CSIC.

Una investigadora en el laboratorio del CNB-CSIC. EFE

La primera vacuna española frente al Covid con sello del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) podría llegar a principios de 2022. Es el proyecto de Mariano Esteban, que ya espera autorización del regulador para iniciar los ensayos con personas. Su proyecto ya está asociado con una empresa – Biofabri – que ha producido lotes para iniciar los ensayos clínicos cuanto antes.

El de Esteban es el proyecto más avanzado de las vacunas del CSIC, que cuenta con otras dos candidatas. La e Vicente Larraga espera iniciar los ensayos clínicos después de verano y la de Luis Enjuanes prevé probarse en humanos no antes de 2022. Los tres científicos han explicado el estado de sus proyectos en un encuentro de la Fundación Alternativas en el que también han expuesto las dificultades que afrontan. Una de ellas es con quién probar sus vacunas.

«Las vacunas españolas se van a encontrar con un mercado difícil», ha reconocido el microbiólogo y experto en enfermedades infecciosas, Emilio Bouza, también participante en el debate: «En los ensayos clínicos no podrá haber un grupo placebo, tendrán que ser comparadas con otras vacunas». Y es que para este otoño, el momento en que comenzarían a probarse, en España se prevé que haya inmunidad de rebaño con más de un 70% de la población vacunada.

«Utilizar España como base para una fase 3 parece inviable, porque casi todo el mundo habrá recibido una o dos dosis de vacuna y estará protegido», ha apuntado Larraga. Para probarse a gran escala, las vacunas españolas tendrán que recurrir a otros lugares como «África, Latinoamérica o el Sudeste Asiático», ha incidido.

Bouza también ha apuntado a que «es más difícil obtener datos en un entorno en que las oportunidades de infectarse son mucho menores, por lo que es de esperar que los ensayos tengan que ser más prolongados de lo que se esperaba originalmente».

Estas dificultades añadidas de la ciencia española derivan del tiempo que se ha necesitado para avanzar en unos proyectos que, no obstante, arrancaron en enero de 2020 «en cuanto China compartió la secuencia genética del virus», como ha recordado Esteban. Desde aquel momento estos tres científicos que ya pasan la edad de jubilación han dirigido sendos proyectos en laboratorios mucho más pequeños que donde se han gestado las primeras vacunas aprobadas.

En ese contexto, los investigadores han subrayado que la fase de ensayos clínicos requiere un aumento exponencial de la financiación. Según Bouza, esto «necesita de un gran acuerdo entre Gobierno, empresas y reguladores»: «A las empresas hay que garantizarles que si se ponen a hacer un producto que por lo que sea cuando se termine de producir en millones no se las arruine. El estado tiene que garantizar una salvaguarda que puede garantizar con una limitación de los beneficios».

«En otros países como Estados Unidos han aportado miles de millones a los laboratorios para que la traslación del laboratorio a la clínica haya sido en tiempo récord», ha apuntado Esteban, «esa es la parte importante. Nos ha faltado la infraestructura». El científico cree que eso es lo que ahora «España está construyendo, con empresas tradicionalmente de veterinaria puedan hacer ahora vacunas de uso humano».

En este sentido, los científicos han defendido que su trabajo está en el laboratorio: «Creo que la misión de los laboratorios de investigación no es hacer el desarrollo de los ensayos clínicos, por supuesto deben estar presentes pero en la tarea de la fabricación y ensayos clínicos pertenecen a otro tipo de expertos, médicos de hospitales que son muy buenos y tienen experiencia en ensayos. Nuestra misión está en mejorar el producto», ha incidido Enjuanes.

Qué aportarán las dosis españolas a sociedades vacunadas

«Las vacunas que hay son buenas pero distan mucho de ser perfectas», ha planteado Enjuanes. Su proyecto es el más prometedor a nivel de eficacia – en animales induce inmunidad esterilizante, es decir, que no permite que el virus pueda afectar en el futuro. Tanto el suyo como los otros dos prometen aportar ventajas sobre las vacunas ya autorizadas.

«Las vacunas españolas van a ser tanto o más seguras que las que hay y con un amplio espectro para las variantes», ha afirmado Bouza, ya que estos proyectos están probando la protección de sus vacunas frente a estas nuevas formas del virus que van surgiendo.

El microbiólogo también ha destacado que estas vacunas pueden llegar a ofrecer una protección más duradera y reducir, además del riesgo de mortalidad y enfermedad grave, el de cortar la transmisión (como el proyecto de Enjuanes).

Además, Bouza ha destacado de las vacunas españolas la variedad de formas de administración. La de Larraga se está probando con éxito en una versión intradérmica que podría aplicarse mediante un parche y otra aérea, con un spray, al igual que la de Enjuanes. Hasta ahora, todas las autorizadas en Europa son por vía intravenosa.

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