A poco de cumplirse una semana de la implosión de las relaciones entre Javier Ortega Smith y la cúpula de Vox, la tensión no ha hecho más que incrementarse. Por las declaraciones públicas del primero, retando a la dirección, y por los silencios de la segunda mientras que a nivel orgánico se van tomando decisiones duras que alejan la capacidad de reconciliación del exdirigente y sus afines.
En un nuevo pronunciamiento este lunes, Ortega reafirmó su rechazo a acatar la decisión del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), el máximo órgano de poder del partido que coordina Santiago Abascal, Ignacio Garriga y componen cerca de una veintena de cargos, entre ellos los principales rostros parlamentarios y territoriales. Ello después de que el CEN decidiese destituirle como portavoz, él se negase a asumir la designación de su compañera la concejal Arantxa Cabello y se decidiese su suspensión de militancia cautelar el miércoles pasado ante el desacato.
En una comparecencia de prensa, de hecho, enseñó su carné de socio desde 2014, con el número 006 que dice le define como "fundador": "Era esa época en la que no teníamos cargos institucionales. Aquellos que nos critican no tienen ni por asomo idea lo duro que fue aquello. Nos dejamos el tiempo y el dinero en levantar este proyecto". Aseguró Ortega estar padeciendo "una purga peor que las de Stalin" por parte de Vox.
Ortega recurrió la semana pasada la decisión interna al Comité de Garantías y a la espera de que se pronuncie, para lo que no hay fijado un plazo, la primera respuesta de este órgano "independiente" de la dirección de Vox ha sidoextender la suspensión de afiliación a los dos escuderos de Ortega en el Ayuntamiento. Por un lado, de la portavoz adjunta Carla Toscano, la que fue diputada en el Congreso y azote contra ministras como Irene Montero, y que pasó al ostracismo por sus críticas internas sin repetir en listas en 2023. Por otro lado, Ignacio Ansaldo, quien era el primer afiliado de Vox, por delante de Abascal.
Bambú se niega a abordar abiertamente el asunto hasta que haya desenlace administrativo, guardándose la posibilidad de recurso de no reafirmarse su criterio, atribuido a lo fijado en los estatutos. Ni Garriga, en una comparecencia de prensa desde la sede, ni Abascal desde Arévalo (Ávila) en unas declaraciones de precampaña en Castilla y León, entraron en detalles del asunto pese al reto de Ortega. "No vamos a mirarnos el ombligo"; "nos importan los españoles", lanzaron ambos.
Ortega, atrincherado frente a Bambú
Las declaraciones del viernes de Ortega, abriéndose a recurrir a la justicia y "pelear" contra la decisión de Vox, han supuesto un antes y un después. Él la ve injusta, no atribuible a su desempeño municipal y sí a las desavenencias con la línea estratégica y a las críticas vertidas durante los últimos meses. Entre otros, el distanciamiento de Vox, dijo, de sus principios fundacionales. Lo cierto es que el malestar con su figura era una realidad dentro de la formación desde al menos 2020. Se ha aplazado su expulsión pero se ha ido distanciándole de responsabilidades como la de portavoz adjunto del grupo en el Congreso, de miembro del CEN o de portavoz de Justicia e Interior en la comisión parlamentaria. El rechazo en su feudo, en el Ayuntamiento, fue la gota que colmó el vaso para el partido.
Allí a priori Ortega es intocable siempre que cuente con el respaldo mayoritario de Toscano y Ansaldo. Aunque fuentes próximas al grupo municipal ven como desenlace que los tres pasen a ser no adscritos mientras que Cabello y Fernando Martínez, los otros dos integrantes, conformen Vox en solitario. Sin embargo, otras fuentes no lo ven viable. Ven a Ortega en la defensa de un Vox originario y la salida voluntaria restaría el componente visual de seguir abogando por las siglas frente a la dirección nacional. Además que pasar a ser no adscrito supone no recibir retribuciones económicas. Se prevé una convivencia fría entre las dos almas del partido. Hay una tercera alternativa descartada: que se constituya un nuevo grupo.
Ortega participará este martes en el pleno en el Palacio de Cibeles aún como portavoz de Vox reconocido por el grupo y la institución
El primer asalto se dará este martes en el pleno del Ayuntamiento, donde Ortega acudirá en calidad de portavoz. Este lunes ninguno de los concejales acudió a su rueda de prensa, nadie del Ayuntamiento ha pedido formalmente su destitución, y de hecho se comprometió a asumirlo si se posicionaban en ese sentido. Ortega no ve cismas internos en Cibeles pese a que Vox ya ha quitado la militancia a sus dos socios y no al resto.
Desde el PP y el Ayuntamiento se niegan a tomar decisiones orgánicas tras recibir los comunicados de Bambú. De hecho, el propio alcalde, el popular José Luis Martínez-Almeida, se desmarca del "lío jurídico monumental" de Vox y asegura que debe ser el propio grupo quien acuerde por consenso a su portavoz. Un movimiento que a día de hoy no es viable por la mayoría de 3-2 que mantiene a Ortega. Por ahora los concejales fieles a Vox no entrarán al choque, aunque el desenlace que se intuye es el de sea ruptura en dos en próximas fechas. Al PP, al menos por ahora y de cara a las municipales de principios de 2027 esto le beneficia.
Un choque que escale al Congreso
Ese clima de ruptura puede acabar repercutiendo en la convivencia en el Congreso sobre todo si Ortega se acaba enrocándose y no cediendo la portavocía y sigue contando con respaldo interno. Hay quien ve factible que resista dentro del grupo en el hemiciclo mientras se agrava la tensión, en un momento en el que ya está bastante solo. Pero gana peso la idea de que el motín municipal supondrá la expulsión directa del grupo próximamente. Ahí Vox, a diferencia del Ayuntamiento, sí tiene competencias de echar a Ortega. Aunque éste mantendría su acta y podría o bien quedarse en el Grupo Mixto o irse a casa y ceder el escaño en la lista por Madrid.
Desde 2024, tras la renovación de la dirección y del liderazgo de Abascal en primarias -a las que aspiró sin éxito a presentarse-, las críticas de Ortega han ido ascendiendo mientras disminuía su relación con la primera línea del partido en el hemiciclo. Apenas se relaciona con sus compañeros más allá de diputados como Tomás Fernández -su ex adjunto durante su etapa como secretario general-, Pedro Fernández o Alberto Asarta, ahora compañero de escaño tras su desplazamiento forzado al gallinero en el inicio del ciclo de sesiones. Con ellos hace vida parlamentaria entre el escaño, los despachos y las instalaciones de la Cámara Baja. Pese a esa proximidad, se descarta completamente que algún diputado haga seguidismo a Ortega.
Toscano, tras su suspensión cautelar, afirmó que la situación está avanzando hacia lo "absurdo". "Se me ha suspendido por no aceptar una situación imposible: apoyar la destitución injusta e ilegal de mi compañero". En los estatutos del partido, en todo caso, se da potestad al CEN para efectuar esos cambios.
Vox acota el asunto a Madrid
Fuentes de la dirección de Vox evitan valorar el asunto. Por ahora se acota todo al marco madrileño y esperan a que haya un escenario claro tras la intervención del Comité de Garantías. No ven incongruencia en que Ortega mantenga su escaño dentro de Vox si se decreta finalmente la suspensión de militancia definitiva, que puede extenderse hasta cuatro años según el reglamento interno por infracciones muy graves. Se pone como ejemplo que hay representantes como el eurodiputado Juan Carlos Girauta que no pertenecen a Vox. En todo caso, la dirección abordará el futuro de Ortega una vez finalicen esos trabajos de Garantías.
Más allá de expulsión del partido o del grupo en el Congreso, ante un amotinamiento en el Ayuntamiento, Vox no tiene capacidad legal de actuar y tendrá que esperar a la renovación de listas el próximo año como ocurrirá en enclaves como Baleares, donde entre 2024 y 2025 ha sucedido un cisma parecido.
Con este clima de tensión al máximo, Ortega cambió este lunes su foto de perfil en la red social X y situó una imagen que hasta ahora venía instalada solo en su encabezado. En ella sale junto a Abascal y el padre de éste, Santiago Abascal Escuza, de los inicios de Vox. Precisamente la amistad y la proximidad a su núcleo familiar -es padrino de uno de sus hijos- ha mantenido a Ortega dentro de Vox estos años.
Si Ortega acaba en el Grupo Mixto, será el séptimo diputado en refugiarse allí tras los cuatro de Podemos tras la ruptura con Sumar, José Luis Ábalos al alejarse del PSOE por el caso Koldo, y Àgueda Micó, de Compromís, por diferencias con Sumar. Ya con Ábalos fuera, compartiría hueco también con Alberto Catalá de UPN y Néstor Rego, del BNG.
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